CHICOTAZOS INOLVIDABLES

A raíz de los resultados del fútbol, escuché esa expresión “hay Chicotazos que jamás se borran y lo que hemos visto, son uno de ellos “; pensé entre mi, si es cierto, hay Chicotazos y riateras que siempre te acompañan toda la vida; como la que nos dió Don Pedro a mi y a Layo mi hermano hace poco menos de sesenta años, éramos unos niños mi hermano y yo, teníamos la costumbre de ir a la playa a esperar a mi padre que venía del duro trabajo del mar, en esa época, él trabajaba en un equipo abulonero, su buzo era Juan Duarte, el cabo de vida mí tío Tacho, se encargaba de subir la Java con abulon y que la manguera con el aire llegara sin problema al buzo y el bombero era mi papá , su función que la planta de aire estuviera funcionando y con los remos andar siguiendo el borbollón donde andaba respirando el buzo, para que no se alejara mucho y la manguera conductora de aire no se le acortara, todo un trabajo de equipo.

Nos gustaba ir a la playa aparte de que era un gusto ver a nuestro padre de regreso, había otro interés, revisar la lonchera, a ver si habían sobrado tacos paseados, generalmente todo el tiempo quedaban y nos los repartíamos yo y mi pequeño hermano, creo que mi mamá era cómplice de esto, ahora pienso que intencionalmente ponía tacos de más, para que sobraran y nosotros nos deleitáramos con los ricos tacos de tortilla de harina con frijol o machacas de res, de pescado o de langosta, para nuestra felicidad, esto era todo los días;

Pero un día cometimos un error y nos costó una chinga, la única que nos dió, nuestro padre y fue muy aleccionadora ya que entendimos para toda la vida que no debemos tomar lo que no es nuestro, y no nos traumamos, ni nos llevaron al psicólogo, ni nuestro cariño a nuestro Papá disminuyó, ni vivimos resentido;

Cuando abrimos la lonchera, pelamos los pequeños ojos de admiración, son tres de frijoles con queso, uno y medio para cada uno, — mira Layo ! le dije — allí anda un refresco es de Mission de fresa, lo agarró el Layo, ábrelo en ese clavo de la falca de la panga, y me hizo caso y acompañamos los ricos tacos con la soda, que pocas veces tomábamos y ahí vamos contentos para la casa, que estaba a la orilla del mar.

Al ratito llega mi Papá tan enfurecido — donde están los muchachos, le dijo a mi mamá, — qué pasó, preguntó, extrañada mi madre — estos cabrones le robaron una soda a Juan Duarte y Zaz que al primero que agarra fue a Layo y con un chicote le pegó en las nalgas, al oír el llanto de mi hermano y lo que decía mi padre — para que se les quite la maña de andar agarrando cosas ajenas!, yo corrí adentro de la casa y me escondí abajo de la cama, mi papá era un hombre muy fuerte y levantó la cama y en el rincón me puso una friega.

Esos Chicotazos nos han acompañado toda la vida, pero nos enseñó a ser hombres honrados; fue la única vez que nuestro padre no corrigió de esa manera.

Que bellos tiempos, bellos recuerdos!