UN HALO DE MISTERIO

De niño como muchos niños fui monaguillo…la sotana cuatro fue rojo y blanco testigo…

Mis manos hicieron de sonador de campana, recogedor de limosnas y repetidor de los solemnes rezos….y ahí le conocí ….

Nunca supe su nombre, solo supe de su figura esbelta….de los velos que cubrían su rostro y que solamente al poseer la hostia dejaba ver un momento…tenía unos ojos negros….hermosos ojos negros….

Vestía siempre de negro, nunca conocí el motivo….intuyo tenía un secreto, o una gran pena….sus muslos torneados y su busto altivo cuentan de su corta edad…quizás unos treinta….

Llegaba temprano a sentarse en la misma banca y en silencio sus rezos oraba….y al retirarse sus pasos cintilaban…su cintura breve mi mirada guiaba y su espalda blanca mil cosas…
hablaba….

A veces mi niñez la seguía algunas calles, ella se perdía entre abetos y viejos alamanes, en los caseríos y en las bocacalles…

Nunca supe su nombre ni su edad segura…solamente intuyo una gran pena en su alma había….

Un día no volvió….todo se quedó en silencio dicen se casó y colgó los velos…coincidencias puras yo colgué la túnica y entre humaredas de incienso, dije adiós, colgué la sotana y me despedí del templo.

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