LOS PIQUETES DE DOÑA LUPE

En la calle de mi barrio debiera haber un monumento a Doña Lupe, o mínimo un callejón con su nombre escrito en letras de blando zarzal y verdes lirios….

Ella conoció las nalgas de todos los plebes de nuestras calles y con su sapiencia curó los males de nuestros cuerpos pobres….

Colonia popular la nuestra era, en ella la pobreza y el olvido remaban en los diciembres y otras épocas del año….sobre todo en el frío de los inviernos cuya huella de escarcha y aguanieve quedaba sobre los tejados tristes….hasta que el astro rey las derretía…

Su casa era de adobe, ladrillos de hierba y lodo, fresca por las macetas de diversas plantas en sus corredores y por el agua que caía en cascada de los lavaderos….siempre pulcra, limpia su casa y ella….

Mujer de delantal y trenzas….de sonrisa franca, maternal….la “enfermera” del barrio y sus alrededores….yo la conocí al amanecer de día….

Después de un noche larga, fiebre y malestar fueron motivo suficiente…mi madre me cargo en sus brazos y en silencio le pidió el consejo….

Un botiquín chiquito como ataúd de aluminio, una aguja de punta larga, dos frascos— uno de polvo, otro de líquido espeso— la mezcla perfecta…el pantalón a media nalga, una torunda con aroma a alcohol, un piquete, el fruncimiento en los ojos….

Y este chaval ayer enfermo de gripe, fiebre, gracias a esos piquetes pronto cumplirá seis décadas de dulce infancia.

Gracias Doña Lupe…..dondequiera que usted camine o ande.

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