HERIBERTO

El ladrido de los perros nos recibe alegremente y el polvo se asienta tras nuestra infancia… hemos llegado, el lugar, Batequitos, el destino, la tumba casi solitaria de Heriberto.

Se zambulle en mis recuerdos mi memoria y esbozo una sonrisa al recordar los tiempos juntos…

Un pantalón sin nalgas, un cuadernito en ellas y una pluma en su mano izquierda… léame mañana!… su frase franca.

Fuimos compañeros en la escuela aquella donde los alumnos se siembran y la amistad prospera… después la vida nos llevó por terrenos sindicales… amó su tierra como le llamaba al valle… un día decidió quedarse entre las montañas, entre los rituales…

Y allá entre la catarata del canto de las aves, entre la cuerda sonriente de los campos, ahí donde la luna nace y muere… ahí decidió quedarse…
Ahí yace Heriberto, el hombre, mi amigo, el hermano siempre!