EL SARDO

Nunca me ha gustado ese término….se me hace una falta de respeto a las fuerzas armadas….pero para una historia de amor, creo es necesario usarlo….así lo conocíamos en el barrio….

Unos cuartos de renta….el rumor del cuarto número siete, música de Santanera y los boleros viejos….las rendijas de la ventana negra….y en ella…ella….

Mujer muy guapa, cantinera del bar lejano….entregada a él….al soldado y al trabajo….llegando en las madrugadas, siempre en el mismo taxi….número siete, rojo por cierto….

Y ahí estaba él, su uniforme, sus botas lustrosas y su gorra verde occidente…hacían el amor al arrullo de los agrios vientos del amanecer y luego se perdía en los callejones….

Hasta mañana…el beso furtivo y un adiós a la felicidad prestada….rumbo a su casa, su esposa y un hogar esperan….

Y así pasaron los años mozos….y una tarde, al llegar el mes de marzo, ella se fue sin despedirse ni dar las gracias….a dónde?….

Nunca supimos nadie, ni la vecina eterna que todo lo sabía….el sardo, el soldado, el amante volvió de vez en cuando….no una vez, años…..hasta que se cansó…

Ahora la soledad no niega, que ahí hubo un amor, un taxi, una rubia, un soldado y un barrio que con su manto cubrió la infidelidad de dos y la felicidad de varios.

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