EL PADRE HUMBERTO

Su figura bonachona a contraluz del templo, su listón en su gordura gruesa y su sonrisa siempre fresca….así era el padre Humberto…

O es, si es que la gracia del Señor aún lo mantiene en este suelo…

Me dió mi primer sotana—-la número cuatro bien recuerdo–y me enseñó a rezar el Ave María y el Padrenuestro…a amar los amaneceres y a despedirme siempre con respeto…

Me enseñó a diferenciar los ángeles de los arcángeles y a ver los serafines y querubines…a amar el cielo y a las nubes….y llamar a las estrellas por su nombre…

Fue mi santo, mi mártir, mi guía…. en mi niñez confusa un faro de luz para mis dudas y baúl lleno de sorpresas…todo todo sabía…

Y lo más importante, me enseño a caminar descalzo por la vida, caminar sin atarte a las cosas materiales…nada te llevas, cuando mueres, fue su canto y fue lema..

Contravino la ley de Dios un día al enseñarme el campo y sus criaturas, el monte y sus silencios…y las buenas costumbres y buenas acciones..

Esto es el paraíso, me dijo en voz callada, la paz y tranquilidad de esta vida…la alegría y felicidad, eso es el paraíso y lo debes gozar aquí y no buscarla en la otra vida, cuando Dios te llame al morirte un día.

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