EL NIÑO DE LAS HORMIGAS

Quizás esta historia debiera llamarse las aventuras del pinche güero o la vida le está jugando chueco al morro….o tal vez lo que no mata, fortalece….vayamos directo al grano…

Este niño en algún espacio de su corta vida es mi pariente…sobrino, ahijado, amigo, es hijo de un compadre y en sus genes lleva lo inquieto y acelerado….

Hiperkénetico como yo, dicen los que mucho saben….

Un sábado cualquiera y a corretear a las nubes, vamos rumbo al sur él, nosotros y su familia….primera parada a una hora de distancia y el decide dormirse…nosotros a ver el monte, unos burritos y un caminar entre abrojos…el güero se quedó en el carro, vidrios bajos, un año de edad —-que no chingue—y ya se siente cansado…un par de horas ha de ver llorado, nosotros en el mitote casi ni lo oímos, es más, ni nos enteramos….

Llegamos a las carreras como a las dos de la tarde….yeguas contra caballos…un pinche calorón y el pinche güero callado..

Deshidratación y dolores de cabeza reflejan sus cachetes a manzana colorada, una mirada vahida, no deja estar a gusto….pura apuesta perdida…

Pasan lentas las horas, el sol muere, las lluvias no llegan y en las carreras se pierde….ha sido un día largo, ¿ habrá válido la pena ?…

Lo peor ha pasado supone el niño al acostarse…

Relax puro y blanco….a dormir la buena vida….a soñar con la mamila, en pañales, aires frescos artificiales y sin sábanas ni cobijas….

Todo huele para el güero una noche a toda madre…si no fuera porque lo acostaron sobre un tapete de añejas, inquietas rojas hormigas.

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