PEÑA NIETO ANTE UNA OPORTUNIDAD DE ORO

El presidente ha alcanzado los niveles más bajos de popularidad que un presidente en nuestro país haya podido tener desde que se mide esta variable, sólo el 12 por ciento de la muestra realizada por un importante diario nacional dice aprobar su gestión. La gota que derramó el vaso de la impopularidad parece haber sido el aumento de las gasolinas sin embargo ya en este espacio señalamos en diciembre “…Quien gane las próximas elecciones (de 2018) tendrá ante sí un reto inédito, aplacar la tormenta de inicio del siglo XXI que ya está en marcha. La gran crisis que esperábamos ya está presente”. (¿Es posible una nueva gran crisis? (parte 3)). Además de las causas internas ya de por sí poderosas: baja de la producción petrolera, corrupción de gobernadores con fuerte vínculo con Peña, violencia del crimen organizado y de grupos sociales aparentemente “autónomos”, inconformidad del ejército con las labores de policía que se ha visto obligado a realizar sin marco normativo y descrédito de la clase política en general, se ha sumado la embestida de Trump, flamante presidente norteamericano, contra México.

Todavía sin haber tomado posesión del cargo Trump logró impedir inversiones de importantes empresas en nuestro país pero en los primeros días de gobierno signó un decreto para construir el muro fronterizo que tanto prometió en campaña. Y esto horas antes de la llegada de una comitiva del gobierno mexicano para preparar la visita de Peña Nieto a Estados Unidos a finales de mes. ¿Así o más claro es el presente y futuro que le espera a México con Trump?

Por lo menos durante toda la segunda mitad del siglo XX la política exterior mexicana cobró relevancia por su identificación con movimientos nacionalistas y anti imperialistas. Algunos de ellos fueron el apoyo a la Revolución cubana, a los Países no alineados, al sandinismo nicaragüense, a la guerrilla salvadoreña, al gobierno de Salvador Allende en Chile. Además por su rechazo al embargo nortemericano a Cuba, y a todas las dictaduras golpistas promovidas por Estados Unidos como la de Pinochet en Chile y la de Videla en Argentina. Con la llegada de Fox a la presidencia esta característica de la política exterior empezó a “matizarse” hasta llegar al grotesco “comes y te vas” que le recomendó a Fidel Castro para no molestar las relaciones con Estados Unidos.

Sin proponérselo, la clase política de todas las banderas han coincidido en ofrecer “todo su apoyo” al gobierno de Peña para enfrentar la ofensiva trumpista, incluso su aparentemente acérrimo rival López Obrador que no quiso quedar fuera de la cargada. Peña Nieto está ante una oportunidad única de detener la caída vertical de su popularidad asumiendo una posición de firmeza ante Trump.

Ildefonso Guajardo, Secretario de Economía, ha fijado claramente los puntos sobre los cuales no habrá concesiones, ninguna afectación al envío de remesas de los compatriotas, ninguna desventaja en la revisión del TLC si no hay beneficios México saldría de ese tratado, ninguna negociación bajo amenazas.

El presidente y su partido tienen una gran desventaja en esta oportunidad que el destino les ha puesto enfrente, carecen de liderazgo y credibilidad ante la mayoría de la población. Para suplir esta carencia tendrán que tejer alianzas con otros líderes sociales, además de otros partidos, para asumir los costos de retomar la política exterior del viejo nacionalismo revolucionario que ya estaba en el archivo muerto. Y, muy importante, postergar los conflictos y enfrentamientos que se habían desatado como resultado de la ingobernabilidad del gobierno peñista.