¿ES POSIBLE UNA NUEVA GRAN CRISIS? Parte 1

La sensación de estar ante un inminente estado de crisis nacional no parece ser tan descabellada. Si bien el pronóstico de arribar a condiciones como la venezolana o brasileña parece exagerado, no estaría mal considerarlo como un escenario posible en el mediano plazo, si las cosas siguen como hasta ahora. En la historia de los últimos cien años después de la guerra civil que llamamos pintorescamente “Revolución Mexicana”, no se han alineado tantos factores de riesgo  que amenacen la relativa estabilidad del último siglo. Esto no quiere decir que no hayan existido momentos convulsos de gran descontento de sectores sociales, sin embargo éstos no han llegado a conformarse en movimientos sociales que resquebrajen al estado nacional. La Guerra Cristera (1926-1929) fue un conflicto entre milicias armadas de grupos católicos y el ejército federal principalmente en la zona rural del Bajío. El saldo fue posiblemente de decenas de miles de muertos pero no rebasó los marcos de la inconformidad religiosa por los límites y restricciones que la Constitución de 1917 imponía a la iglesia. La Segunda Guerra Mundial (1939-1945) no tuvo expresiones violentas directas en el territorio nacional y a su término el país experimentó uno de los periodos de mayor crecimiento económico, prosperidad y estabilidad al que se llamó “Milagro mexicano” (1945-1956), que, como se vería posteriormente, de milagroso no tuvo nada. Los movimientos de los maestros (1956-1958), ferrocarrileros (1958) y médicos (1964) no alcanzaron a superar su carácter gremial, aunque pusieron en evidencia la fragilidad de lo que se consideraba hasta entonces un control monolítico del PRI y sus sindicatos sobre los trabajadores. El movimiento estudiantil de 1968 tuvo su epicentro en los dos principales centros educativos nacionales (IPN-UNAM) y en la capital del país. Aunque despertó amplias simpatías populares tampoco logró vencer su aislamiento y desgaste. Las repercusiones de este movimiento sobre la vida política del país se apreciarían fehacientemente en la siguiente década, por una parte con el surgimiento de varias organizaciones guerrilleras y por la otra con la puesta en marcha de la primer gran reforma política impulsada por Jesús Reyes Heroles (1977) que legalizaría la actividad de varios partidos de izquierda, entre ellos el Partido Comunista Mexicano cuya primer bancada de diputados se conformó en 1979. Los grupos radicales armados en poco tiempo se dividirían producto de sus diferencias y otros fueron liquidados por fuerzas especiales irregulares creadas desde el gobierno federal. Esta primera reforma política daría cauce institucional al descontento social que daba muestras de estar madurando desde los sesenta y que el PRI ya no podía contener. Las crisis económicas (devaluaciones, fuga de capitales) desatadas con López Portillo y Miguel de la Madrid (¿cuál Milagro Mexicano?) encontraron un estado nacional plural que dio precisamente cauce a posibles movilizaciones por el descontento. La salida de Cuauhtémoc Cárdenas del PRI (1987) junto con la Corriente Democrática demostraría que además de la crisis económica existía una crisis política, ahora sí de carácter nacional. La postulación y campaña de Cárdenas como candidato a presidente en 1988 entretejió los conflictos regionales de todo el país en un gran movimiento nacional democrático que para muchos debió concluir con el ejercicio de su presidencia. Nunca se sabrá hasta donde las elecciones de ese año fueron efectivamente manipuladas por la estructura electoral priísta que entonces era todavía una aplanadora. Ni Manuel Bartlett entonces chofer de esa aplanadora y ahora militante dizque de izquierda lo ha aceptado así. La posibilidad de una crisis nacional se conjuró con el llamado de Cárdenas a retroceder y hacer otro intento construyendo un nuevo partido nacional, el Partido de la Revolución Democrática con la cesión de derechos que le ofreció el Partido Socialista Unificado de México. Nuevas crisis y controles de ellas se presentarían en las siguientes décadas (continuará).