Animales inteligentes

Alejandro Álvarez

 

Nos encontrábamos en medio de la nada mi compadre Beto y yo haciendo trabajo de campo. Alrededor sólo veíamos lomeríos arenosos y uno que otro peñasco desnudo aquí y allá. Entre el punto de verificación diseñado en gabinete y nosotros se interponía un enjamabre de arbustos espinosos y ramaje seco que cubría densamente un estrecho cauce seco de un arroyo. Ni modo, había que atravesarlo. Sin más herramientas que nuestros brazos nos abrimos paso, hicimos lo que teníamos que hacer y al regreso nos miramos el uno al otro. Éramos una pena, arañados, espinados y la ropa medio desgarrada cubierta de polvo y restos de la vegetación. Nomás por decir algo balbuceé “¿Cómo está compadre?”.

Me miró de reojo, no sé si con coraje o compasión y respondió: “Ni los animales más pendejos se andan metiendo donde nosotros nos metimos”. Mi compadre cuando se encabrona se vuelve muy claridoso.