CONVERSACION CON EL VIENTO

Bueno, lo prometido es deuda. Les contaré desde el principio. ¿Se acuerdan de mi vestido rojo, aquel padrísimo que me estrené en la boda de Lety, con un drapeado por la cadera que me hacía súper acinturada? Ese era el que llevaba cuando conocí a Leonardo…

—¡Oigan! ¿Les conté lo de Lety, verdad?

—Sí, sí, Alicia. Lo del accidente de su madrastra.

…ese fue el día más emocionante de mi vida. Leonardo llevaba un traje gris Oxford, con una corbatita de moño, pero no de etiqueta, sino una de esas que los señores batallan mucho para…

—Finalmente se murió la vieja malvada, ¿eh? No es que me alegre, Magdalena, tú sabes. Pero fue tan mala con la pobre de Lety y con su hermano. ¿No, es cierto Aurora?

—Ay, sí. Y luego dicen que en las telenovelas exageran con la maldad de la gente…

…me lo presentó Ernesto, el primo de Carmen. ¿Se acuerdan de él? Aquel que a ella le gustaba para mí.

—¿Han visto a Carmen últimamente? Me la acabo de encontrar. No sé que le ha pasado, pero está flaquísima y amarilla, amarilla. Tiene tipo de enferma terminal.

Dios me perdone, pero si yo fuera mal pensada diría que tiene sida.

—¿Qué tendría de raro, Adela? Carmen se acuesta con cualquiera. Sé de muy buena fuente que lleva como cuatro abortos. Por eso cuando me hablaron de reunirnos puse como condición que no viniera.

—¡No!… ¿Me lo juras Alicia?

—El que me gusta es el amigo, le dije a Carmen. Preséntalo, ¿no? No crean que se molestó, para nada. Llamó a Ernesto y le dijo. “Ni modo primito, el que le gustó fue Leonardo”. Entonces, él…

—¿Sabes con quién andaba la última vez que supe de ella? Con el jefe de mi hermana Lolis. ¿Y quién crees que hizo el cheque para el doctor? Pues, mi hermana, mi hijita. Además, se dio cuenta de todo. Y todavía Carmen tuvo el descaro de ponerse exigente. Dice Lolis que él la mandó al diablo y le dijo "sé muy bien que no soy el primero que te embaraza, ya tienes experiencia en resolver estos problemas así que toma este dinero y resuélvelo". ¿Qué tal? Yo me hubiera muerto de…

…fue un flechazo. Leonardo ya no se despegó de mí en toda la noche y me invitó a comer al día siguiente. Empezamos a vernos casi todos los días. Yo, estoy loca por él…

—¿Alguien vio “El Jardín de la Pasión”, anoche?

—¿No la viste, Aurora? ¡Qué bárbara, de lo que te perdiste! Estuvo sensacional el capítulo. Víctor Roberto ya descubrió que Mariela lo engaña…

—¿De qué diablos están hablando? No me digan que ven telenovelas.

—¿Tú no, Magdalena?

—Pero, a qué horas mi hijita. Trabajo mañana y tarde. A veces el Sr. Secretario me retiene hasta las once o doce de la noche, pero para trabajar ¿eh? No vayan a pensar que para otra cosa.

…yo, yo, tampoco las veo. No tengo tiempo. Con eso de que voy a la Universidad. Luego, el poco tiempo que me queda se lo dedico a Leonardo.

—¿Universidad? Ay, Luz, hasta se enchinó el cuero nomás de oír esa palabrita.

—A propósito, aquí entre nos, parece que el nuevo rector no es santo de la devoción del Sr. Presidente. Se lo oí decir al señor Secretario…

—Magdalena, por favor, no saques a relucir a la funcionaria. No seas enfadosa. ¿A quién diablos le importa la política? Es lo más sucio que existe…

—¡A mí, no! A mí háblenme de trapos. Mi cuñada acaba de regresar de Miami, y se trajo unas cosas, di-vi- nas…

—Oye, Aurora, ¿tu cuñada es aquella tipa de las Lomas que se cree mucho, que se casó con tu hermano, el papucho de los ojos verdes?

—Como les iba diciendo, Leonardo ahorita está haciendo el doctorado y yo no me quiero quedar atrás. Me inscribí de nuevo a ver si termino la licenciatura que interrumpí cuando me fui a los Estados Unidos, de manera que…

—Sí, esa es. La verdad mi cuñadita es una pretenciosa horrible, como toda nueva rica. Tiene al pobre de mi hermano en la cruz, con las tarjetas de crédito hasta el tope. Terrible, terrible…

—¿Y cómo le hicieron para llegar a Las Lomas esas gentes, tú? Porque, bueno, así que tú digas que tu cuñada es muy fina, para nada.

—Es bastante naca, la pobre.

—Mira, pues, ¡Por la política, gordita! Dice una comadre de mi mamá que antes vivían en una vecindad de la Santa María. El señor, desde jovencito se metió al Partido. Lo protegía un viejo maricón que era regente y ya ves, llegó a Secretario de Estado. Se casó con la hija de un ex gobernador, que no das crédito, es un indito el pobre, pero eso sí, con mucho dinero. Mi papá se conoce muy bien la historia.

—Con razooon.

—Ay, ¿no qué ya no íbamos a hablar de política?

—Pero es buena gente mi cuñada. Fue a muy buenos colegios…

—¿Y quién está hablando de política, Magdalena? Estamos hablando de los políticos rateros que no es lo mismo.

…Leonardo termina el doctorado en julio y pensamos casarnos en diciembre.

Ya dimos el enganche para un departamento y…

—A Lucila Gorostieta le compró un departamento el tipo ese con el que anda.

Me lo dijo Ana…

—Pero, no todos los políticos son rateros…

—Bueno, eso dices tú, porque tu marido aspira a un puesto de diputado o de no sé qué. Ni se te ocurra negarlo, ¿eh?, lo dijeron en 24 Horas.

—No, mi hijita, no es por eso. Tengo años en la Secretaría, y la verdad es que desde el Secretario para abajo, todos trabajamos muy duro.

…el fin de semana Leonardo y yo nos vamos a Colima. Queremos comprar los muebles del departamento. Hacen unos muebles tipo mexicano antiguo, padrísimos, con la madera apolillada. Como el comedor que tiene Carmen.

—El otro día el Secretario me retuvo a trabajar hasta las tres de la mañana.

Estaba redactando un informe para el Presid…

—Ay, ya no hables de tu jefe, Magdis, por favor, no lo soporto, ¿me entiendes? Está padrísima tu pulsera, ¿es de oro italiano, o es mexicana?

—Dice Leonardo, que primero Dios…

—Es italiana, gordita. Son los tres oros. Me la trajo mi marido ahora que fue a la gira con el Sr. Presidente.

—¿No me digas que también Luis iba en la comitiva? ¿Y en calidad de qué?

—Leonardo… Leonardo… Me suena ese nombre. Oye Alicia, ¿no se llamaba Leonardo el tipo aquel muy pedante, con aires de intelectual que andaba con Carmen? Un Licenciado de Colima. Que hasta se rumoró que estaba embarazada de él y que se había provocado un aborto. Si mal no recuerdo, tú me lo contaste muy en confianza.

—Sí, Aurora, yo te lo platiqué en confianza. Pero hay que reconocer que entonces Carmen era otra clase de gente. La verdad, pobre. El tipejo la engañó horrible. La llevó a Colima para presentársela a sus padres. Compraron muebles para la casa y no sé cuantas cosas. El caso es que el tipo, en cuanto supo que estaba embarazada, la dejó. ¿Tú crees? Qué porque no estaba en su proyecto de vida tener hijos todavía. Qué antes quería terminar sus estudios y no sé cuantos. Lo sé, porque ella me lo contó echa un mar de llanto. Yo le recomendé que fuera a ver al Dr. Pérez.

Total, si de todos modos quería abortar, que mejor que la atendiera un profesional ¿no?

—Lo malo es que abortar se le hizo costumbre.

—¡Uf! Terrible, terrible…

—Pero… Leonardo también es de…

—Dr. Pérez… Dr. Pérez… ¿No es aquel que anduvo en muchas broncas legales por un asunto de una chica de la televisión, que se le murió en la operación?

—Sí, ese es. Ella era aquella muchachita que salía de hija de María del Río, en la telenovela de “Lágrimas por un Hijo Perdido”. Todo lo que tenía de bonita lo tenía de mensa, la pobre.

—¿Cuándo fue eso, Alicia?

—¡Ay Luz! No me acuerdo bien, pero creo esa telenovela la pasaron hace como tres años…

—No, yo digo lo de Carmen…

—¿Qué cosa…?

—Lo de Carmen y el tipo ese que la engañó…

—Ah, vamos. Hará tres o cuatro años. Seguro tú estabas en los Estados Unidos, ¿verdad niñas?

—¿Verdad, qué?

—Lo de Carmen…

—Ay, ya dejen el tema, ¿sí? Adela me está dando una receta que hace desaparecer la celulitis de las pompis y no falla.

—Yo también quiero oír, porque no me han valido luchas…

—¡Pongan atención niñas! Se trata de un asunto de interés general.

—Vaya que lo es, sobre todo para mí que me paso tantas horas sentada en el escritorio.

—¡Hey, Luz!, ¿qué haces? ¿a dónde vas?

—Me retiro, ha sido un placer verlas.

—¡Óyeme, no! No puedes irte. Quedaste en platicarnos la historia de tu romance…

—Para eso nos juntamos, ¿no?

—Ay, sí, Luz. No te vayas. Tenemos tan pocas oportunidades de hablar de nuestras cosas, de comunicarnos…

—Se los dije que no habláramos de política, pero ahí estaban duro y duro…

—Pero, quedaste de contarnos…

—¡Déjala que se vaya, Adela!

—Está bien, Luz, si te quieres ir, que se le va a hacer. Sólo recuerda que tus amigas nos dimos tiempo para estar contigo y escuchar tus planes para el futuro. Yo tuve que pedirle permiso al Secretario por toda la tarde y…

—Adiós, amigas. Créanme que intenté conversar, pero, creo que fue una conversación con el viento.

—Está bien, Luz. Adiós. Es tu decisión. Después no digas que no quisimos escucharte.

—¡Qué rara se ha vuelto! ¿Verdad?

—Sí, desde que regresó de los Estados Unidos…

—Lo más chocante es que no abrió la boca. Como quiera es una grosería de su parte, después de citarnos aquí para contarnos no sé cuantas cosas…

—La hermana de mi cuñada, cuando regresó de los Estados Unidos, también…

—¿No es la que internaron en Mazatlán por drogadicta?

—Me muero por ir a Mazatlán. Allá vive un pretendiente mío de la Prepa. Fue mi primer amor…

—¿Les conté que me fui a Los Cabos el fin de semana?

—La odiosa de mi cuñada acaba de regresar y ya está planeando irse a Europa en junio. Mi mamá está furiosa…

—¿Y de veras se te quitó la celulitis? Tienes que enseñarme las pompis…