BOLEROS, BOLEROS

 
Integrar imagen 
Alfredo Nuñez de Borbón
 
Conocí a Alfredo Núñez de Borbón en los años setenta, siendo un hombre mayor. Tocaba el piano y cantaba en el bar del Hotel María Cristina en la calle de Lerma de la Colonia Cuauhtémoc, generalmente cantaba las canciones de su autoría como “Consentida” y “Siempreviva”, dos de mis boleros favoritos. Después de verlo y oírlo la primera vez, regresé varias veces mientras estuvo ahí, en el María Cristina. Por eso cuando tuve la idea de escribir sobre los boleros y sus autores, el primero que se me vino a la mente fue él.
Alfredo Nuñez de Borbón, nació a las ocho de la noche del 8 de Agosto (el mes 8) de 1908, en las calles de Zarco, colonia Guerrero, México, D.F. Toda su vida giró alrededor del número ocho; según él, era el signo de su nacimiento. Tenía además gran gusto y facilidad para escribir poesía. Iba recopilando sus versos en manuscritos encuadernados con tapas de seda. Estos libros se conservan en su estudio. Desde niño tuvo inclinación por la música. A la edad de siete años, el día de su santo pidió a sus padres que le regalaran un violín, lo cual hicieron, pero también contrataron al maestro Rocabruna para que le diera clases. Al poco tiempo demostró su dedicación, al grado de que lejos de cansarse, prefería ensayar y practicar, en lugar de salir a jugar. A la edad de doce años compuso su primera canción, fue en una ocasión que lo llevaron del colegio a una excursión a Toluca; ahí, al contemplar el nevado de Toluca, quedó absorto, y ante esa maravilla nació su canción “La Leyenda del Nevado”. A los diecisiete años de edad se fue de gira a Atlanta, Estados Unidos, con la orquesta de Miguel Lerdo de Tejada, sin el consentimiento de su madre. Su padre había fallecido cuando él tenía ocho años. Al terminar la gira se quedó en Atlanta, y de allí se dirigió a Nueva York, con el propósito de continuar sus estudios musicales.
Para titularse de maestro tenía que dominar piano y violín.
En Nueva York conoció a Lyna Boytler, esposa de Arcady Boytler, ambos rusos de nacimiento. Ella cantaba en la calle 46. Al escuchar a Alfredo y su conjunto los contrató para acompañarla, lo que hicieron durante mucho tiempo. Por motivo de negocios Arcady Boytler vino a México, y con él su esposa. Una vez aquí, le ofrecieron a Lyna una serie de programas en la XEW. Ella aceptó con la única condición de que trajeran a Alfredo de Nueva York para acompañarla, ya que él conocía perfectamente su repertorio.
Así fue como en 1936 regresó a México Alfredo Núnez de Borbón, contaba con veintiocho años de edad, y otra vez el ocho estaba presente en ese momento tan importante de su vida.

Integró una orquesta que tuvo mucho éxito y que fue una de las más solicitadas en México. Contemporáneo de Gonzalo Curiel y Agustín Lara, formaban un grupo privilegiado en una época llena de romanticismo. En un programa de radio acompañó con su violín a Agustín Lara, y en otro a Gabilondo Soler. Actuó con su orquesta en los mejores centros nocturnos de la ciudad como el “Casanova”, “Ciros”, “Café de París”, “El Patio”, etc.

A Alfredo Núñez de Borbón se le conocía como “El Caballero Mexicano de la Canción Romántica“.

Una anécdota narra que en una ocasión que se grababa un programa en el canal 4, se interpretaron varias de sus canciones. “Siempreviva” iba a ser cantada por Emilio Tuero, pero no pudo llegar. Para no perder la oportunidad, Alfredo la cantó en el programa. Más tarde, un amigo que escuchó la canción, pero sin haber visto la imagen le dijo: “Qué bonita canción, está preciosa, lástima que el que te la grabó tiene una voz horrorosa”.

A lo largo de su existencia recibió muchos premios y reconocimientos por su destacada labor. En 1949 fue socio fundador de la Sociedad de Autores y Compositores de Música (SACM) en esos año en especial recibió diversas preseas, entre ellas de la Promotora Hispanoamericana de Música (PHAM), de la Editorial Mexicana de Música Internacional en el Jubileo de Oro del Disco Mexicano, y en 1978, por sus canciones, etc. Pero su mayor satisfacción fue que se formara el Club de Amigos de Alfredo Núñez de Borbón, más de trescientas personas que se reunían una vez al mes para festejarlo.
Alfredo, falleció el 10 de Diciembre de 1979, pero su espíritu está en su obra, y en las canciones que dejó, que seguirán siendo interpretadas por muchas generaciones.[1][2]
 
 
 
 
 
CONSENTIDA
Llevo tantas penas en el alma,
que al mirarte a ti nunca pensé
que pudiera al fin otra vez poner
en un  nuevo amor mi fe.
Aunque lo pague con el precio de mi vida,
aunque comprenda lo que tengo que sufrir,
puedo jurar que tú serás mi consentida
y que a nadie quiero tanto como a ti.
Haz que contigo mi calvario se haga santo
ya no me importa lo que digan los demás,
mi corazón se ha de quedar entre tus manos
cuando al fin esté cansado ya de tanto amar.
 
‘SIEMPRE VIVA’
Penumbra en el, jardín, romance, vuelto flor,
un pétalo manchado, de rocío, lágrimas, de un amor.
Miento, si digo, que te odio, porque en el fondo siento,
que te quiero tanto, y que no quiero más.
Eres, gotita de mi llanto, que por su desencanto,
quedó congelada, y no pudo rodar.
Piensa, que fuiste tú en mi vida, como una siempre viva,
que en mi triste huerto, yo vi florecer,
Toda la miel, que en tu alma, encontré,
no he de hallarla, en otro, querer.
Piensa, que fuiste tú en mi vida, como una siempre viva,
que en mi triste huerto, yo vi florecer,
Toda la miel, que en tu alma, encontré
no he de hallarla, en ninguna, mujer.