Agustín Lara.

No hay certezas sobre la fecha ni el lugar de nacimiento, y a eso se suma que Lara era un mentiroso empedernido. El músico aseguraba haber nacido en Tlacotlalpan, Veracruz, el 30 de octubre de 1900. Así figura en varias de sus biografías, y ése es el año grabado en su tumba ubicada en la Rotonda de las Personas Ilustres.

Sin embargo, el periodista Jaime Almeida, luego de una investigación realizada en 1970, aseguró que el compositor nació realmente en el Distrito Federal, el 30 de octubre de 1897, basándose en la fe de bautizo y el acta de nacimiento que encontró en el Registro Civil: «Lara nació en un lugar llamado El Callejón Puente del Cuervo número 16, que ahora corresponde a la segunda calle de República de Colombia, en el Centro Histórico, a unas calles del mercado Abelardo Rodríguez. De hecho aún está la casa donde vivía la familia Lara Aguirre.» Es decir, que Agustín Lara se quitaba tres años.

Pero también es cierto que siendo muy pequeño la familia se mudó a Tlacoltalpan, donde pasó su infancia. Otras versiones, mucho menos creíbles, afirman que nació en España y otras en Guatemala.

La primera canción que registró a su nombre fue La prisionera, la cual compuso en 1926. En septiembre de 1930 inició su carrera de éxitos rotundos. En la radio tuvo el programa llamado La hora íntima de Agustín Lara. Al mismo tiempo actuaba y componía canciones para diversas películas, después participó en la radio con el programa La Hora Azul en la XEW, compartiendo con intérpretes como Toña la Negra y Pedro Vargas, dirigiendo también a la Orquesta El Son Marabú. Durante 1932 se presentó en el teatro Politeama de la Ciudad de México. Hizo diversas giras por América del Sur y nuevas composiciones aumentarían su fama como Solamente una vez, compuesta en Buenos Aires, Veracruz, Guitarra guajira. Palmera, Tropicana, Pecadora, entre muchas más.

En 1953 recibió un homenaje por parte del presidente Adolfo Ruiz Cortines en el Palacio de Bellas Artes. En España su figura era muy conocida a comienzos de la década de los años 1940, incluso recibió diversos honores y condecoraciones en todo el mundo, como la que recibiría de manos del dictador español Francisco Franco, quien en 1965 le obsequió una hermosa casa en Granada (España), gracias a las canciones dedicadas a diversas ciudades como Toledo, Granada, Sevilla, Valencia, Madrid, Murcia entre otras. Lo sorprendente de estas canciones además de su belleza, es que Agustín Lara no conocía España cuando las compuso. En el año de 1975 le hicieron una estatua en Madrid en su honor. Una gran parte de sus canciones como Granada, Solamente una vez, Aquellos Ojos verdes se han internacionalizado y traducido a diferentes idiomas y han sido cantadas por las mejores voces del mundo.

He aquí, la letra de tres de sus casi 500 canciones, una pequeña muestra sólo para que lo recuerden y las canten.

 

Solamente una vez

Amé en la vida,

solamente una vez

y nada más

una vez, nada más

en mi huerto brillo la esperanza,

la esperanza que alumbra el camino

de mi soledad

Una vez, nada más

se entrega el alma

con la dulce y total

renunciación,

y cuando ese milagro realiza

el prodigio de amarse,

hay campanas de fiesta que cantan

en el corazón

GRANADA

Granada, tierra soñada por mí

mi cantar se vuelve gitano cuando es para ti

mi cantar hecho de fantasía

mi cantar flor de melancolía

que yo te vengo a dar.

granada, tierra ensangrentada

en tardes de toros.

mujer que conserva el embrujo

de los ojos moros;

te sueño rebelde y gitana

cubierta de flores

y beso tu boca de grana

jugosa manzana

que me habla de amores-

Granada manola,

cantada en coplas preciosas

no tengo otra cosa que darte

que un ramo de rosas,

de rosas de suave fragancia

que le dieran marco a la virgen morena.

Granada,

tu tierra está llena

de lindas mujeres

de sangre y de sol.

Aquellos Ojos verdes

Fueron tus ojos, los que me dieron

el tema dulce de mi canción

Tus ojos verdes, claros serenos

ojos que han sido mi inspiración.

Aquellos ojos verdes

de mirada serena,

dejaron en mi alma

eterna sed de amar

anhelos de caricias, de besos y ternura

de todas las dulzuras que sabían brindar

Aquellos ojos verdes

serenos como un lago

en cuyas quietas aguas, un día me miré

no saben la tristeza

que a mi alma le dejaron,

aquellos ojos verdes, que ya nunca besaré.

No saben la tristeza

que a mi alma le dejaron,

aquellos ojos verdes, que ya nunca besaré.