Los impuestos y la desigualdad

 

Vámonos por partes, primero definamos lo que es un impuesto: éste viene de imponer, y es la cantidad de dinero que hay que pagar a la administración para contribuir a la hacienda pública, su función es ser un instrumento del Estado para promover el desarrollo económico, sobre todo porque a través de éstos, se puede influir en los niveles de asignación del ingreso entre la población.

 
Hasta ahora vamos bien, pero profundicemos un poco más. Los impuestos pueden ser progresivos o regresivos, así como directos o indirectos, y ambos conceptos se combinan perfectamente. En los impuestos progresivos debe pagar más el que más gana o posee, lo contrario se da con la regresividad, que es cuando los contribuyentes de menores ingresos, son los que pagan más impuestos en relación a su ingreso.

 
Los directos se consideran progresivos porque gravan directamente al contribuyente, es el caso del impuesto sobre la renta (ISR), que “debe” gravar más al que más tiene, tanto a las personas físicas, como a las personas morales. En lo que respecta a los indirectos, estos gravan los bienes y servicios, como es el caso del impuesto al valor agregado (IVA).

 

En atención a lo anterior, concluimos que los impuestos directos son progresivos porque gravan de manera creciente los ingresos de las personas, mientras que los indirectos son regresivos porque gravan el consumo de las personas.
Ahora bien, con lo explicado anteriormente, que sucede en nuestro País. Los Impuestos directos, es decir progresivos, gozan de privilegios excesivos, ya que existen por un lado, infinidad de lagunas fiscales por una mala política impositiva, si a lo anterior le agregamos, que se permiten la evasión y prácticas ilegales, aunado a la posibilidad de conseguir amparos que en la mayoría de los casos ganan, la consecuencia es seguir evadiendo, y por lo tanto, complicando más las cosas.

 
Por el lado de los impuestos regresivos o indirectos, para intentar darles un dato que sirva como ejemplo, desde el 2013 se aprobó y se aplicó este 1 de julio de este año 2015, que se pagarán mayores impuestos al consumo, es decir, un nuevo impuesto regresivo e indirecto, donde ahora alimentos procesados que se venden en las llamadas tiendas de conveniencia, minisupers y supermercados, pagarán IVA, dañando aún más los ya de por si casi vacíos bolsillos de los consumidores, en especial, de los que menos ingresos tienen.

 
El debate entre impuestos directos e indirectos, entre progresividad o regresividad, ha estado siempre detrás de las discusiones para la definición de las reformas fiscales: por un lado, un peso mayor de los impuestos directos en la estructura tributaria con mayor progresividad, o bien, seguir incrementando los impuestos indirectos, con mayor regresividad, y por tanto, con un impacto negativo sobre la distribución del ingreso.

 
Hasta ahora, desde mi muy particular punto de vista, el gobierno federal no ha logrado los mecanismos eficientes para compensar, por la vía del gasto, a las familias de menores ingresos, que directa o indirectamente pagan los impuestos al consumo, siempre trasladándolos por la vía del precio.

 
Pero bueno, las noticias en el ámbito económico nos llegan a raudales, ahora se nos informa oficialmente con bombo y platinos, que estamos dentro de los 12 primeros lugares en el mundo en atraer inversiones millonarias, si bien es buena noticia ya que son generadoras de empleo, sin embargo, bajo nuestro sistema fiscal rudimentario y lleno de lagunas, están fuera de poder recaudar lo justo para beneficio del país, y si esto continua así, la enorme desigualdad social seguirá acrecentándose cada vez más, creando más pobres y continuando destrozando a la clase media. Recordemos que según Global finance, México ocupa el lugar 108 en desigualdad, o dicho en otras palabras, una economía supuestamente grande, con unos cuantos pagando impuestos y un gobierno que gasta ineficientemente, sólo puede resultar en desigualdad.

 
Es definitivo, que los impuestos son la prueba de ácido de los estados modernos. Miden su capacidad para ser autoridad y dan cuenta de su legitimidad. En estados democráticos, son un fino balance entre fuerza y consenso.
Con lo anterior, estimado lector, el debate entre impuestos directos e indirectos, entre progresividad o regresividad, ha estado siempre detrás de las discusiones para la definición de las reformas fiscales y continuara per secula seculorum, por desgracia la realidad, es que no se ha logrado encontrado una política impositiva justa, que traiga realmente beneficio social, lo que nos resta esperar, es ver que se pongan a trabajar, para lograr una verdadera justicia social tan anhelada por todos los mexicanos. Sin embargo y como siempre, la mejor opinión es la de usted.

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