Paso a paso por los peldaños de la vida

Pisas el primer peldaño cuando naces. Luego te toman de las manos y das tus primeros pasos. La algarabía de tus padres y hermanos es contagiosa cuando ya empiezas a caminar solo. Luego vienen los primeros porrazos, dedos gordos reventados, las camisas, pantalones y zapatos ya no te quedan y la puerta de la casa es mancillada por tu afán aventurero, llegas al corredor y miras a los lados; la calle se te hace extraña, así como las demás casas, los postes de la luz, las personas que pasan. En ningún instante cruza por tu mente que vas recorriendo peldaños de la vida, y mucho menos piensas en qué momento tu escalera de la vida se terminará, llegarás al último peldaño y cumplirás el ciclo vital del nacer y el morir.

Para ti la existencia será vital sin pensar que un día rendirás tributo a la naturaleza. Sin pensar en tu juventud qué tanta falta haces a tus padres y hermanos, qué tanto abonas a la felicidad familiar y qué tanto más tienes que recorrer para terminar de llenar tu alforja. Cuando traspasaste la puerta de tu casa y sorprenderte la calle, los postes de la luz, ¡los carros!, no caíste en cuenta que el tiempo te depararía muchas más sorpresas. De los porrazos por tus primeros pasos, recibirás trancazos espirituales por unos ojos verdiclaros que te ignoraron, por un pollo asado que no pudiste comprar. Recibirás el porrazo fulminante del primer amor que te dejó colgado en la primera estrofa de tu poema oloroso a lágrima. Irás caminando la ruta de la vida llenando la alforja de años –que no te pesarán- y de aquellos ojos verdiclaros los tuyo tropezarán con otros y pensarás entonces en formar una familia como la formada por tus padres y hermanos.

Y un día, que tuvo que llegar, un 26 de junio de 1967, te encontrarás frente al altar y ante el protocolo religioso contraerás matrimonio con la joven veiteañera, con la que pretenderás tomar el camino por el que transitaron tus padres y algunos de tus hermanos.

Y tomado de la mano con tu esposa iniciarás el tránsito ya no solo por la vida sino con tu complemento para continuar, paso a paso, por los peldaños de la vida. ¡Y volverá la rueda del tiempo! y ahora tomarás de la mano a tu primer hijo para que empiece a dar sus primeros pasos… y vendrán los porrazos en el piso y las escaleras, el golpe seco un lado de la cama cuando tu retoño se caiga. Y empezarán a crecer, traspasar la puerta y sorprenderse de la calle y los postes de la luz.

Y aquel 26 de junio de 1967 se irá alejando en el tiempo, los hijos crecerán, traspasarán la puerta y tomarán de la mano a sus hijos cuando empiecen a dar sus primeros pacitos.

Y te llenarás de nietos y bisnietos, yernos, nueras, sobrinos, cuñados y cuñadas, amigos, y entonces empezarás a bajar los peldaños de la vida para remembrar aquel 26 de junio, contar las hojas del calendario y caer en cuenta que ya son muchos años y faltan poquitos para las tradicionales Bodas de Oro. Y los hijos y nietos empiezan a pensar en una gran fiesta y tú y tu esposa –la de los ojos verdiclaros- los mirarán complacidos y le pedirán a Dios que les guarde años para llegar a los 50 de casados.

Y fijan la fecha: 24 y 25 de junio de 2017 para festejar a los viejos sus Bodas de Oro. Y empieza el trajinar, fijar comisiones y gastos, llamadas a hermanos de tus padres, sobrinos y primos de la familia, amigos. Todo medido con la capacidad económica de los organizadores. Mi correo: [email protected]

PASEMOS EL RUBICÓN: Y nuestra hija Fátima Aracely, experta en “arreglar desarreglos,” y con capacidad envidiable de organizadora, se encargó casi de todo y se echó al hombro la tarea: invitaciones, música, local, comida, arreglos. Sus dos hijos mayores, Tanya Aracely y Julio César Alejandro, absorbieron parte de los gastos. Delia Elizabeth y Juceatikán –nuestros otros dos hijos- con botanas, refrescos y bebidas. Oyuky el pastel y el Gordo confección de la invitación y las fotos.

El jueves 22 llegó mi hermana Dori´s, que se trasladó desde Mexicali. El viernes 23 llegó mi hermano Alfredo y Gloria, su esposa, que arribaron desde Zacatecas. El mismo día llegaron de Cachanía María y mi sobrina Oyuky.

El sábado por la mañana nos concentramos en la parroquia de San Juan Bosco para la ceremonia religiosa, ahora para dar gracias a Dios por los cincuenta años de casados.

Fue impactante el momento cuando vimos llegar a Alfredo y Gloria, a María y Oyuky, a Dori´s, a Chema y Yoly, a Eduardo, -el Gordo- que viven en esta ciudad. Después de muchos años nos reunimos los hermanos: María, Alfredo, Yoly, Chema, Dori´s y un servidor, que soy el mayor de todos.

Y vinieron los abrazos y las fotos, los ojos adrenalinados y las mejillas surcadas por el agua bendita de las lágrimas. Y la ceremonia religiosa impactante donde el Sacerdote –contento y afable- nos tomó las manos y nos entregó la bendición terrenal y universal.

Y la cita para las tres de la tarde en la palapa Luna.

A las cuatro de la tarde se sirvió la comida y la música inició su chamba a las cinco: canciones y baile, refrescos y bebidas. Y la pachanga terminó con “Playas Negras”

Unos días antes habíamos acordado una taquiza, música y albercada en otra palapa: Javier –javi- Núñez, nuestro yerno, y Náyade Nadesdha, nuestra cuarta hija, absorbieron música y renta y yo pagué la taquiza. Y ahora la pachanga más emotiva ya que fue más familiar.

Y volvieron a entrar mis hermanos. A cada uno les fui entregando una bolsa de regalo que contenía: La Ciudad del canal –novela sobre Guerrero Negro-, Ojos de madera cuchillos de vidrio, premio estatal de literatura en el género de crónica, Los poetas de la soledad –son prófugos del amor- -poemario- y el CD que contiene la obra poético-musical en poesía y canciones sobre la historia de Santa Rosalía, obra que escribí y que Eduardo García, el Gordo, puso música.

Y continuó lo que iniciamos en la palapa Luna. Allí platicamos más Alfredo, María, Dori´s, Chema, Yoly y yo. Recordamos nuestra niñez, las bromas y las puntadas. Bailamos, cantamos, tomamos cerveza y Whisky. Tomé el micrófono y la adrenalina invadió mi garganta, y los recuerdos se atropellaron amontonados como trapos mojados.

Al final despedimos la música con “A mi manera” y “Playas Negras.”

Y volvimos a la realidad que nos circunda en este mundo tan materializado, tan ayuno de riquezas espirituales. Y fuimos saliendo del local sin querer que la despedida abriera las fibras de nuestros corazones. Nos rodeamos, nos abrazamos y lloramos porque bien que sabíamos que las ausencias nos alejan mucho. Abrazos fundidos en nostalgia y soledad, recuerdos y suspiros, porque los cincuenta años no volverán y el reencuentro puede estar en la otra orilla, donde se oculta el sol.

Y recordé a mis padres: Emilia y Eduardo, cuando en Cachanía les festejamos sus Bodas de Oro.

Y recordé a mis hermanos Tony y Lalo, porque su ausencia no es muerte porque todo vive en el encadenado espacio universal. Y recordé a nuestro hijo Julio César –el Pico- que es almanauta del cielo. Todos ellos desde el cielo nos bendicen, nos construyen una casita blanca y un cuartito para nuestros perros. Alea Jacta Est.- Miembro de ESAC.- 29-06-17