Mis pendientes

Quiero recordar la lluvia
Cuando desbordada corre
Por la espuma de mis huesos.
Espero tener más primaveras, otoños,
Inviernos y noches –aunque estoy  servido-
Para sentir la magia de la lluvia
En mi cómplice y taciturna almohada.

Ayer vi llover, mis huellas callaron, lloraron sombras,
Ayer vi llover, unos ojos trotaban por charcos rojos.

Cuando veo llover las ventanas de mi alma abren
Sus piernas, rompen las cortinas,
Cuando veo llover los vidrios del corazón se empañan,
Mis batallas también.

Cuando suspiro con la lluvia recuerdo San Ignacio
Verde de palmar.

Cuando brinco por los charcos
Los callejones de piedra me asaltan

Regresan como memorias de hoy.
Que la lluvia no sea mi pendiente
Ni los callejones de voces ni oídos mudos.

Cuando la lluvia me asalta el techo del corazón
Se llena de huecos,
La huerta de don Chente amarra sueños
Y la cantina del pueblo barre suspiros
Y el Salón Petróleos guarda guitarras.

Cuando la lluvia amaine montaré mis recuerdos
En la presa desbordada.

Entre mis olvidos quiero recordar
El sabor del birote con sardina
Que comía en el internado de San Ignacio
Quiero volver a las aguerridas batallas
En la cancha de la escuela
Cuando Pino Meza se lanzaba
Por la pelota de voli bien colocada.

Recordar el pasillo del dormitorio
Cuando Cheché y Arturo
Hijos del panadero
Me remedaban cuando cantaba la Negra Noche.

No quisiera tener como pendiente
Las lluvias y granizadas de Tepic,
Su catedral y el hotel Imperial,
El río Mololoa y sus Chacuanas
El Hotel Juárez y el verbo de Alejandro Gascón,
Enrielar mis afanes y locuras
En el tren desde Empalme
Pasar la selva nayarita y sus luciérnagas
Las parrandas sabatinas con Padilla y Muñoz
Los amores inconfesos del Venecia
La Normal y sus cursos de verano.

No quiero irme sin llenar el patio de la casa
Con la Negra Noche, Aquí entre nos, Martha,
La niña de Guatemala, Adiós del soldado, El pecador,
Tu recuerdo y yo, Borracho, los ejes de mi carreta,
Dos almas, Noche azul, Mujer ladina, Maldito corazón.

Que mis canciones sean el pretexto
Para que la farra guarde mi recuerdo
En la cola de mis perros, sus grandes saltos, su nariz fría,
En los gritos de Coyén,
En los ojos de mis nietos, mis bisnietos,
Las distintas posturas de los yernos.

No quiero dejar como pendiente
Decir a mis hijos que los quiero mucho
Que les di todo lo que tengo,
Compartí mis ideales sin presionarlos jamás
Que guardé largos silencios y soledades
Para tenerlos a flor de pensamiento,
Que siempre prediqué con el ejemplo.

Decirles que la vida la tenemos prestada
Y hay que aprovechar todos los momentos
Para amarla, para amar todas las cosas,
El amanecer, las tibias tardes y soledosas noches,
El trabajo, la dignidad y el decoro
Sin cometer el error de arrojar la vida
Y el tiempo por el abismo sin fondo
Donde la sinrazón aparta los caminos.

Nunca olvidar los zapatos viejos,
La camisa gastada,
Las uñas comidas, la cama vacía,
Las heridas de la vida curarlas
Con ungüento del hazmerreír, el hazmeolvidar.

Tirar algunas tardes el anzuelo en la playa y sentir
La electrizante batalla del pez,
Tirar los pies en la arena y dibujar corazones
Con  ojos de melancolía.

Confieso que algunas veces mi vida
Tropezó extraviada como poema sin destino,
Como suspiro sin su corazón,
Como cuerpo sin sombra,
Pero, en  cambio, me regaló lo que no tiene precio:
Corretear mariposas por los cerros,
Esperar el paso de la lluvia  para cazar cigarrones,
Con el sol candente a cuestas
Caminar sigiloso a un torote o mezquite
Para aprisionar la enigmática chicharra,
Esperar la roja máquina del tren
En Mexicali, las mulitas del diablo.

Ustedes no supieron de esas fantásticas travesías
Que nos llenaron el corazón de alas y mariposas…
No aprendieron a mirar al cielo,
No tomaron agua de la manguera,
No  jugaron con carritos de tambos.

A ustedes la modernidad los fue llenando
De máquinas, tabletas, celulares y face book.
Confío en que no tengan el corazón de metal.

Cuando muera lancen al viento mis recuerdos
Para que nazcan poemas y canciones.

No quiero dejar muchos pendientes:
Machaca con tortillas de harina,
Mirarlos a todos en la mesa,
Chuparse los dedos con el tamal embarrado,
Burritos de Todos Santos, papas con huevo,
Nietos pequeños gritando y peleando,
Un buen tequila,
Una botella de Buchanan´s.

Una copa de vino por las noches,
Un cajón de madera que guarde mis arrugas y mis canas
Mis poemas para que no queden tirados
Por los cuatro rincones de la casa,
Mis novelas y libros, la Ciudad del canal
Y mis correrías por la sierra de Guadalupe,
A Pablo Neruda, a García Márquez, Juan Rulfo,
Eduardo  Galeano, José Emilio Pacheco, a Revueltas,
Los 7 pilares de Juan Melgar
Y la prosa cristalina de Arturo Meza
Y los recuerdos loretanos de Estela Davis
Y el azul y lluvia de Mundo Lizardi.

No quiero dejar como pendientes
Los atardeceres paceños,
Las chimeneas del Triunfo,
Mucho menos los baldes con pitahayas
A la vera de la ruta a San Antonio.

Cuando muera lancen al viento mis recuerdos
Para que nazcan poemas y canciones.

Quiero fundirme en la torre de San Luciano
Para que sea la mortaja de mis cenizas,
El silencio de mis silencios
Vestidos de tormenta y soledad.

En la lista de mis pendientes
Quiero romper la copa de mi vida
Con mil gotas de muerte que se derrumben
Con el portazo de mis setenta y siete años.

Y por último:
No tengo pendiente por la muerte
Ya que siempre llegará puntual
A tomar un  trago de tequila,
A recostarse en mi sillón preferido,
A saborear un taco de machaca…
Alista tu maleta, me dirá,
Caminaremos a la orilla de mi río
Que ya casi humedece
La estatura de mis huellas,
La estatura de mi muerte.

Dic. 31, 2016