Los pizcadores de palmas

Un oficio olvidado y en extinción, fue una actividad muy demandada en las épocas de agosto y septiembre, temporada de cosecha del dátil, en los diferentes oasis de este desértico estado, en este peligrosa actividad hubo personajes muy solicitados por su destreza para trepar las palmas, asegurase, amarrándose con un chicote para no caer, y el corte del racimo de dátiles con sus afilados machetes y un ayudante que recibía el producto cuando se deslizaba por otro mecate, era un trabajo muy sincronizado, para que los racimos no se desgranaran.

En nuestra niñez en San Ignacio el mejor pizcador era el “ Cinco” Romero, hombre humilde pero muy trabajador y muy honesto; en el bello Pueblo dé Mulege, donde todavía subsisten grande extensiones de palmares , aunque ya pasó la temporada de dátiles, pero por los recurrentes incendios de los últimos meses he visto como algunas gentes están limpiando sus palmas, aparte de que evitan los incendios, mejoran la imagen del pueblo y uno de los pocos ejemplares que se dedican a esta actividad es el famoso “ Pitoloco” Martin Ángulo, que heredó el oficio de su padre Pepe Ángulo.

Este domingo me dio gusto verlo en plena labor limpiando las palmeras de taco y al rato saludarlo en la pila de los gansos de la plaza Corona y desde luego que, aunque estaba haciendo frío, él se estaba echando una para la sed.

El Martín, tiene 59 años, una caída que le dejó una ligera cogera de una pierna, pero con mucho ánimo y ganas de seguir trabajando.

Me dio gusto verlo fuerte, con una buena actitud y ánimo de seguir trabajando.Suerte amigo “ Pitoloco” !