LA SUERTE ESTÁ ECHADA / Viacrucis de los viejos

                                                                                       Bobby García

&.- Pasando el puente

Hace poco más de un mes recibí una llamada de Bienestar (donde manda Víctor Castro) en la que una voz de mujer me pregunta si estoy dispuesto a vacunarme contra el Covid19. Contesté afirmativamente. La voz me dice entonces que luego me llamarán.

El viernes 26 recibo otra en la que una voz de mujer –otra vez- me dice: “el lunes le aplicarán la vacuna contra el Covid19. Lo vacunaran en la universidad, preséntese a la una con treinta minutos, lleve ropa holgada, lleve una botellita de agua porque durará una hora y vaya desayunado. No olvide su CURP y el número de folio con que lo anotaron en México” Hasta allí todo marchaba bien…

El lunes recibí noticias de que había muchos carros que llegaban a la Uni. Todavía esperé hasta las doce (me citaron a la 1:30) y una de mis nietas me llevó en la camioneta.

Allí empezó el martirio: desde el puente de la Ocho hasta la universidad era “un mundo” increíble de autos. Después de la inconformidad indescriptible, el calorón y el tránsito paralizado y a vuelta de rueda, logramos llegar a la entrada de la Uni a las tres de la tarde. Ya iba exhausto, pequeño dolor de estómago y cabeza y calorón insufrible. Policías, patrullas y “siervos de la nación” daban mil indicaciones. Pasamos los arcos de entrada y la cantidad de carros era incontable. Y otra vez tránsito paralizado y a vuelta de rueda, un “siervo de la nación” nos indica que nos formemos y que pasaremos después “del taxi”. Allí duramos como media hora, señoras que bajaban de sus unidades, el adulto mayor con cubre bocas en el interior, hijas y nietas desesperadas yendo y viniendo mascullando mil reclamos al gobierno por el martirio a que nos condenaron. En toda la explanada no había pavimento. A la derecha y como unos 40 metros, estaba una banqueta. Algunas personas se animaron a bajar del auto y llevar en silla de ruedas al abuelo o padre

Pasó el taxi y lo seguimos.

Faltando diez para las cuatro mi nieta pudo estacionar la camioneta. Con andadera en mano y como pudimos (era pura arena) llegamos hasta las carpas. Una dama me alcanzó y me llevó a una silla. Tomó mis documentos, anotó en una hoja, y me encaminó hacia un local amplio que estaba frente nosotros. Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN:

Otros metros de arena y por fin al pavimento. Creí que habían terminado mis sufrimientos. Era “un mundo” de adultos mayores con bastón, andaderas y sillas de ruedas… los estaban valorando para introducirlos a otra ala del local donde los vacunarían. Cuando me valoraron y una dama me llevó de un brazo (ya casi no podía caminar) imaginé que entraría a otro de los círculos del infierno de la Divina Comedia de Dante Alighieri, porque ¡oiga usted! desde el puente de la ocho se iniciaron los círculos del demonio (infierno)

Me acompañó hasta una silla casi al final de una fila y me dijo que allí me vacunarían, Miré a mi derecha y como a cuatro personas venía el dichosos vacunador y sus acompañantes. Por fin me vacunaron. Habían pasado casi cinco horas en que iniciamos el viacrucis en el puente de la Ocho.

Me entregaron otra hojita y me dijeron que la presentaría a la salida. Un hombre la tomó, salió con ella y con voz potente repitió varias veces: “Los familiares de Jesús García Manríquez”. Apareció mi nieta con la andadera, me la entregó, me encaminé a la parte baja de la banqueta, llegó la camioneta y la salida fue rápida.

El desorden increíble que se presentó hasta que llegué a la valoración y la entrada a vacunar, no tiene razón de ser, Fue un martirio que no debemos volver a sufrir. Es un precio muy alto que se debe eliminar.

Los “siervos de la nación” que se desviven entregando periódicos y propaganda de Morena, deberían ir a nuestras casas a aplicarnos la segunda dosis de la vacuna china CINOVAC…

Alea Jacta Est. 31-03-2021