LA SUERTE ESTÁ ECHADA / Pasos que huelen a gis y campana

Bobby García

&.- Generación 75-78 de la Prepa.

Y digo “que huelen” porque siempre seré maestro.

En 1971 inicié mi magisterio en la preparatoria Hermanos Flores Magón, de Santa Rosalía. La escuela trabajó en el turno vespertino-noche en la secundaria Manuel F. Montoya, siendo director de ambas el profesor Ernesto Romero Lucero.

Iniciando su gobierno Ángel César Mendoza Arámburo (1975-1981) unos maestros nos entrevistamos con él para que nos construyera un edificio propio. Logramos el propósito, nos mudamos al nuevo edificio y el director fue el profesor Francisco Padilla Ruiz, y yo como subdirector. En 1981 me vine a esta ciudad, me reincorporé a la educación secundaria y “nunca jamás” pude trabajar en alguna prepa.

Regresé algunas veces a la prepa a dar pláticas sobre mis libros e historia del pueblo.

Cada vez que llegaba mis pasos retumbaban en la mente, se incrustaban en el alma y me miraba transitando con portafolio en mano para impartir mis clases.

En las fiestas de octubre (fundación) de este año, los exalumnos de la generación 75-78 se organizaron para realizar el reencuentro de generación. Llegaron a mi casa a invitarme. Acepté de inmediato ya que pensé sería mi última participación en mi prepa querida.

Hablé con el compañero Nacho Arce e Isidro Flores para que reservaran un cuarto con dos camas y ocuparlo el miércoles 16 de octubre. Hablé a la asociación Hagamos más para informarle que el jueves a las diez de la mañana iría a recoger el dinero que tuvieran de la venta de mi crónica Ojos de madera cuchillos de vidrio. Era el propósito pues, estar en la ceremonia y festejos de la generación. Se presentó el imprevisto de ir el miércoles a San José del Cabo, y se canceló el viaje a Cachanía. Escribí un documento, se lo envié a Nacho Arce y lo leyera el jueves en la ceremonia. Así se hizo.

Fue una festividad impactante para los asistentes: ceremonia en la iglesia para recordar a los fallecidos. La ceremonia de le noche fue en la recordada prepa que ahora se llama Cobach; visita al alcalde, béisbol, noche bohemia y comida con participación del que quisiera.

Leyendo la lista de la generación recordé a todos.  Me devolví en el tiempo y me vi en el salón impartiendo Lectura y Redacción. Un viernes (por la noche) entré al salón y les dije que me sentía enfadado y que mejor les leería el Poema Veinte de Pablo Neruda: “Puedo escribir los versos más tristes esta noche/ escribir, por ejemplo, la noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros a lo lejos/// Y cómo la quiero, es cierto, pero tal vez la quiera/ es tan corto el amor, y es tan largo el olvido//    

Y desde ese viernes la clase la dedicamos a leer poemas. Se involucraron los de mejor voz y empezaron a interpretar. Fue tal la aceptación que los viernes se llenaban las ventanas con escuchas de otros grupos. Luego los convencí para que actuaran en público, fuimos a la Sección 117, poca gente. Después mayor número al grado de interpretar en la Progreso.

Fueron del conjunto coral: Casillas Romero Ana María/ Jerez Murúa Guadalupe// Juárez León Eduardo// Girón Camacho Mario//Rouzaud Sández Ofelia// Vargas Aguiar Francisco// Vargas Aguiar Jorge Luis// Zúñiga Meza Felipe/ con la dirección del profe Edmundo Sabin (perdón si olvidé algunos)

El jueves por la noche se concentraron en un salón y el profe Benito Cañedo les pasó lista. Los fallecidos son: Cuesta Tena Jorge Luis, Girón Camacho Mario Alberto, Hernández Romero Mario, Lomelí Gániz Mario y Moreno Garibaldi Santiago.

Se recordó y entregaron reconocimientos a la planta de maestros de esa época: Francisco Padilla Ruiz, director (+), Jesús García Manríquez, subdirector, Urbano Ochoa Moreno (+), Edmundo Sabin, Enrique Fernández (+), Benito Cañedo, Gilberto Girón y Marco Antonio Núñez Rosas.

No asistí físicamente, pero por la magia del pensamiento allí estuve; me perdí en el tiempo sin tiempo y entré a la subdirección, los pasillos y salones. Recordé mis clases de Humanidades, los días del estudiante y del maestro. El tiempo se detuvo y me miré eufórico y fuerte de treinta y tantos años… Esos viejos pasos, esos viejos recuerdos.

En la prepa aprendí a ser maestro de educación superior. Jornadas de literatura, escultura en participación de alumnos de la Uni de Baja California. Recuerdo al artista Francisco Hernández, que llevó esculturas magistrales y que muchos años después lo apoyé para que en la playa el Requesón realizara una pintura monumental a la que llamamos Mano de Gigante. Fue en la administración de Rojas Aguilar.

Hace unos días llegaron a mi casa mis exalumnos Rento Beltrán, Juan Larrinaga y Eduardo Juárez, a entregarme los reconocimientos: El himno a la Prepa, con letra mía y música de Padilla; lista de asistencia, una taza, una copa, una playera y un reconocimiento en vidrio; el periódico El Búho, editado en mimeógrafo…  muy bellos en el recuerdo…

Todas las generaciones nos reviven el pensamiento: la del 75-78 nos da la satisfacción de contar con: maestros, científicos estudiados en Japón, maestría en alimentos, licenciados, funcionarios de la Uni… en fin, una reconocida generación. Un abrazo para todos.

Y sigo oliendo a gis, campana, pizarrón y maestro. Alea jacta Est. 08-11-19 Miembro de ESAC.