LA SUERTE ESTÁ ECHADA / Los vecinos de los barrios

Bobby García

&.- Hay una amistad que marca

Obviamente en todas las ciudades hay vecinos que se conocen, se saludan y hasta conviven. Algunos hasta se hacen compadres y comparten parrandas y fiestas. En las ciudades grandes la convivencia se va yendo al mundo del saludo por compromiso, la frialdad llega al grado que hay algunos que “hacen como que no se ven para no saludarse”

Seguramente que en las grandes metrópolis la convivencia se pierde al grado de que cada familia es un mundo; la calle –ancha- es el espacio entre los vecinos de enfrente; se hace tan ancha que parece un mundo desconocido entre la vecindad: cada familia vive su mundo, cada familia es un continente.

Pongo el ejemplo de la colonia Fovissste –donde vivo-. Tiene dos calles anchas (la Bahía Concepción y Bahía La Paz) que nacen en el bulevar Forjadores; hay callecitas laterales y andadores angostos con casas que se ven frente a frente. Cuando nos entregaron las viviendas a los vecinos de la tercera etapa nos sentimos eufóricos y hermanados… hasta nos juntábamos los de la manzana… poco a poco las distancias del andador fueron apartando los latidos de la convivencia; “las distancias apartan las ciudades” (José Alfredo)

Santa Rosalía es una ciudad sui géneris, incomparable, única. La Cachanía vieja (porque hoy hay varias colonias dispersas) tenía y tiene un sello especial; no hay calles-océano que separen los ojos de las casas vecinales. Está el barrio Canadá, al norte, que se interpone el amplio arroyo de Providencia, de las casas de Ranchería que se miran frente a frente:  la F Delgado, la Benito Juárez con su paseo El Chorizo, que hace que los ojos se estiren un poco más para ver a los de enfrente.  Está la Colonia del Centro, la Nopalera, El Retiro, Mesa México. Ahora hay más.

La colonia del Centro es aún más compacta; inicia en Calle Playa y termina en Calle Once. Las casas de cada Lote tienen una pequeña y angosta calle (desde Calle Uno a Calle Once) que los separa de los Lotes de enfrente. Y siempre ha sido así, nada ni nadie cambia la fisonomía, ni siquiera los incendios. Muchas casas de estos Lotes se han reformado: arreglan el frente y el corredor, un segundo piso, pintura nueva, etc, pero sin perder la convivencia entre los barrios o calles. Los Lotes del centro se cortan por la avenida Obregón, la Constitución, la Emilio Carranza y topan con la Sarabia, pero al prolongarse y pasar la Obregón, sigue teniendo la misma numeración (calle cinco, seis, nueve, diez, etc) Alagunas calles son clásicas. Hubo un tiempo de que en una calle (siete u ocho) los vecinos se reunían un día de fin de año, únicamente para dar el nombramiento de “Capitán” al más enfadoso de los amigos. En los 90 era clásico ver grupitos en algunos lotes: pachangueros, beisbolistas, estudiantes, carrilludos, etc. En la Calle Nueve era clásico ver pequeños grupos caracterizados por la amistad. Al cabo de los años se siguen reuniendo, aunque sea muy a la larga.

Recién llegado de San Ignacio me comisionaron a la escuela Benito Juárez (escuela del  centro) y uno de tantos alumnos que tuve en sexto año fue Loreto, hijo de don Manuel Geraldo y doña Emilita Ceseña.

A su papá lo conocí mucho ya que fue uno de los pocos policías de aquella época dorada en la que hasta ellos eran parte de la familia comunal. Un día me llamó a su casa (de la famosa Calle Nueve) porque el ayuntamiento lo había despedido. Como yo era el dueño de todos los pleitos perdidos lo defendí hasta que lo reinstalaron.

Loreto fue un alumno inquieto y dicharachero; a todo le sacaba el filo bueno y la puntada.

“después continúo sus estudios en el valle del Vizcaíno donde cursó la secundaria técnica agropecuaria, porque ahí radica el Melío su hermano mayor; algún tiempo, quizá un año, fue a la ciudad de los Mochis, donde radicaba su hermano Toño, maestro de profesión, y donde pretendía poner en práctica sus conocimientos adquiridos en la técnica agropecuaria. Regresó a Cachanía donde vivió hasta su partida; alguna vez me comento, Loco ya extrañaba las tortillas de harina de milita como cariñosamente le decía a su mamá”.

“Ya en Cachanía se enroló en diferentes trabajos para ganarse algunos pesos, pero de manera formal con la insistencia y ayuda del profesor Benito Juárez entró a trabajar como intendente en el Cebetis, trabajo que desempeñó con cabalidad y del cual se sentía profundamente orgulloso… ahí trabajó poco más de 30 años hasta que se jubiló como empleado federal”

“Su pasión fue el béisbol, su equipo de siempre fueron los cañeros de los Mochis; dedicaba siempre gran parte de su tiempo en escuchar las noticias de Obregón para estar enterado de lo que pasaba en la Liga Mexicana del Pacifico; en Cachanía jugó fugazmente en primera fuerza con el equipo Progreso”

“Ya de manera recreativa, siguió jugando béisbol en segunda fuerza y en la liga de la Toronja formó parte del trabuco dirigido por “Vicente la Bomba Pérez”; los langosteros se llamaban, estaba formado por pura raza del barrio de Calle 8 y 9, banquetas altas, calle 10 y calle 11, y uno que otro colado de la SAHOP, ahí se desarrollaron lazos de hermandad que devinieron en complicidades propias de un pueblo que hace de la cotidianidad su tema de vida, por eso les llamaban cariñosamente los burlescos, y el Loreto en estas lides era fundamental” Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: “Su vida fue muy sencilla, nunca se complicó la existencia, tomó el ritmo como venía, así fue hasta el final, su agilidad mental le daba para conversar con cualquier tipo de persona, a su manera siempre estaba informado de todo, tenía una simpatía sin igual; historias tiene muchas y variadas que quedarán en el imaginario de quienes convivieron con él, y en aquellos que sufrieron sus ocurrencias. Tenía varios clientes para ello, su característica era siempre sacar una sonrisa; las ocurrencias eran su diversión, a veces se le pasaba la mano, pero nunca lo hacía con dolo o mala fe, tenía la extraña habilidad de recomponer sus errores, su carisma le ayudaba para ello”

“La vida –como siempre- le jugó una mala treta; ya nadie pudo auxiliarlo y darle salvataje en ese camino dicharachero que empezaba a apagarse… ya no se pudo estar presente para darle salvataje en esa fatal neumonía a mi amigo, mi vecino de siempre, sin el cual, mi vida en la calle 9 no puedo explicarla. Hasta siempre mi hermano, aquel grito en la playa de San Lucas, un día del niño, de no querer morir tan joven, taladra mis oídos y recorre como sangre con espinas mi inconsolable y desgarrada alma”

Tus amigos: el Lalo Juárez, el Chacho Álvarez, el Tuteras Rodríguez, el Quelo Juárez, el Cano Cuevas, el Manotas Sánchez, el Jaime y el Calinga Castro, el Fili Contreras, el Liebre, el Noé, de Vizcaíno, tus amigos de la Pacifico Norte, de la colonia Hidalgo, el Jaime Gómez, el Padilla, y tantos que escapan a la memoria; sin duda llorarán tu partida, pero siempre estarán agradecidos de que los hayas distinguido con tu presencia. Hasta siempre Loretón.

Hasta siempre mi compañero alumno de sexto año en la aguerrida Benito Juárez, la escuela cómplice de la Calle Nueve.

Un recuerdo y abrazo solidario a su familia… hasta siempre Loretón, mi exalumno.

Con la invaluable participación de mi exalumno Lalo Juárez, parte de la alegre tropa que grabó sus charlas y vaciladas en la Calle Nueve, Diez y Once.

Alea Jacta Est. 11-02-20. Miembro de ESAC