FIESTAS PATRONALES DEL PUEBLO

Se acercaban las fiestas patronales del pueblo donde todos se disponían a celebrar, el paseo a la Virgen era el evento principal, las calles se empezaron adornar con los colores marianos, banderitas de papel de china, azul celeste y blanco y también le combinaba los colores Pontificios amarillo con blanco.

Había llegado al pueblo un nuevo sacerdote, hombre joven, proclive a las novedades y reunió todos los grupos religiosos y autoridades del pueblo y les informó que ese año no se sacaría la imagen de la Virgen a la procesión; todos pusieron el grito en el cielo, no era posible acabar con una tradición de tantos años ; les explicó el cura de la fragilidad de la base de la Virgen ya estaba sentida y con el movimiento se podría despegar y entonces si, la iglesia se quedaría sin Virgen, pero que no se preocuparan el les proponía que si hubiera paseo de procesión pero que la Virgen fuera representada por un señorita del pueblo, ante ese razonamiento todos estuvieron de acuerdo, ahora habrían que entrar al proceso de seleccionar a la que haría el papel de la Virgen, que tenía que ser una señorita virginal, sería, pura, sin mancha y sobre todo con mucha moralidad; a ver recibimos propuestas dijo el sacerdote; pues yo propongo a Blanquita la hija de Don Venancio el de la tienda, inmediatamente la descalificó una señora, no esa no, es muy noviera , ya a ha andado con todos los muchachos del pueblo, no ha dejado ni uno pa’ compadre! ; pues que sea la Maria, la del Corral Blanco, noooo dijo la misma señora, el domingo que tocaron en el baile Los Tata Viejos, el vocalista la tenía hasta las manitas atrasito del salón y no no debe ser ella! ; bueno como la ven con la Goyita de Crispín, no pues noooo dice la misma señora, esa se la llevó para el arroyo uno de los muchachos del Circo “ Hnos. López “; ya desesperado la máxima autoridad del pueblo el señor Delegado, dijo que sea mi sobrina La Chalia y pobre del que diga algo!; y ante tal amenaza todos aceptaron.

Se llegó el gran día y empezó la procesión. La Virgen iba en un carro adornado, paradita cerca de la rádila del capacete, amarradita por la cintura , las cuerdas blancas se ocultaban en el manto azul de seda, llevaba las manos juntas, y en el rostro una dulce expresión que había ensayado muchas veces con su mamá frente al espejo; la procesión ya tenía rato recorriendo las principales calles del pueblo, los cantos y los rezos la iban acompañando, y el tío el Delegado junto a ellos, velando por la seguridad, cuando la procesión se acercaba al templo, la muchacha llamó al tío y con apagada voz de angustia algo le dijo; inmediatamente ordenó al chofer, que detuviera el carro, se subió, desamarró a la muchacha y se dirigió con potente voz a los desconcertados participantes de la procesión : — altooooo ! La Virgen va a miar y puede que obre y ahorita le seguimos !