El compañero Mario Santiago González

Lo conocí en 1974, aproximadamente, ya que en el periódico que trabajaba le encomendaron una tarea: “Mira Mario, tienes que ir a Santa Rosalía a entrevistar a un personaje muy rebelde, muy cabrón y que no se deja entrevistar. Así es que es una gran  tarea y ojalá no regreses con la libreta vacía. Se llama Jesús García y le dicen Bobby. Es defensor de los mineros y se cargan un desgarriate contra el gobierno.”

Llegó una mañana a mi casa. Lo miré: una persona joven vestido con pulcritud, una libreta y grabadora.

“Soy Mario Santiago González, tengo algunos años en La Paz y vengo a ver si usted me concede una entrevista, además somos colegas pues soy maestro de la Normal de Ensenada”

Allí, en la misma puerta de la sala le contesté que no, que los periodistas hacían entrevistas y solamente le daban la suave al gobierno, pero que en las otras entrevistas ponían lo que les daba la gana; que nunca ponían la verdad y que publicaban puras mentiras. Que mi lucha era en favor de los mineros sin patrón y en contra del gobierno y que él no publicaría eso. Mientras hablaba él guardaba una seriedad de piedra, como si no me escuchara. Me entendió lo que le dije, le espeté. “Sí, sí lo entendí, pero me comprometo y le doy mi palabra que la entrevista se grabará –me mostró la grabadora- y la publicaremos íntegramente sin quitarle ni siquiera una coma.”

Desde ese día lo conozco, pero pasaron muchos años para que nos volviéramos a ver. Pero me mandó el periódico –no recuerdo cual- con la entrevista íntegra.

 

En 1990, después de más de 20 años de aporrear tecla en muchos periódicos, fundó su revista Compás, que fue  prototipo de buen periodismo; fue referente para hablar de la buena y mala literatura en los medios de comunicación. Me invitó a colaborar desde los primeros números y mis escritos se codearon con colaboraciones de Armando Trasviña, Estela Davis, Federico Campbell, Carlos Castro Beltrán, Ramón Márquez y el ilustre Cachanía Jesús López Gastélum.

Casi siempre permanecía sentado frente a su máquina cuando platicaba; en una de tantas me recordó lo de la entrevista de Cachanía, que yo tenía en un rincón de mi pensadera… allí la recordé y por la magia del pensamiento lo miré en la puerta de mi casa: su misma estampa más viejona pero la misma, serio, taciturno, pero muy alegre en sus ojos, su voz caminaba mirando cada recoveco que encontraría para no tropezarse. En esas pláticas supe que venía de Ensenada, pero no le pregunté si de allá era. Me dijo que cuando estaba en la Normal conoció al profesor Jesús López Gastélum, que fue el fundador y director, y que cuando hablaba no dejaba de recordar con gran vehemencia Santa Rosalía; que no se le caía de la boca. Y desde entonces, Bobby, me dijo, quería conocerla y ya vez llegué a La Paz y la conocí después. Pero creo que por López Gastélum estoy aquí.

De su revista Compás me apasionaba leer sus comentarios políticos que siempre fueron una cátedra de sabiduría y lectura indispensable para los amantes de la política. Siempre predicó con el ejemplo: fue respetuoso de todas las ideas y opiniones y jamás tocó la vida privada de nadie, y es que la libertad de expresión debe ser siempre símbolo de respeto, decía. “La sociedad lo que quiere del periodista es que diga la verdad, que asuma su responsabilidad, que no haga noticias engañosas o artificiales y que haga uso de la libertad de expresión,” decía. Y fue su credo hasta la muerte. Cuando trataba sobre los funcionarios decía que los que eran funcionarios por suerte, compromiso o amiguismo, eran intolerantes con la verdad y la crítica. Que el buen funcionario debe saber que su enemigo no es el que lo critica sino el que lo alaba.” El periodista tiene la obligación de señalar y combatir; el periodismo hay que ejercerlo con dignidad, sabiduría y prudencia.” Mi correo: [email protected]

PASEMOSEL RUBICÓN: No sé si haya hasta ahorita otra persona que tenga la estatura moral, vertical y ética como Mario Santiago, para perfilar la personalidad física y moral de un comunicador: Alguien se atrevería a decir por ejemplo: que el periodista debe ejercer la tarea con dignidad, sabiduría y prudencia? O decir, por ejemplo, que la sociedad quiere un periodista que diga la verdad, que no haga noticias engañosas o artificiales? Quiénes serán los que puedan calificarse de periodistas buenos, que anteponen la verdad a las zalamerías? Que viven con decoro y dignidad sin ser oídos del señor y el poder?

Yo me quedo con Mario Santiago, por eso fui a sus oficios funerarios, en su ataúd lo saludé y le dije que en el cielo seguiría encontrando los caminos planos por los que él siempre transitó.

Un día el exdiputado Katzenstein me invitó a una pachanga en su casa; era para periodistas. Le hablé a Mario y le dije que iría si iba él ya que cuando menos tendría uno con quien platicar a gusto. Allá nos vemos, me dijo. No fue y a los días le hablé. No´´mbre Bobby, esa tarde me hablaron del Issste por lo de la prótesis y no tuve otra alternativa.

Un abrazo solidario para toda su familia. Es un honor tener un amigo y familiar así. Alea Jacta Est. 02-08-16