El arroyo de Providencia

Sodoma llega por el oeste

 

El compañero Juan Manuel Romero Gil –Doctor- registra en la página 153 de su libro “El Boleo, un pueblo que se negó a morir,” que el primer chubasco que azotó Santa Rosalía fue en 1898, que arrancó vías férreas, casas y vidas humanas. Luego  relata que en 1911 llegaron dos tormentas que provocaron muchos destrozos. Apunta que el 12 de septiembre de 1931 impactó un poderoso chubasco provocando mil destrozos y que cobró muchas vidas.

Los franceses canalizaron el arroyo Providencia desde la antigua casa de don Bruno Mayoral construyendo en la margen o ribera derecha un muro de cemento y escoria que llega hasta la curva de lo que llamábamos El Pozo. Luego continuaron el muro por la margen izquierda que corre paralelo al cauce del arroyo. Este muro es mucho más alto con cuchillas para romper la furia de la corriente. Desde la subida a Mesa México lo construyeron por las dos orillas. Este muro que limita el gran arroyo ha recibido todas las corrientes de agua que provocan los chubascos –antes- y los huracanes ahora. Se habla de los chubascos que apunté, luego uno en 1935 y el de 1939. Tengo información que en ese chubasco se rompió el muro a la altura de calle dos y las aguas arrastraron a la familia Percebú –Percevault- que pereció ahogada. Por “feis” he leído a una señora con ese apellido; no sé si tendrá relación con lo que relato.

El primer chubasco de que tengo memoria fue el de 1959, ocurrió en septiembre porque trabajaba ya como maestro en la Antonio F. Delgado y miré por una ventana abierta de la casa, que por el arroyo iban bancos, pizarrones y pedazos de las paredes de la escuela. Cuando pasó el meteoro y ya en día de clases, nos pusimos a retirar escombros y lodo de lo poco que había quedado de la escuela.

Ahora el cauce del arroyo ha sido materialmente borrado y solamente le dejaron cauce muy angosto y la profundidad es muy poca. Y la torrentera de cualquier arroyo se formó precisamente porque muchos años antes por allí corría el agua y… las aguas de los arroyos tarde que temprano regresan por la propiedad de su caudal. Habrá cauces que en cien años no son recorridos  por las aguas… pero algún día volverán como dijo Douglas MacArthur. Y la torrentera milenaria de la Providencia ha vuelto varias veces por la propiedad de su cauce.

En la década del 70 varias tormentas atacaron la población. El arroyo hace curva en calle once y a la altura de la secundaria curvea a la izquierda y toma la recta que lo lleva hasta la desembocadura a la altura de lo que llamábamos el dispensario, para desembocar en la dársena del puerto. En un meteoro recuerdo que “en el Pozo” –donde hace curva en calle once- estaba el dompe del Fermín, dompe amarillo que recogía basura. Tiraron unos cables para buscar la manera de rescatarlo de la fuerte corriente. Llegué de mirón en el momento que el policía el Pachuco se lanzaba por la cuerda para tratar de socorrer al policía el Nueva York –le pusieron así porque platicó que venía de allá- Agarrado el Pachuco con pies, piernas y manos se iba acercando donde el otro policía ya no podía avanzar; en el mero centro del arroyo los dos se precipitaron al agua. Por la fuerte corriente de repente se miraban sus cabezas. Todos pensamos lo peor. NO, en la siguiente curva para agarrar “aviada” rumbo a la dársena, allí lograron salir de la corriente. Recuerdo otro momento en que el agua no respetó la curva del Pozo, brincó la orilla y se precipitó por la avenida Obregón y Constitución. El “lote” que mira para Ranchería recibió de frente el agua y cuando todo pasó, el lodo había rebasado las ventanas; la pared de todo el lote tenía una capa enorme de lodo. Mi correo: [email protected]

PASEMOS EL RUBICÓN: Santa Rosalía, por muchas ocasiones, ha recibido a Sodoma que llega por la torrentera que nace por el occidente, a lo que llamamos arroyo Providencia. Hoy volvió por su propiedad asaltada por talleres, cantinas, casas, almacenes, segundas, un trazo milenario borrado por la incapacidad de las autoridades, y el martes 6 desde las seis de la tarde los bombardeó Sodoma con una cantidad increíble de agua que arrasó con casas del Canadá, changarros y depositó en la maquinita miles de toneladas de lodo, piedras, escombros y carros. La ubicación de Santa Rosalía enclavada dentro del cañón del arroyo, más las dos montañas que la custodian, las cañadas, la irresponsabilidad de las autoridades municipales y la posibilidad de un meteoro que deposite esa misma furia por unas ocho a diez horas…¡puede ser fatal para casi toda la población!! El cambio climático que pronosticaron los padres Mayas hace 3 mil años, está presente. Por eso las autoridades deben tomar nota.

  Y tal como en los terroríficos incendios, la población se unifica y solidariamente se da la mano. Los aguerridos hermanos no se doblegarán ante esta catástrofe que siempre los deja sin agua…cayó tanta agua, corrió al mar y los Cachanías no tienen agua ni para beber. Y las autoridades sin ojos ni oídos para construir en la montaña tres pilas de almacenamiento. No hay dinero para el pueblo, pero sí para los gastos millonarios en propaganda oficial, viajes, reuniones, hoteles, comidas y sueldos insultantes…dinero de nuestros impuesto sí hay, pero no para construir “inoperantes pilas” y cauces del arroyo ya que llueve cada mil años…¿y el acueducto de San Bruno y Palo Verde, qué se ha hecho para evitar que en cada meteoro el pueblo se quede sin agua?

  ¿Para qué nos sirve un gobernador que se pasea mucho y que tal parece le gusta mucho la Ciudad de México? ¿Y la alcaldesa, dónde anda Pedro? Alea Jacta Est 13-09-16