Crónica de un homenaje errático y atípico

Antes que nada el agradecimiento profundo a mi esposa, a mi hijo Juceatikán, a mi hija Ely y su esposo Óscar y sus hijos Vadhir y Valeria, así como a su hija luchona Vanessa y su hijo Iker, que me acompañaron a la aventura del homenaje. Mis respetos para el cronista de la ciudad Tirso Baltazar Geraldo y su equipo de trabajo, así como a la maestra Edith Aguilar Villavicencio, Secretaria General del ayuntamiento, por el esfuerzo de realizar el evento a pesar de no contar con el apoyo del ayuntamiento. Un abrazo fraterno a los que esperaron y escucharon mi disertación.

En abril y mayo estuve vendiendo mi crónica en Cachanía. Un día fui a visitar al cronista de la ciudad, Tirso Baltazar y me sugirió que escribiera unos cuentos infantiles sobre la población, y que en las fiestas se presentarían y me rendirían un homenaje. Regresé a mi vida paceña y a los días insistió sobre los cuentos y el homenaje. Por fin inicié el trabajo y como para julio le envié trece cuentos. Pensé entonces en que el homenaje se haría realidad.

He participado varias veces en la Casa de la Cultura de Santa Rosalía, platicando y leyendo parte de mi obra literaria, con muy buena concurrencia y con muy poca, pero siempre me he sentido satisfecho con la asistencia y mi participación. Pero el hecho de que me dijeran que me harían un homenaje en las fiestas de octubre, adquirió otra connotación ya que se me rendiría un reconocimiento público.

Luego Tirso me cambió la pichada y me informó que el homenaje sería para el profesor Jacobo Beltrán y un servidor. De inmediato pensé en decirle que no funcionaría para dos, pero por prudencia no lo dije y así corrió el tiempo. Luego me dijo que el hijo de Jacobo daría una conferencia y después se leería mi semblanza y todo lo demás. Desde siempre le dije que no entendía por qué si el homenaje era para el profe Jacobo, el Toño dictaría una conferencia. Todo va a salir bien me repitió. Le pedí entonces, que por favor invirtiera el orden y se iniciara con lo mío. Me dijo que estaba de acuerdo, que así se haría. También le recodé que los actos en la Casa de la cultura son desdeñados por la población y para el homenaje tenía que asegurar una buena asistencia entre población y estudiantes del Cobach, Cbtis  y tecnológico para contar con una asistencia de cuando menos cien. Me  contestó: “usted no se preocupe, téngame confianza, todo saldrá bien.” Luego en el “feis” miré propaganda de las fiestas –hasta un video- y nunca sobre el dichoso homenaje. Interrogué al cronista y me contestó que sería fuera de la programación de las fiestas. Entonces no contaré con el apoyo económico para gasolina, hotel y comida, le apunté, y me contestó que Edith, la secretaria general buscaría algunos apoyos. Es decir, me rendirían un homenaje y yo pagaría todos los gastos. Le insistí en que la participación en la conferencia debería durar el mismo tiempo que me estaba dando pues me dijo que yo tendría 35 minutos. El conferencista debe ocupar el mismo tiempo, le dije, y me contestó que así sería. Preparé una participación de 35 a 40 minutos. No quiero recibir una sorpresa desagradable y Toño Beltrán en su participación dure más de una hora, le recalqué. Usted no se preocupe y todo saldrá bien, me repitió.

Y aquí quiero ser preciso: el homenaje al profe Jacobo es bien merecido, además, trabajamos juntos en la secundaria F. Montoya; la conferencia fue bien abordada y bien preparada, el error consistió en que no era el lugar apropiado para dictarla. La deberían haber programado para la cancha del Cobach, el Cbtis, o en el auditorio del tecnológico, con alumnado cautivo y maestros al pendiente para evitar la desbandada. De hecho el cronista programó tres actos en uno.

El viernes 14 se realizó la actividad, poca concurrencia y un grupo de alumnos del Cobach. No atendió mi petición y se inició con la conferencia de Toño. Ocupó una hora con 30 minutos y al concluir los alumnos del Cobach se retiraron. La mitad de la concurrencia se retiró. Además de mi familia, me escuchó un público que siempre me ha escuchado. Y sería un contrasentido decir que mi participación fue buena, regular o mala. Los pocos que me escucharon tienen la palabra. Aun así, me dejó un público cansado y enfadado, aguantador porque saben de mi  modo de hablar y leer.

Tratando de que mi plática fuera amena inicié sin leer y sin sentarme. Al final, mi público quedó satisfecho pues hasta ¡Bravo, bravo! se escuchó.

Por lo acontecido valen algunas reflexiones:

El cronista no tuvo convocatoria para amarrar una buena concurrencia.

No entendió que un homenaje es un evento serio, que debe ser público resaltando la presencia del homenajeado ante una asistencia regular, cuando menos.

No respetó mi trayectoria literaria y me negó el derecho de iniciar el evento.

No entendió mi esfuerzo físico, económico y familiar para concurrir desde la ciudad de La Paz.

La conferencia de Toño Beltrán fue bien preparada, pero no había motivo para dictarla ya que el homenaje era para su padre. Por el tiempo que ocupó los alumnos se aguantaron por prudencia y cortesía, pero cuando terminó abandonaron el local sin más ni más.

Tirso no quiso programar la conferencia en unos 40 minutos, tal como me dijo.

Desde que me informó que sería fuera de la programación de las fiestas no debía haber aceptado. Cometí ese error.

Insistí en el apoyo económico para pagar cuando menos dos días de hotel y comida así como la gasolina, y la secretaria general me apoyó con mil quinientos pesos.

El cronista no supo valorar mi esfuerzo y el de la familia. Quién más que él fue testigo de la forma como desarrollé mi participación.

Los cuentos que me solicitó y que serían parte de las fiestas, sí los editaron en un tiraje de 50 de los que me regaló diez.

El cronista de la ciudad deberá tener mejor disposición y no tomar a la ligera la programación de este tipo de actos. Es un error querer programarlos sin el apoyo del ayuntamiento, y un error del que acepte participar.

El final de cuentas me sentí satisfecho por el apoyo familiar y por la forma en que desarrollé mi participación. Pero fue una lástima que me escucharan tan pocos. Me gustaría trabajarla en el Tecnológico Superior o en alguna institución media superior. Alea Jacta Est. 25-10-16