Cambios y giros

Tal parece que la naturaleza del poder se reduce a la supervivencia. Los principios, la ideología y las metas son mero ornamento cuando la permanencia en el juego político está en entredicho.

Por Alejandro Barañano

 

La elección del 2012 tuvo tintes de supervivencia clarísimos, en los pasillos del poder se rumoraba que Felipe Calderón Hinojosa había pactado con el candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, pues el candidato predilecto del entonces mandatario panista murió en un avionazo, Juan Camilo Mouriño; y fue cuando Ernesto Cordero buscó abrigar ese liderazgo dentro del calderonismo y el PAN, pero no lo logró.

Josefina Vázquez Mota resultó candidata, pero nunca contó necesariamente, se dice, con el apoyo del Presidente, y al terminar en tercer lugar, en el PAN y en Los Pinos se decía que perdía ella, pero no el Presidente y menos el presidente del partido, Gustavo Madero. Entonces nació la interrogante: ¿Pactó el Presidente de la República y el del PAN con el ex Gobernador del Estado de México y candidato del PRI?

Esto viene a colación porque el pasado fin de semana se celebró la 22 Asamblea Nacional del PRI, los más de 10 mil priistas reunidos en la Ciudad de México al parecer llegaron con una consigna: Salir unidos, pero no a costa de perder el control sobre el instituto. De hecho, así arribaban al conclave priísta, con la claridad de que el Presidente todavía controla el aparato partidista.

Enrique Peña Nieto logró imponer en las mesas previas a la Asamblea Nacional algunas de sus propuestas: Remover los candados para todo aquel que desee aspirar a la candidatura, lo que implica hacer un lado el factor de “militancia previa” de al menos 10 años y un cargo de elección popular; además de darle un “tiro de gracia” a los señores del partido, dueños de las plurinominales que brincan de una cámara a la otra.

Ambos cambios tienen dedicatoria. Uno, al remover los candados Enrique Peña Nieto habilita dos candidaturas más en su interior: José Antonio Meade y Aurelio Nuño, Secretario de Hacienda y Crédito Público y de Educación Pública, respectivamente. Y el asunto de las plurinominales recayó en personajes como Emilio Gamboa Patrón que ha sido diputado, senador, diputado, senador, etc.

Dudo mucho que a estas alturas Enrique Peña Nieto no tenga claridad sobre el candidato a sucederlo o sobre sus posibilidades para construir dicha posibilidad. Me parecería poco creíble dejarlo correr para ver quién es “el mejor”. Lo dudo tanto como estoy seguro de que no dejará pasar la posibilidad de ser él quien decida, por lo aquellos que piensan en una consulta a los militantes, bien se pueden olvidar de ella.

Ahora, lo que queda claro es la sensatez del Presidente para determinar cómo jugará la designación de la candidatura. Ahí, en la sensatez del habitante de Los Pinos se encuentra 50 por ciento de los márgenes para su sobrevivencia, que no es necesariamente la del PRI.

La gubernatura al Estado de México funcionó como un laboratorio, y cuál es la lectura con la que se quedó Peña Nieto será determinante para conocer lo que hará.

Existen dos opciones: La primera que si el Presidente cree que ganó, porque ganó su primo Del Mazo, entonces se animará a impulsar una opción que no necesariamente se identifique con el partido, y podrá decantarse por José Antonio Meade y se concentrará en reestructurar el equilibrio de poder al interior de las filas de su partido y el gobierno, ya que necesita que “los barones” lo dejen pasar y no pacten, como lo hicieron en el año 2000 con Vicente Fox y Ernesto Calderón, con un candidato opositor por su propia cuenta.

La otra opción es que si el Presidente considera que a pesar de haber ganado el Estado de México, el PRI fue el principal perdedor de la contienda por el número de votos perdidos frente a la última elección, porque su propia popularidad está en picada, y además MORENA recupera votos de la clase media, y entonces se dará cuenta que con su partido no gana, pero eso no quiere decir que deje de jugar y quizá pueda impulsar un candidato débil y hacer cuentas más allá del PRI, francamente con el PAN y el PRD.

¿Cuál es el Enrique Peña Nieto que tenemos frente a nosotros? Pues bien, que el Presidente de la República nunca dimensionó los fenómenos de la Casa Blanca, de Ayotzinapa, del Sistema Nacional Anticorrupción. Queda mucho por andar, pero esto ya empezó hace tiempo. Por lo pronto quien esto escribe mejor seguirá Balconeando. . .