BALCONEANDO / ¿QUÉ CELEBRAMOS?

Por Alejandro Barañano

 

Sabemos que la calidad de una democracia se mide por el tamaño de sus libertades, y muy especialmente por la libertad de expresión, sin embargo las pobres condiciones de seguridad y garantías en las que se encuentran muchos medios y muchos comunicadores en la actualidad nos hablan de nuestra precaria vida democrática.

El control y cooptación de los medios por parte de las autoridades y gobiernos es también una realidad que vivimos, y tan es así, que hay un informe que ilustra el grado de vulnerabilidad y riesgo por el que atravesamos los que ejercemos como oficio el periodismo; y este es el “Freedom House”, el cual señala que México es considerado como “país no libre” para el ejercicio de la libertad de prensa.

Además hay otros datos duros que demuestran la alarmante cantidad de periodistas que han sido asesinados, y de otros más que se han reportado como desaparecidos, ello sin menospreciar otras modalidades como las múltiples causas penales abiertas –en varias entidades mexicanas- en contra medios de comunicación y periodistas bajo la figura de la “difamación”, y que no es otra cosa que la autocensura que se sigue presentando como un factor generalizado.

Al conjunto de factores que se analizan en el documento antes comentado y en otros informes similares, se le deberán ir agregando más prácticas como lo son el hostigamiento, las amenazas y la intimidación en contra de periodistas, medios, activistas y defensores de derechos humanos que se han venido impulsando cada vez con mayor agresividad.

Algunos reporteros, periodistas o críticos hemos sufrido de un tiempo para acá fabricaciones, montajes, falsificaciones, amenazas y orquestaciones que sólo pueden realizarse con la disposición de importantes recursos públicos.

También en los reportes sobre la prensa se deben incorporar de alguna manera lo que sucede en las redes sociales; en otras palabras, la grosera intervención en las redes sociales que está alcanzando niveles de alarma. Por ejemplo, la contratación de robots, bots y trolls que irrumpen y alteran -impunemente- la libre “conversación” de la ciudadanía sobre los temas y asuntos que le venga en gana comentar es escandalosa.

Y se debe dejar en claro que no se vale confundir, pues una cosa es la crítica, muchas veces implacable, o el humor y todo lo que representan felizmente las redes sociales, y otra muy distinta la utilización de recursos públicos para contratar los servicios de gente especializada que diseña campañas de odio, linchamientos e intentos de desacreditación contra medios y periodistas. Eso es otra cosa, pero por desgracia forma parte hoy en día de ese entorno adverso y peligroso en el que trabaja la prensa, los activistas y defensores de derechos humanos en nuestro país.

Así que el clima actual es agreste, inhibidor e induce a la autocensura, por lo que debería de ponerse en alerta la sociedad pues la calidad informativa, el derecho a saber, el libre flujo de las ideas y de la información están seriamente amenazados por los nuevos estilos de quienes dicen gobernar en favor del pueblo; razón por lo cual quien esto escribe mejor seguirá BALCONEANDO. . .