BALCONEANDO / ¿MEJOR POSICIONADO?

Por Alejandro Barañano

Resulta que hay uno que otro tipo indecente que hace de la política el modo de conseguir algo más que una retribución por su “dedicación”, ello y a pesar de que ante los ojos han resultado nefastos y carentes de todo decoro.

Un ejemplo de ello es Víctor Ernesto Ibarra Montoya, quien como diputado federal se embolsó 4 millones 152 mil 316 pesos y 28 centavos por su loable labor al “servicio de la comunidad”, esto en base a un sueldo que ascendía a los 148 mil 297 pesos mes tras mes.

Pero para ganarse ese jugoso estipendio, se supone que debería de haber asistido a 160 sesiones en la Cámara Baja del Congreso de la Unión, sobre todo porque cada sesión le costó a la ciudadanía 25 mil 951 pesos y 97 centavos.

Datos recabados en el portal del Sistema de Información Legislativa, indican que Víctor Ernesto Ibarra Montoya durante su gestión legislativa solo presentó 147 iniciativas con un solo proyecto de decreto; de las cuales 88 quedaron pendientes en Comisiones; solo 26 fueron aprobadas; 22 desechadas por improcedencia y otras 11 retiradas por estar mal elaboradas.

Con esto queda demostrado que tuvo una productividad del 17.68 por ciento en iniciativas aprobadas, pero si dividimos las 26 propuestas que le palomearon sus homólogos en los 28 meses que se despachó con la cuchara grande a la sazón de legislador, se puede deducir que solo presentó 0.9 iniciativas positivas por mes. O sea que ni tan siquiera tuvo una completa en ese intervalo.

Ahora bien, si se tomamos una calculadora y dividimos su paga de más de dos años entre cada una de las 26 iniciativas aprobadas disque en bien de la sociedad, obtendríamos que cada una de ellas tuvo un costo de 159 mil, 704 pesos y 47 centavos, pero resultó ser tan pusilánime su desempeño que lo más “rescatable” fue cuando sufragó a favor del decreto para que cada 25 de octubre se celebre el Día Nacional de las Personas de Talla Pequeña. No más, no menos. ¡Quihubole!

Por otro lado, quien es propietario de una clínica médica lujosa en la zona de Los Cabos, o sea Víctor Ernesto Ibarra Montoya, cobró nueve sesiones legislativas a las que no asistió, razón por lo cual debería de haber regresado 233 mil, 567 pesos y 73 centavos que se embolsó sin importarle haber incumplido con sus compromisos en el Congreso de la Unión, y peor aún, supuestamente representando a Baja California Sur.

Por eso se debe recordar que los desquiciados políticos -como es el caso de Víctor Ernesto Ibarra Montoya- surgen prometiendo el sol y las estrellas aunque nunca cumplan nada, pues manejan su enorme sed de poder sin darse cuenta que no es compasión sino obligación lo que tienen que hacer en bien de la sociedad.

Por eso se dice que tal parece que Víctor Ernesto Ibarra Montoya no conoce lo que es el decoro, la honorabilidad, el respeto ni la dignidad, ya que claramente son sinónimos que debería haber sembrado desde hace tiempo en su muy limitada formación política; sinónimos que deberían traducirse en acciones públicas. ¿O no?

Por eso para el galeno sinaloense radicado en Baja California Sur desde hace algunos años tiene que renovar urgentemente sus ideas y sus conductas, pues creer que la política depende exclusivamente de la intuición, berrinches o reacciones, es tanto como dejar a la deriva la planeación y obligación que exigen los procesos democráticos, pero esto tal vez esto no lo entienda el desquiciado a quien ahora se autoproclama pre candidato a la alcaldía de Los Cabos por el Partido del Trabajo, asegurando que ello porque se posicionó como el mejor perfil de ese instituto político. ¡Bonita cosa!;  por lo que mejor quien esto escribe seguirá BALCONEANDO. . .