Aquellos inolvidables tiempos de antes…

Me crié en Punta Abreojos y San Ignacio BCS, donde la familia era el comienzo de todo y Donde fui inmensamente feliz.

No había dramas porque las situaciones se cortaban de raíz …y borrón y cuenta nueva.Si te portabas mal te daban una nalgada, un chanclazo o varios (jajaja) y si te ponías malcriado te iba peor, porque lo merecias.

Los niños no discutían con sus padres, los padres eran la ley. Los primos eran tus hermanos y los compañeros de tu escuela tus primos, los profesores eran modelos y NO se les faltaba al respeto.

Me enseñaron a saludar, a despedirme, a decir gracias, buenos días, buenas tardes, buenas noches a todas las personas que pasaban por cortesía, a pedir permiso y a entender el lenguaje de los ojos y el dominio con una mirada.

Salíamos a jugar con los vecinos de la cuadra (los vecinos de antes, eran amigos del alma como hermanos) todos juntos, era toda una aventura, nos subíamos a los árboles, a las bardas, jugábamos de todo, al tambo robado, a los hoyitos, escondidas, al Stop, los colores, al trompo, balero, canicas, montábamos bicicleta, jugar al elástico, contábamos historias de terror por la noche en vacaciones sentados en las aceras de las banquetas, o en un tronco fuera de casa sin ningún peligro…

Comíamos lo que nuestras madres cocinaban y ¡PUNTO!. Comimos arroz, pollo, frijol, sopa de lentejas, pollo con papas fritas, verduras, picadillo, huevo, tacos de papa, cocido, pozole, menudo, tamales, tortillas de harina, etc. tomamos agua de la llave.

Jugamos a: la botella, escondidas, hacíamos grupos de baile y ensayabamos pasos, nos vestiámos de héroes, la capa era una toalla, o alguna sabana que le tomabamos a escondidas a mi mama.

Podíamos caminar de arriba para abajo o nos montábamos en nuestras bicicletas (el que tuviera) si no en los diablitos de la bici o jalabamos al que no tenia en sus patines e íbamos a casa de un vecino amigo.

No teníamos miedo a nada y respetábamos a nuestros ancianos. Se nos enseñó el respeto por los demás y por la propiedad ajena.

Como niño, no se hablaba si un adulto estaba hablando. Si alguien tuvo una pelea, fue una pelea de puños, los niños no teníamos armas cuando crecimos, excepto revólveres de palo, resorteras, tiraligas para jugar de vaqueros!

En fiestas echábamos maizena, confetti, tirábamos globos de agua y hasta manguerazos con nuestros amigos y no había ningún problema.

¡¡¡Cómo lo disfrutamos!!!

Cuando se hacía de noche sabíamos que era hora de entrar, con solo un chiflido o un grito de mamá haciamos caso.

Nos encantó ir a la escuela porque teníamos amor, cariño y respeto por los profesores y teníamos la dicha de ver a nuestros compañeros que hoy son nuestros grandes amigos!! ….y ¡nadie le faltaba el respeto a un profesor!.

(Si no la directora nos ponía pintos) Miramos a nuestro alrededor, la naturaleza, de la boca de nuestros ancianos escuchábamos historias y consejos porque sabíamos que si le faltábamos el respeto a algún adulto nos regañaban en casa y al final seríamos castigados.

Cuando pasaba un avión, todos los niños salíamos a verlo y le gritábamos a voz en cuello : Adiosssss Avionnnnn tira papelitossssssssss…vimos la televisión desde la banqueta por la ventana de la casa de un vecino..

Ni se diga de bañarse en un aguacero, en los charcos, y nos resbalabamos en las calles enlodadas eso era diversión pura.

Nos metíamos a la casa de nuestros vecinos y la mamá nos daba comida a todos, nadie cogía nada sin permiso y no se hacía tanto desorden porque siempre nos ponían a recoger.

Conocíamos a todos los vecinos y todos nos echaban ojo, como si fuésemos sus sobrinos, su familia.

Cómo quisiera que pudiéramos volver a esos tiempos porque estamos perdiendo a nuestros hijos en una sociedad sin respeto a la autoridad, la compasión y sensibilidad por los demás.