¡Ah! esos recuerdos

&.- Nos quedan los caminos de la memoria

 

Hace unos días leí una colaboración de la compañero Estela Davis en la que, nostálgicamente recuerda su estancia en la Ciudad de México –ahora- reseñando que el día primero de septiembre –el día del presidente- lo transformaban en una fiesta ya que por ser día feriado concurrían al Zócalo a disfrutarlo, comprando aguas frescas, palomitas, ponteduros, algodones. Reflexiona que todo aquello ya se terminó y ahora “el día del presidente” casi, casi es el día de los reclamos y protestas en periódicos y redes.

Cuando la leí, sonreí y -por la magia del pensamiento- me trasladé a la década del sesenta que me alcanzó, o la alcancé, trabajando en la escuela primaria Benito Juárez, hoy palacio municipal, en Cachanía. Me trasladé a los primeros de septiembre, al diez de mayo y la anécdota de los compañeros Adalberto Alcántar y Jerónimo Eligio Castro Cota.

En aquel tiempo la planta de maestros la formábamos las maestras: Llana Bareño, Lupe Vergara, Alicia Hernández, Irma y Bárbara Arciniega, Victoria Sánchez, María Luisa Salcedo, Felipe Ojeda, Arturo Apodaca, Adalberto Alcántar, Jerónimo Eligio Castro y un servidor. El técnico de sonido y grabadora, así como aparato de cine era el compañero Francisco Padilla  director de la escuela de Ranchería, pero que gustoso iba a donde lo llamaran.

Al salir a vacaciones de verano (julio y agosto) se adjudicaban las comisiones de los encargados para el protocolo del primero de septiembre, día del informe. Generalmente éramos los hombres los encargados. Una semana antes Padilla probaba micrófonos, bocinas y la grabadora que era de aquellas antiguas que parecían maletas cuadrangulares –la nuestra estaba forrada con tela verde jaspeada con blanco. Tenía los dos carretes -de plástico- como de 20 centímetros cada uno, en los que se enredaba la cinta para grabar. La cuidábamos como oro molido ya que nomás nosotros teníamos. En ella grabábamos pequeños textos o “spots” y partes de melodías mexicanas. Un día antes colocábamos el cableado hasta un árbol de la india de la plaza y allí horqueteábamos dos poderosas bocinas. Algunos despistados se detenían a mirar. El día del informe a nivel nacional se encadenaba y se escuchaba la voz del mandatario. Nos turnábamos para estar atentos en la plaza. ¡Algunas personas se sentaban en las bancas a escucharlo! Hoy el día del presidente se borró y solamente la alta jerarquía gubernamental lo escucha en pedazos… y el pueblo lo hace pedazos. Terminado el acto recogíamos los materiales ¡y a festejar el informe!

Para el diez de mayo, día de las madres, el protocolo era casi el mismo: en cada grupo seleccionábamos algunos alumnos para que leyeran pequeños pensamientos a la madre, incluso los niños decían su nombre, y casi se “iban al cielo” cuando lo escuchaban en la grabación. Para esta festividad participaban más las maestras: aleccionaban a los niños, la modulación, entonación, etc. Las maestras Irma y Bárbara –eran las jovencitas del grupo- grababan poesías y pensamientos. Algunas ocasiones Irma y un servidor, grabamos algunos poemas y canciones. La grabación empezaba con las mañanitas, luego pensamientos, canciones y poemas. Era todo un acontecimiento. Y también, el nueve en la tarde colocábamos las bocinas en los árboles de la plaza y a las cinco de la mañana del día diez alguien se encargaba de encender la grabadora. Era todo un acontecimiento. Por la mañana mucha gente se sentaba en la plaza a escuchar nuestro programa grabado en el aparato de mil batallas.

Hubo un tiempo en que salíamos a los pueblos a “dar películas” con el aparato que ya podíamos manejar todos. ¡Fue toda una época!

Y ya que ando en los vericuetos de la mente reseñaré lo siguiente: en Cachanía “casi” nunca llovía. Un día llovió por la madrugada y cuando llegamos a la escuela había muchos charcos. Entramos a los respectivos salones. Yo tenía sexto año, Alcántar quinto y Jerónimo cuarto. A la hora del recreo me llama Alcántar y me dice: “no crees qué me hizo el loquísimo del Mito (así le decíamos a Jerónimo) Llegó al salón. Se metió, me jaló y como me resistía me jaló más fuerte: “¡véngase profesor, venga a ver la belleza de la naturaleza!”  y hay me lleva casi corriendo a la canchita de la escuela…

Y ¿a qué crees que me llevaba Bobby? A que viera unos piches pájaros que se bañaban en los charquitos de la cancha. Casi le pego un guamazo. Y es que estuve remontado en Carambuche (está por Loreto) once pinches años y cada rato miraba a los pinches pájaros bañarse en los charcos. Mi correo: [email protected]

PASEMOS EL RUBICÓN: Y como reflexiona la compañera Estela Davis: “¡qué es lo que ha pasado!” Compañera: es la patria la que se nos desmorona entre las manos, es una patria sin sentido en la que no sé quién pueda sentir el juramento –sin sentido- que todavía dicen como letanía en las escuelas primarias y secundarias: “Bandera de México…”

Pero aún nos queda la memoria –que nunca nos arrancarán- para regocijarnos de episodios hermosos que todos tenemos en un rincón del alma, como nos cantó Alberto Cortés. Alea Jacta Est. 15-09-16