A Edgardo de la Peña

Jose Antonio Marquez Castro

En memoria

Conocí a Edgardo de la Peña en el año de 1967. Edgardo vivía en la Ciudad de los Niños, a un lado del Santuario. Ahí estaban las instalaciones y él trabajaba en la imprenta que era uno de los talleres que se habían organizado para dar ocupación a los jóvenes que allí estaban, y al mismo tiempo allegarse recursos para el sostenimiento de sus moradores.

No sé por qué estaba él en ese lugar. Nunca le pregunté, ni fue tema significativo, porque lo importante fue su amistad.

En ese año yo pasé a tercero en la Escuela Normal. En las instalaciones de la academia se hacía, con anterioridad, un órgano estudiantil que se imprimía en el mimeógrafo de la institución. A nosotros, los de tercer año, nos tocó la presidencia de la Sociedad de Alumnos. Entonces nos pusimos de acuerdo con César Boroel, de Mexicali, que en ese momento cursaba el segundo año. César Ramos, de Tijuana, era de mi generación, además de Ricardo Escopinichi, también de segundo año y originario, al igual que yo, de La Paz. Los cuatro jóvenes, entre 16 y17 años de edad, nos propusimos la tarea de profesionalizar la revista de la Sociedad de Alumnos.

Después de obtener la autorización del director, que en ese tiempo era el profesor Domingo Carballo Félix, nos sugirió que nos apoyáramos en un maestro. Propuso, pues, que fuera Eligio Moisés Coronado. Así fue. Nos acompañó en la elaboración de la revista hasta el mes de junio.

Hacer la revista en la imprenta era una tarea del tamaño del mundo, pero cuando te encuentras a personas como Edgardo siempre serán más fáciles. ¡Y lo logramos! Imprimimos nuestra revista. Ese trabajo nos valió que los periodistas de La Paz, en ese tiempo apenas formando la Asociación de Prensa y Radio APYR, nos invitaran a participar con ellos. Fue la tarde-noche de un fin de semana en el Hotel Posada, ahí por la Belisario Domínguez, en donde se llevó a cabo la reunión. Estuvieron presentes el señor Luis Cárdenas, de California Gráfica; el profesor Carballo, de la revista Palestra; asimismo, Gustavo Gutiérrez González y su hermano Víctor Manuel, de la XEHZ.

También estuvieron Armida Torres, Marisela Bustamante, y no recuerdo con exactitud si también estuvieron el profe Alfredo González y el profe Luis Dibene.

Hacer la revista fue una tarea de titanes. Cada mes había que buscar patrocinadores. Lo bueno era que el comercio paceño siempre fue solidario con nosotros y siempre apoyó. A la Proveedora Agrícola, por ejemplo, le anunciamos loa autos del 67 y 68; la empresa Pepsi Cola nos acompañó en todas las publicaciones. Hubo otros, muchos más, hasta Francisco King no apoyó en dos o tres ocasiones con media plana, anunciando la próxima inauguración de Canal 10.

Trabajamos en la Ciudad de los Niños los cinco ejemplares que alcanzamos a publicar. El último fue en junio de 1968, después vendría el relevo y otros compañeros continuarían esa tarea hasta que finalmente desapareció.

A Edgardo de la Peña me lo volví a encontrar en varias ocasiones, durante aquellos años; La Paz tendría unos treinta mil habitantes, así que no era difícil saludar con frecuencia a los amigos, cosa que ahora ya no sucede.

Con el tiempo él dejó la Ciudad de los Niños y fundó su propia imprenta, un edificio grande y moderno con el equipo necesario para trabar. Estaba sobre la calle Allende.

Después no lo volví a ver, pero siempre lo recuerdo con afecto. Fue un gran ser humano. Descanse en paz, y un abrazo solidario para la familia de Edgardo de la Peña.