Arturo Meza Osuna

LA REINA Y LUIS FLEISCHER (EL PAPÁ DE LAS BALLENAS)

“El papá de las ballenas”, es el apodo que le puso a Luis Fleischer, el Dr. Antonio Villafuerte pues fue Luis el primero que empezó a estudiar a la ballena gris de manera sistemática y metódica en los litorales del Pacífico Norte. Apenas salido del postgrado en mamíferos marinos en la Universidad de Washington, Luis, originario de la península de Yucatán, biólogo de la UNAM, actualmente residente en La Paz, se abocó a estudiar con métodos probados y aportaciones originales, desde 1978, durante 19  temporadas invernales: las rutas de migración, el número de ballenas que llegaban a nuestras lagunas, el ambiente físico, geográfico, geológico, ecográfico; la población de ballenas, el tiempo que permanecen en los complejos lagunares, la reproducción, el dimorfismo; la forma de alimentarse, de cuidar a los ballenatos, el viaje de regreso, en fin, el conocimiento profundo acerca de este mamífero que se encontraba en vías de extinción.

Se apostó casi dos décadas en Ojo de Liebre, junto con estudiantes mexicanos, estadounidenses y de otros países que deseaban participar en la investigación, viviendo en casas de campaña, en guardias de avistamiento 24 horas; con las incomodidades de una vida casi a la intemperie, solo atemperada por el entusiasmo y el afán de conocimiento, llevaría a cabo un trabajo monumental que está plasmado en el libro “La ballena gris: Mexicana por nacimiento” en la colección del Fondo de Cultura Económica,  “La ciencia para todos”. Primera edición 2002. Luis Fleischer ya tenía cinco años estudiando la ballena gris cuando la Reina Isabel II de Inglaterra visitó México; el 22 de febrero de 1983, visitaría La Paz.

Todo estaba preparado en el gobierno de Alberto Alvarado Arámburo, el recibimiento, los protocolos, la estancia, excepto que la reina, se supo, tenía un gran interés en la protección de la ballena gris y quería hablar con los expertos para encontrar la forma de, ella, influir ante los organismos internacionales. El único que podía hablar con gran solvencia de ballenas grises era el Dr. Fleischer que estaba en Ojo de Liebre. Ante la premura –al otro día llegaba la reina y su comitiva- envió al ya mítico avión del gobierno sudca, “El Pithayero” a que fueran por Luis y lo llevaran inmediatamente a La Paz. Así se hizo: el avión aterrizó en Guerrero Negro y enviaron a dos policías delegacionales a Ojo de Liebre por el biólogo que se sintió sorprendido por las prisas –órdenes del Gobernador- dijeron adustos los gendarmes. Ni hablar.

Apenas pudo tomar algo de ropa y en chanclas lo llevaron a Guerrero Negro, “El Pithayero” ya esperaba. Llegaron por la tarde a La Paz, Luis se dedicó a revisar papeles, acomodar diapositivas, fotografías, datos, estadísticas y encontrar ropa adecuada para el posible encuentro con la reina. El primer acto fue la cena de bienvenida en El Caimancito, lugar donde habría de pernoctar la reina. A media cena surgió su interés por las ballenas, Fleischer estaba listo, con discreción, arrimaron una silla y abrieron un lugar junto a la soberana que quería saberlo todo y Luis tenía las respuestas, la conversación se extendió hasta los postres, su majestad no paraba de mostrar interés de tal manera que la cena fue prácticamente una conversación sin interrupciones entre Luis y la Reina.

Mientras Fleischer se codeaba con Isabel II, en Ojo de Liebre, los estudiantes residentes se preguntaban por su profesor. Solo se sabían rumores: que habían ido unos policías por él, que salió con prisas; ¿A dónde fue? ¿dejó algún mensaje?¿se metió en algún lío? ¿Qué hacía la policía en el campamento? ¿hay algún problema?. Todos en ascuas siguieron su trabajo de montar las guardias, otear el horizonte, seguir ballenas, construir miradores; cuadricular la superficie, calcular tamaños, velocidades; preparar, reparar equipos, etc.

Había terminado la cena. La reina se quedó en El Caimancito y después de despedirse de sus anfitriones, los invitados se alojaron en sus recámaras. La reina seguramente, antes de dormir, caviló, tomó apuntes acerca de la plática con Fleischer, porque al otro día, muy temprano que la reina salió a pasear por la playa, preguntó por el Dr. Fleischer pues tenía más cuestiones, específicamente sobre el papel que ella podría jugar, ante los organismos internacionales y la manera de incidir en la conservación de la ballena gris, que llegaba, en esos momentos a tener una población mínima.

En efecto, Luis la acompañó por el paseo frente a El Caimancito, respondió a las preguntas, delineó una estrategia y posibles documentos para hacerse oír ante los países que consumían ballenas en las costas de Japón y de Noruega, sobre todo. La soberana finalmente agradeció a Luis sus informaciones, su dedicación, lo felicitó por su trabajo y se despidieron. Igualmente el gobernador Alvarado Arámburo quedó muy satisfecho por el trabajo del biólogo y preguntó como podría pagar ese inmenso favor, Luis le respondió, que llevándolo de vuelta a Ojo de Liebre, que ni tiempo había tenido de despedirse de sus estudiantes que, estarían preguntándose por él.

Así fue, en el mismo avioncito emprendieron el regreso, cuando llegaron a Guerrero Negro, ya los esperaba un vehículo para trasladarlo al campamento. Apenas llegó y los estudiantes se arremolinaron a su alrededor, preocupados, para preguntarle qué había pasado ¿A dónde fuiste? ¿Qué pasó? ¿Sucede algo grave?, mientras, Luis buscaba una respuesta más o menos convincente,  sobre todo, verosímil, creíble, pues responder la verdad: – estuve conversando con la Reina de Inglaterra- aparte del tono de broma, pondría en entredicho su salud mental.