EL ÚLTIMO JUEGO

Era el último juego de la serie mundial, empatados los equipos tres juegos a tres. Pegados a la radio que apenas se escuchaba la voz de Buck Canel entre el griterío de la afición, el rumor del estadio, el juego seguía empatado uno a uno después de cinco entradas, aun con los pitcher inicialistas que empezaban a dar muestras de fatiga, cada uno de los managers había puesto a calentar a sus mejores relevistas, un zurdo y un derecho por cada equipo.

-Tienes que llevar a tu abuela a la iglesia- dijo mi tía.

-¡En la madre!. No me acordaba. Mi abuela Narcisa apenas si se podía mover, sus rodillas cada vez más abiertas le pedían permiso una a otra para dar un paso. Además tenía que pasar por mi bisabuela Trini, la madre de mi abuela que aunque caminaba mejor, tampoco era una estrella de la caminata, ahí no paraba todo, también tenía que pasar por mi tía Lupe, hermana de mi abuela y obviamente hija de mi bisabuela, un poco más ágil pero mi abuela Narcisa las retrasaba, era cuando mi bisabuela les decía –apúrense, muchachas.

Todas vivían en zonas aledañas a El Chorizo, un largo bulevar de unos doscientos metros que terminaba donde estaba la capilla, destino al que debía guiar a mi abuela, bisabuela y tía abuela.

Con toda la muina del mundo, me dispuse a llevar a mi abuela a la iglesia. Aproveché que se cerró la sexta entrada para preguntar -¿ya estás lista, abuela?- si mijito- se escuchó en el fondo. Empezaba la séptima entrada: tomamos la rampa de la cochera y en la acera de enfrente, en la banqueta de la escuela, los Casillas tenían puesta la radio ahí pude enterarme del primer out, un fly largo que en un atrapadón cachó el jardinero central, era una buena entrada, venía a batear el cuarto bat.  Cuando llegamos a la nevería del Yigo, la radio estaba a todo lo que daba, los clientes habitualmente ruidosos del dominó, esa tarde estaban extrañamente callados. El segundo bateador se embasó con un toque perfecto y venía a batear el cuarto bat cuando ya estábamos frente a la tienda de Ricardo y Antolín Cota, el cuarto bat es ponchado pero el corredor de la primera se robó la segunda y se colocaba a punto de anotar si el siguiente, el quinto en el orden al bat daba de hit. Nada pasó, cuando ya dábamos la vuelta por la mueblería del Maistro de los cuadros. Había comerciales cuando llegamos a casa de la bisabuela nos recibió el viejo perico que decía -¡no está Trini, no está Trini!- la bisabuela colocándose el velo, increpaba al perico –si estoy, grosero-

Se cerraba la séptima entrada. El primer bateador pega de hit exactamente cuándo pasábamos por la casa de la Tía Nico en donde estaban el Yiguito y el Pachi escuchando, concentrados, el beisbol, enseguida vivía mi Tía Lupe, con hombre en la primera y sin out, el librito dice que hay que tocar. En efecto, el bateador se prepara para el toque, le sale una rolita al pítcher suficiente para avanzar a la segunda base. La Tía Lupe ya estaba esperándonos en el portal, el Santos tenía la radio encendida, ahí me enteré que el siguiente hombre al bat saca una línea dura por el short que hace un atrapadón y el corredor no se puede mover. El manager no está para más sustos, entra al terreno y llama a su relevista. Comerciales. Ya vamos los cuatro rumbo al Chorizo de nuevo, La Cutuy nos saluda cuando el relevista poncha al siguiente bateador y pasamos a abrir la octava cuando ya vamos por casa de Antonino Arciniega que escucha el juego en el porche sentado en un catre.

El primer bateador recibe base por bola, es quizás la expresión del cansancio del pítcher, pero el octavo en el turno es ponchado, el siguiente es el pítcher que el manager rival la tuvo que pensar si enviaba a batear a su pitcher con solo un out y hombre en la primera. El librito aconsejaba un toque para avanzar al hombre a la segunda y ponerlo en posición de anotar. Entraron comerciales porque el manager fue a ponerse de acuerdo con sus jugadores, a vamos frente a la casa de Quirino que escucha el juego es cuando ordenan el toque con bateador emergente, toca mal una rola fuerte al pitcher y doble play para terminar con la parte alta de la octava.

Inicia el cierre de octava, venía la parte baja del line up que no prometía gran cosa. Nuevo pítcher que empieza ponchando, el sexto bateador pega una rola fácil y out en la primera, el siguiente bateador es ponchado cuando pasamos por la casa de Genaro García. No me pierdo nada. Inicia la novena entrada. Tanto el primero como el segundo bateador son ponchados, el tercero un flojo flay al central, sin consecuencias cuando pasamos por la casa de Doña Martha. Viene el cierre de la novena y sucede lo mismo, los dos primeros bateadores son ponchados pero el tercer, saca un largo doblete tan largo como, el “se va, se va, se va” de Buck Canel que por poco es jonrón. Así se cierra la novena y nos vamos a extraining.

Cuando pasamos frente a la casa de Don Andrés Flores, se abre la décima entrada, se enfrentaba pitcher zurdo contra un bateador zurdo que había entrado de relevo, después de ponerlo en tres y dos, le dio la base por bolas, al siguiente bateador también lo pone en tres y dos, pero lo poncha. El siguiente bateador pega de hit, hay corredor en primera y en segunda. Venía a batear el pítcher. Era obvio que pondrían bateador emergente, al que le dan la base intencional para llenar bases, forzar outs o buscar el doble play. El cuadro se cierra. En eso vamos llegando al edificio de Teléfonos donde, afuera, dos empleados –supuse, vestían de azul panista- en un carro escuchan a todo volumen. Al bateador emergente le meten tres strikes seguidos por el puro centro. Hay dos outs. El siguiente bateador, empezó con una bola descontrolada que por poco se le va al cátcher, el corredor hizo el intento de avanzar, el segundo lanzamiento se lo acercó tanto al bateador que por poco lo golpea –se hubiera dejado pegar- dijo uno de los escuchantes mientras se empinaba la Ballena, el tercer lanzamiento parecía ya muy descontrolado, tanto que el coach de pitcheo tuvo que entrar a conferenciar rápidamente; así, los siguientes dos lanzamientos fueron dos sendas rectas por el centro y se puso la cuenta en tres bolas y dos strikes con las bases llenas.

Estábamos llegando a la capilla, entre el edificio de Teléfonos y la iglesia no había radio, la señal se perdía. Mis abuelas ignorantes del beisbol me habían preguntado ´-¿por qué tan serio? – ni siquiera sospechaban que venía emocionadísimo escuchando, por todo El Chorizo, con atención el juego. En la capilla había unas diez personas. El padre no aparecía.

De pronto, Doña Emilia, la mamá del Camote, pasa el frente – Se ha suspendido la misa, el padre está enfermo, vamos a rezar un rosario- dijo.

Salí desesperado a ver qué pasó con el bateador en tres y dos con bases llenas, ¡chin! los trabajadores de Teléfonos ya no estaban. Allá, en la casa del Negro Simón se escuchaba algo pero muy mal. En la parte de atrás de la capilla, se podía oír un ruido indefinido, me acerqué, agucé el oído, en efecto, era la serie mundial. La puerta estaba abierta, la empujé, ahora se escuchaba perfectamente. Había una silla con los enseres de la misa, el padre, en un rincón, de camisa azul panista, con una ballena envuelta en periódicos, escuchaba en la radio la serie mundial.