Arturo Meza Osuna

El legado de Marcos

Con motivo de la despedida del gobierno estatal actual y su titular, Marco A. Covarrubias V. como todos los gobiernos que terminan su gestión, días antes de entregar el poder a la siguiente administración, lanzan una campaña de promoción de sus  obras y realizaciones, de las cosas que salieron bien, de los rubros que se pueden resaltar, de cifras “sin precedentes”. Así, el gobernador se ha encargado de utilizar diferentes foros para, de viva voz, propagar sus mejores acciones, reconocer a sus colaboradores más aplicados y despedirse, entre vítores y aplausos de sus gobernados. Para abundar en esta campaña promocional, el ejecutivo estatal ha mandado hacer un folleto con el formato de la historieta, excelentemente ilustrada por el cartonista Marín –el del perrito que habla- llamado “El legado de Marcos”.

“El legado de Marcos” es un fascículo de 48 páginas cuya portada está encabezada por el gobernador y su esposa María Helena, en la que el hábil Marín, hace hablar al –a menudo- indiscreto perrito que dice: “…en tan solo cuatro años y medio se hicieron más obras que los otros en seis años”, en ese tenor, cuenta la historieta que, antes de empezar su gestión, Covarrubias y un comité se abocaron a llevar a cabo la planeación mediante un programa maestro (COPLADE) donde se involucran a los tres niveles de gobierno “y no por ocurrencia de una sola persona”. Institución por institución, rubro por rubro, el folleto va enumerando kilómetros de pavimento hidráulico, millones de litros de agua, millones de pesos invertidos, miles de viviendas construidas; muchas de estas cifras –como otros gobiernos- le agregan el calificativo de “históricas”: un gasto “histórico”, una cifra “histórica”, una decisión “histórica”.

El escepticismo viene de la idea promocional del folleto, es obvio que el objetivo es tocar los aspectos positivos, quizás ni siquiera mentir, pero lo que no salió tan bien en el cuatrienio y medio, simplemente omitirlo. Como dijo el fanfarrón fajador que solo contaba sus triunfos cuando le preguntaron por las derrotas: -eso que lo cuenten otros –algo que bien pudo murmurar el perrito de Marín-. Por eso, cuando en “El Legado de Marcos” después de tanto cantar victoria en electrificación, en caminos vecinales, en desarrollo ganadero, se acerca el rubro de la seguridad en la página 35, el morbo crítico se acendra para enterarse de que manera abordará el fenómeno de la violencia provocada por el crimen organizado, una violencia brutal que acaba de cumplir 365 días en La Paz; que se sabe muy bien cuando empezó y que parece, no tiene para cuando terminar; una violencia que ha dejado cerca de 150 muertos a tiros, otros tantos heridos, muchos de ellos, torturados, otros descubiertos en fosas; la mayoría de estos homicidios producidos  a la luz del día. Nada.

Pues nada. Nada dice “El Legado de Marcos” acerca de las balaceras paceñas. El libelo habla de otras cosas, del equipamiento, de la inversión en millones de pesos, de que somos el Estado con menos homicidios dolosos y que en dos años no ha habido un solo secuestro, luego emprende graciosa huida a Equidad de Género, Juventud, Deporte, etc.

Tampoco se refiere al estado de los ayuntamientos, con excepción de Los Cabos, quebrados y endeudados. No hay explicación acerca de los problemas municipales que han producido –en Mulegé- cortes de la carretera transpeninsular a causa de la desesperación de empleados municipales que no han recibido sus salarios por más de diez quincenas, “El Legado de Marcos” privilegia los programas estrellas del cuatrienio –y medio-: Pavimentación con concreto hidráulico, Valor Sudcaliforniano. Las lluvias, la mala calidad, la falta de mantenimiento –dice El Legado- requirieron inversiones “históricas”, igualmente sucedió con los caminos rurales y carreteras estatales. Prosigue con “Infraestructura deportiva nunca antes vista”, electrificación, vivienda, entrega de títulos de propiedad y cuando llega al capítulo del Desarrollo Sustentable, se envalentona con “No a la minería tóxica en BCS”.

Nada hay del estado de los municipios, como si fueran entidades independientes del ejecutivo. Ayuntamientos que venden parques, que se endeudan para pagar bonos y gasto corriente, que inflan las nóminas; alcaldes irresponsables, ausentes y omisos no parecer ser competencia del Gobernador. Mientras el turismo se eleva a la segunda potencia y la educación se luce con primeros lugares nacionales, “El Legado de Marcos” continúa con cifras alegres pero en el ayuntamiento de La Paz no recogen la basura por falta de salario y la gente les pone vigilancia a los regidores para que no favorezcan a las mineras con el cambio de uso de suelo en la Sierra de la Laguna. El gobernador parece estar ausente en los municipios.

Se entiende que  ”El legado de Marcos” es propaganda política, promoción de un gobierno, culto de la personalidad, afán de trascendencia, de salida por la puerta grande, pero cuando las omisiones son tan groseras, aparece el escepticismo, esa necesidad científica de poner en duda, hasta a las mejores y obvias realizaciones del gobierno.