EL INCREIBLE NANO FONG

Es de Sinaloa, ya con muchos años de residencia en Baja California Sur, de ellos solo 34 años en San Ignacio donde llegó en el célebre Circo Colonial de los Hermanos López. Era un chamaco que desarrolló una tremenda habilidad para mantener el equilibrio en la bicicleta, aunado a su creatividad e imaginación, al rato lo teníamos haciendo cabriolas de todo tipo, maromas, machincuepas cada vez con mayor grado de complicación –¡como para un circo!- exclamaban algunos. Pasó por el pueblo el Circo Colonial y en efecto, encontró trabajo manejando bicicletas que transformaba en monociclos y triciclos monstruosos con ingeniosas construcciones e increíbles ejecuciones. Pero le picaba el gusano del espectáculo.

La cantidad de especialidades del espectáculo circense que Emiliano –Nano- Fong ha cultivado son increíbles, además todas las hace bien, a ver: prestidigitador, cómico –no payaso- cantante, imitador, pulseador, trapecista, mago, faquir, compositor, etc. dotado de una energía interminable y una vena creativa que lo obliga a mantenerse despierto y anotar cada suceso, cada momento significativo para trasladarlo a unas libretas que siempre trae consigo. Aun así, es poseedor de una memoria prodigiosa, te puede recitar de corrido monólogos completos, obras de teatro, parodias de canciones, largas poesías.

Parecen mentiras que en un solo individuo quepan tantos talentos porque si nos salimos del  mundo del espectáculo a la vida doméstica encontramos que hay ahí también un albañil, un plomero, carpintero, jardinero, panadero, soldador etc. no hay oficio que al que no le sepa sus secretos y así, con esos saberes, construyó –a la entrada del pueblo de San Ignacio- un motel de diez cuartos y un restaurante en donde recibe a quien quiera pasar un buen rato escuchando las múltiples historias de la vida del gran Nano Fong, sus aventuras de casi cincuenta años en el circo, que fue su vida, que le debe todo lo que es.

Así lo conocí, en el circo, era el personaje más importante porque todo hacía. No era un López pero era el preferido del patriarca y pronto se agregó a las familia, casó con Cuquita López, una trapecista que le robó el corazón y aun comparten bilis y mieles. Era un tipo atlético, imponente, con una generosidad que demuestra con actos de faquirismo siempre a beneficio de la comunidad, en la construcción de escuelas, de albergues para ancianos, obras humanitarias a las que ya ha perdido la cuenta y de vez en cuando, por ahí han recordado que fue Nano Fong quien enterrado en la plaza durante 48 horas o dando la vuelta durante 24 horas en un monociclo, inició la construcción de tal escuela, de tal centro comunitario, de tal albergue.

Es una delicia pasar el rato en su compañía, nunca está quieto, siempre te mantiene alerta, además de una plática amena e interesante que adereza con un instrumento que saca quien sabe de dónde y entona las viejas canciones de ayer y recuerda –en medio de la canción- que tal melodía la cantaría así Agustín Lara y cambia la voz a la del músico poeta, o Tin Tan la cantaría de esta manera y sale la voz del gran cómico y recuerda cuando andaba en una gira con la caravana tal y sucedió en Guaymas, Culiacán o Torreón y no se acaban las anécdotas y luego sigue un chiste y de pronto te pasa la mano por la cara o las orejas y te aparece una moneda te saca un huevo o un ramo de rosas. La magia de nano Fong en medio de una plática formal.

Después de tanto andar, de observar como la tradición del circo se va perdiendo en el país, de un nuevo público que nace con la tele, con los celulares, con las computadoras, hace treinta y cuatro años que llegó con el circo y toda su familia a San Ignacio y ahí terminó todo, la carpa se fue horadando; el viento se la llevó, el tiempo terminó con ella, los cirqueros se dispersaron, Nano Fong se quedó en San Ignacio, mandó a sus hijos a la escuela, empezó a trabajar en cualquier cosa y pronto ya eran parte de la comunidad donde crecieron, se desarrollaron y de grandes fueron a las universidades, son profesionistas pero también desarrollaron el talento musical de su padre, forman actualmente el conocido grupo “Sal y Arena” de La Paz.

A sus setenta y tantos goza de una salud envidiable, el trabajo es su afición, se divierte siendo productivo. “mientras tu duermes, yo trabajo” dicen que le dijo a un criticón de su gusto por el dinero. Todo un personaje, de los que han sido bendecido con los talentos y los ha usado siempre en favor del prójimo, por eso es que le va bien.

Ha sido un factor de cambio en San Ignacio, donde las cosas suelen andar despacio, Nano Fong le ha dado velocidad, mueve a la gente, anima a la ejecución con música, chistes y buen humor.