EL CIRCULO DE LECTORES

Cuando salí de la Prepa me esperaban unas largas vacaciones en San Ignacio, salíamos en junio y si entraba a la universidad, entraría hasta el siguiente año, antes había que ir a la Ciudad de México a hacer el examen de admisión a la UNAM. Por suerte, Abel Aguilar, el cartero del pueblo se tuvo que incapacitar y en cuanto me lo propusieron, de volada acepté sustituir a Abel, muy requetebién me caerían las 10 a 12 quincenas para subsistir inicialmente en el DF… si pasaba el examen.

No había mucho que hacer, recibir las pocas cartas que llegaban, hacer la lista de las cartas “a lista de correos”, sellar de recibido las cartas que llegaban y entregarlas a su domicilio, el resto del tiempo era leer y estudiar para el examen. El administrador, Don Agustín Rojas, no era muy platicador. Sin embargo, los conocimientos enciclopédicos los había adquirido en La Paz. Éramos un grupo de  chavos que vivíamos para el lado del Choyal, nos íbamos a pie hasta la Prepa por la Morelos, toda Isabel la Católica, luego por Forjadores, éramos Ernesto Adams, Saúl Manríquez, Juventino Cota, Alán García, el Pilín, su hermano, y otros, una bolita de entre 8 y 10 jóvenes que desde que salíamos, más o menos por el Vallado, se iban agregando y nos íbamos haciendo preguntas de todo tipo, de literatura, de filosofía, historia, física, química, matemáticas, alguien lanzaba la pregunta y todos inmediatamente a tratar de resolverla. Así avanzábamos, camine y camine, pregunta y pregunta, solución, discusión y hasta pleitos se armaban en esa caminata peripatética.

Fue la mejor preparación, así que cuando fuimos hacer el examen de admisión, para todos, fue un día de campo. Lo pasamos fácilmente. Pero a la hora de tener que ingresar a la universidad, hubo una toma de rectoría que duró meses, el rector González Casanova tuvo que reniunciar, así que vamos de vuelta a San Ignacio, afortunadamente estaba vacante aun el puesto de cartero y seguí en la chamba.

Entre la correspondencia llegaban catálogos de librerías: de Porrúa, de El Caballito, de El Sótano, ahí me encontré con el catálogo del Círculo de lectores. Era diferente a todos. Estaba hecho a color, además de las novedades editoriales,  venían una serie de libros de “regalo”, éstos te los obsequiaban si lograbas reclutar a otro lector que encargara un libro. En el cupón, anotabas a tu reclutado y señalabas el libro que querías de obsequio. Mucho tiempo estuve pidiendo libros al Círculo de lectores, inscribiendo a quien se dejara.

El Círculo de Lectores nació en 1962, fue una idea de dos editores, un alemán y un español con el fin de hacer llegar lectura a todos los rincones, luego, en España implementó un sistema con agentes que llevaban los libros a domicilio, buena parte de sus clientes eran jubilados, discapacitados, ancianos. El Círculo creció, hizo su propia editorial, sus propios libros que eran muy bellos, forros artísticos, buenas fajas, el empastado fuerte, aguantador; hojas claras, letra grande, el catálogo era muy elegante, luego agregaron otros objetos que podía uno encargar a vuelta de correo como casetes, separadores, varitas de incienso, etc.

Hace casi 15 años, caminando por la Travessera de Gracia en Barcelona dimos, de casualidad, con el edificio del Círculo de Lectores, hacía mucho que había perdido la conexión con la editorial pero por el recuerdo de aquellos días de cartero en San Ignacio y las magníficas horas de lectura que me proporcionó, me atreví a entrar a ver, a ver que me encontraba. Había un salón con libros, los primeros libros que la organización editó, los primeros catálogos, esos que llegaban hasta San Ignacio, una empleada se acerca, seguramente vio mi cara de asombro, de satisfacción o lo que sea, así que le platiqué rápidamente mi relación desde 1972, cuando salí de la prepa, con la editorial.

Me presentó a otros ejecutivos que buscaron a Baja California Sur en el mapa, asombrados les encantó haber llegado hasta esos pueblitos que ni se imaginaban que existían. Me presumieron que llegaban a 62 países y hasta millón y medio de socios. Seguramente pensaron que, con mi testimonio y recuerdos, cumplieron con sus objetivos de llevar lectura hasta los últimos rincones. Fue una visita memorable.

El Círculo fue absorbido por la el gigante editorial español Planeta en 2010. Hace unos días fue noticia su desaparición. El modelo de negocio se agotó, la facturación disminuyó de 105 millones a 36 millones de euros en el último año, solo quedaban 300 mil del millón y medio de socios. Los cambios de hábito de lectura, la forma de obtener libros on line, acabaron con el Círculo de Lectores.

Vaya un recuerdo en éste Día del Libro a una gran editorial, por llevar la imaginación, la fantasía, el placer de la lectura, el conocimiento a todas partes, a esa vieja manera de obtener lectura que teníamos en los pueblitos donde no había librerías.