EL CAFÉ DE LUPITA

Instalado en los exteriores del tradicional Mercado Bravo, desde hace más de 20 años, el Café de Lupita ha sido punto de reunión de las más variadas personas que acuden, aparte de beber un buen café, por los más distintos motivos: desde hojear el periódico, ver pasar gente, acudir al mercado a comprar mercancía, saludar amigos o pasar un rato agradable con las conversaciones y discusiones que ahí se llevan a cabo, una verdadera ágora se ha convertido el Café de Lupita, donde se habla de todo, se cuentan chistes, se intercambian chismes y se fustigan a los políticos, incluso a los que ahí acuden a escuchar -en buena lid- lo que de ellos se dice.

Se puede ver ahí desde el jubilado que espera con ansias su retribución mensual y mata el tiempo, mientras tanto, en la comodidad; el profesor que por la tarde, después del trabajo acude a departir con los amigos; al periodista que mide el impacto de su trabajo en las críticas del público del café de Lupita; el fuereño que busca aquí y allá el centro neurálgico de La Paz; el bolero que pulula entre las mesas y mete su cuchara –impertinente- en alguna conversación; el profesionista que usa su tiempo libre para ampliar su visión de las cosas, el desempleado que desea hojear el aviso del periódico, el que desea retar a la suerte con un cachito de lotería, el que necesita que le laven el carro, los morros que juntan dineros para la graduación, limosneros,  músicos ambulantes, en fin, el desfile de personalidades y personas es infinito y en eso radica la riqueza de El Café de Lupita, uno de los rincones más democráticos y abiertos de La Paz.

Seguramente hay más sitios en La Paz, parecidos al Café de Lupita, donde los amigos acostumbran a encontrarse a simplemente conversar, recordar tiempos idos, actualizarse sobre la realidad, sentir el calor de la amistad y encontrar-sin la intención- la solidaridad en tiempos malos, saber que ha pasado con el otro, hacer, en fin, una comunidad en la que se extrañe a quien no acude y se preguntan que ha pasado y sienten unos y otros que se importan, es quizás una de las mayores realizaciones de la sociedad.

Entre mas civilizada es una comunidad, mayor es la interacción que hay entre sus miembros, se pueda ver en documentales, películas, novelas, el papel que tienen los cafés en Europa, por ejemplo, los cafés son puntos de encuentro donde tomar un café es solo un pretexto para la sociedad abierta, para la reunión que le da vida a una comunidad, además de la iglesia, la escuela, el club, el café extiende la familia y muchas más personas se conocen, confían entre sí, encuentran puntos de coincidencia o de desacuerdo civilizado y acerca las maneras de convivencia a la vez que forman muros sólidos contra la violencia, la delincuencia y el miedo.

La formación de grupos que se conocen entre sí, que se comunican y forman comunidad es veneno para los tiranos, lo primero que hace una dictadura es aislar a las personas, iniciar el toque de queda, evitar las reuniones, inmediatamente la policía empieza a dispersar cualquier asociación porque bien saben que la unión hace la fuerza y que una sociedad que se une es mucho más libre, más inteligente, más solidaria. El fascista odia a las comunidades que conviven con puntos de vista diferentes, prefieren el dogma y la unidad.

Pues esta comunidad variopinta con todo y su simpatía tiene – no podía faltar- sus detractores. Les molesta la reunión y la algarabía, se le ve con sospecha pero son los menos. No ha faltado quien ha acusado –ante el alcalde- a los cafeceros de invadir la banqueta o de conspirar contra el gobierno, la verdad es que en el Café de Lupita se conspira contra todo el orden establecido, iglesia, escuela, gobierno, ejército, familia, prensa, congreso y en efecto, contra el ayuntamiento y contra sus sucesivos y olvidables alcaldes.

Nunca han faltado los  políticos en  campaña, saben que el Café es un punto vital del puerto donde se mueve la opinión esa que llaman pública, por lo tanto del interés del político. Han ido y se le dicen sus verdades, porque entre los parroquianos cafeceros hay de todo desde  revolucionarios e institucionales pasando por monárquicos, socialdemócratas, chairos sin remedio, fans del PRIAN, evocadores de Echeverría, nostálgicos de mi General Olachea, emisarios del pasado, noliberales de la Cuarta, conservadores de Quinta, juaristas, cardenistas y de lo que usted guste y mande y todos tienen su opinión, a todos se le escucha; no falta la discusión exuberante, el discurso pródigo, la defensa apasionada de creencias, la búsqueda afanosa de la verdad, el chisme, la maledicencia, y hasta el desliz gracioso de la mentira. Después de escuchar los planteamientos de los cafeceros, los políticos saben que ahí, no van a conseguir votos.

Hay de todo y esa es su riqueza. Entre la variedad de puntos de vista se encuentra ese atisbo de libertad que se contrapone con la incómoda unanimidad del pensamiento único. Entre café y café se practica, sin querer, la democracia del ágora con la prestancia del foro romano