DELFINA, DEL MAZO

Hija de un albañil ella, el otro, heredero de una incalculable fortuna que viene de los tatarabuelos, señores de horca y cuchillo antes, ahora, políticos ejecutivos. Maestra rural ella, él graduado en esas universidades que Delfina no podía ni soñar pagar la inscripción; estudiante pobre Delfina que apenas acabalaba para el pesero, mientras él, Del Mazo, viajaba con chofer y carro relumbroso del modelo del año que viene. Todas las comodidades él, las novias, la alberca, los fines de semana a esquiar en Aspen al chalet de papi, ella, la incomodidad de estudiar en la litera, la falta de luz, los apuros de la familia, los abonos, la importancia de un peso, las compras cuenta chiles; las tarjetas de crédito doradas para él, la ignorancia del cash, el acceso obvio al dinero.

Una historia de superación y otra donde se obtiene lo que se cultivó. No podía ser menos que su padre , que su abuelo, un listón alto ciertamente pero con facilidades, ¿cuantas veces no le habrá pasado en zumba a Delfina que esperaba el camión para ir a la normal, cuantas veces Delfina tuvo que esquivar el charco por donde pasaba el mustang descapotable que papá regaló por reyes magos, cuantas veces a Del Mazito, el pequeño de los Del Mazo de Atlacomulco se le abrían las puertas –por ser hijo y nieto de ya saben quién- mientras se cerraban para Delfina perdida en el mar de gente trabajadora del Estado d México?.

Así crecieron y se desarrollaron dos individuos de lo más diferentes. Cuando del Mazo, el pequeño salió de la escuela se fue a trabajar a la banca privada, había estudiado en el ITAM, luego-como no podía ser de otra manera- en Harvard donde adquirió las habilidades para manejar dinero, en cambio, Delfina que había ido a la Universidad Pedagógica, encontró chamba de educadora en un jardín de niños de Texcoco. Mientras del Mazo iba y venía al trabajo solo esperaba que se le abrieran las puertas de las finanzas gubernamentales, Delfina batallaba con chamaquitos y en sus ratos libres se dio a la tarea de inscribirse en una maestría sobre el manejo de la educación a nivel institucional. Ya con la maestría accedió a un puesto importante en la Secretaría de Educación de su estado.

Las cosas iban muy bien para los del Mazo, Enrique Peña fue electo para la gubernatura del estado, el primo consentido se colocaba en una posición tal que facilitaba las cosas. En efecto, nombró a Del Mazito secretario de Turismo del estado, el resto sería coser y cantar, fue postulado para presidente municipal de Huixquilucan para acumular experiencia. Mientras Delfina conocía el territorio del estado de México, el primo ya empezaba a coquetear con la posibilidad de ser presidente. Sujeto de espectáculo y televisión su primo empezaba a escalar las candilejas mediante una fuerte propaganda que obligó al PRI a proponerlo como candidato, el resto fue marketing y desde luego, la suerte de Del mazo saltó a las grandes ligas de las finanzas gubernamentales y fue designado por su primo Director de Banobras donde dio rienda suelta a sus ideas financieras. Un desastre, echando a perder –dinero público- se aprende.

Delfina por su parte se destacaba como miembro de la sociedad civil, con más de 30 años de conocimiento de la región se postuló para presidente municipal de Texcoco. Fue la primera mujer en ocupar esa responsabilidad, para eso Del Mazo ya era cuestionado por su apego al financiamiento privado con dineros públicos, el famoso capitalismo de cuates tan común en el   país. El grupo Higa estaba metido en el asunto. A Delfina se le acusaría después de entregar cerca de medio millón de pesos a una organización política afín a su candidatura.

Ambos llegan a la cámara de diputados, Delfina pidió permiso en la alcaldía para competir por una diputación federal, Del Mazo renunció a Banobras para lo mismo. Dos vidas con orígenes y desarrollo tan diferentes se encontraban con los mismos afanes y todo parecía indicar que compartirían destinos cuando al renunciar ambos a la curul federal se postularían para la gubernatura del Estado de México con ventajas obvias para Del Mazo, visto de esa manera Delfina no tendría ninguna posibilidad, veamos. De familias de gobernantes, eran sus ambientes, la gubernatura le correspondía por herencia; el PRI nunca ha perdido el Estado de México, es un bastión priista, es el estado del presidente; la elección es coyuntural, el presidente no la puede perder; por lo tanto, es una elección de estado; el presidente su primo querido tiene demasiados intereses en la elección mexiquense.  Así las cosas Delfina nada tenía que hacer. No fue así.

Con todo y las características de una elección de estado, las encuestas siempre fueron parejas, llegaron al día de la elección en un empate técnico. La elección se desarrolló en medio de un gran nerviosismo del presidente y su gabinete, los números que salían del PREP y de encuestas de salida no eran tan contundentes. Finalmente sucedió lo que tenía que suceder, el PRI se alzó con la victoria según las instituciones electorales. No podía ser de otra manera.