Sanciones * Reses irresponsables

No se en qué cabeza se gestó la brillante idea de “legislar” — como si el problema fuera de leyes ¡linda cosa!– de sancionar con multas de 40 hasta 80 mil pesos a los ganaderos y rancheros dueños del ganado que se vean involucrados en accidentes automovilísticos en carreteras, cuando éstos están a punto de su extinción; la propuesta por si misma es aberrante, insostenible, fuera de contexto.

Los diputados locales que traen entre manos sacar dinero hasta de las piedras — caso de Herminio Corral– no sólo exhiben un terrible desconocimiento de lo que significa el ranchero y el ganadero, sino de la historia misma del Estado, forjada en el rancho. Peor, cuando pasan de lado el grave estado de indefensión y extrema pobreza en que los han postrado las políticas neoliberales impuestas en el país desde hace más de cuarenta.

Hoy el ranchero y el ganadero navegan a contracorriente enfrentando la insensibilidad y el importamadrismo del gobierno, que hace hasta lo imposible por borrarlo de la faz de la tierra; la globalización y el “libre mercado” han obrado en contra traducidos en una serie de leyes secundarias y manuales de “manejo de operación” aplicados a través de SAGARPA, lo cual ofrecen un claro y desolador testimonio de que el ni el ganadero y ni el ranchero están en las prioridades del gobierno.

El gobierno de Enrique Peña Nieto estableció nuevas reglas del juego para el ganadero; el ganado debe ser “areteado”, facturado y transportado con guía, y para poder cumplir con los nuevos requisitos, créanme que es un verdadero vía crucis; demostrar la propiedad del rancho o predio ganadero, el origen del ganado, las coordenadas exactas de las zonas de pastoreo certificadas por una autoridad, etc., sin siquiera establecer medidas compensatorias con el propósito de que el ganadero se prepare ante la devastadora competencia; de hecho el precio del ganado regional es mucho más bajo que el de importación (introducción).

Con todo y las nuevas “reglamentaciones”, el ganadero más poderoso se come al más débil y el débil desaparece, y que decir del ranchero tradicional que lleva más de 50 años realizando auténticos actos de sobrevivencia; malas lluvias, competencia voraz, forrajes caros y sin ningún apoyo gubernamental lo han convertido en blanco favorito de políticos sin escrúpulos como los que proponen que el ranchero y el ganadero se haga responsable de los daños causados por el ganado en accidentes carreteros con multas que van de los 40 a los 80 mil pesos, además de matarles el ganado. ¡Increíble!.

No obstante la burocracia voraz, la corrupción sin llene, la abulia y la no aplicación de la ley, aunada a las nuevas reglamentaciones, el abigeato sigue siendo un problema que lacera al ranchero y al ganadero a lo largo y ancho del estado, sin que exista autoridad que lo frene. Si los diputados que han externado la extraordinaria idea de sancionar a los ganaderos y rancheros dueños del ganado que se vean involucrado en accidentes automovilísticos en carretera, y después de matarles el ganado imponerles multas hasta de 80 mil pesos, sencillamente no tienen progenitora.

Porqué, en lugar de querer joder al más jodido no voltean hacia este sector desprotegido y recomiendan estímulos, políticas públicas orientadas en beneficio del ranchero y del ganadero, medidas compensatorias, etc., que les permita hacerle frente a la despiadada competencia en mejores condiciones. En 1994, el gobierno de Guillermo Mercado creó,  en beneficio de los sectores productivos del estado, — Comité de Promoción Económica, al interior de la Secretaria de Desarrollo del Estado– que obligaba a las empresas adquirir una cuota mínima de los productores que localmente se producían con el fin de estimular a los productores locales, contrario a lo que ocurre actualmente donde todo es traído de otros estados en perjuicio de la planta productiva y de miles de productores locales.

Recuerdo que en ese tiempo leche Caracol y los ganaderos enfrentaban serios problemas para comercializar sus productos en el mercado local ante la despiadada competencia, la abulia y la corrupción de las autoridades que priorizaban los productos traídos de otros estados por encima de la producción local. Este problema provocó que leche Caracol no solo se saliera del mercado sino que estuviese a punto de ir a la quiebra como sucede actualmente.

No está demás recomendarles, sugerir e insinuarle a los sabios y justos diputados que quieren joder al más jodido, que revisen la historia del estado sobre que se ha hecho en el pasado — de ese pasado que tanto cuestionan– y se ilustren un poco en aras de proteger nuestra endeble planta productiva para no sigan promoviendo, exhibiendo ni haciendo tanta pendejada. ¡Échense ese trompo a la uña!.

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