Comunidad de sangre

* Del Misionero P. Juan de Ugarte

* ¿Y los panes?

 

De “La California jesuita”, obra de reciente publicación al amparo del archivo histórico Pablo L. Martínez, cuyo compendio y constatación de los textos originales de las cartas de los misioneros; Salvatierra, Venegas, del Barco y Baegert, estuvo a cargo del escritor Leonardo Varela Cabral, rescató una graciosa anécdota contada por el propio misionero P. Juan de Ugarte, referente a la ingenuidad del indio californio.

Recién fundadas las misiones jesuitas de Loreto y San Javier, y estando al frente de esta última el Padre Juan de Ugarte, aprovechando que un indio residente de San Javier había ido a San Loreto, de ahí le enviaron dos panecillos y una carta al P. Ugarte a San Javier, en la que le daba cuentas de las últimas noticias en Loreto y enviababan dos panecillos con el indio (lo cual en aquel tiempo era un especial regalo por no hacerse harina de la otra banda de l mar). El indio en el camino probó el pan, y como le supo bien, fue comiendo hasta que acabó con todo, creyendo que, como iba sólo nadie lo sabría. Llegó a San Javier, y entrego su carta al P. Ugarte quien, viendo lo que en ella le decían, dijo al indio que le entregase lo que en Loreto le dieron que trajera al padre.

Respondió que nada le habían dado. Replicó el padre que le habían entregado dos

panecillos. Volvía a decir el indio que nada había recibido. Y, como el padre aún intase sobre lo mismo, pregunto al indio “¿pues quien dice que me han entregado eso para ti?”.

“Esto lo dice”, respondió el padre, mostrándole el papel. Admiróse el pobre neófito de que una cosa tan pequeña. Y tan delgada supiese hablar. No obstante, dijo que, si el papel lo dice, miente.

Dejóle con este al padre, conociendo lo que había sucedido. Pasado algún tiempo, volvió a repetirse el caso, porque, habiendo ido a Loreto el mismo indio, y encargándole allí de llevase al padre Ugarte no sé qué comestibles, con carta en que avisaba lo que le remitían, el portador en el camino quería comerlo, pero tenía miedo a la carta, de quien ya tenía experiencia le avisaba al padre lo que pasaba. Más, apretándole la ansia de comerlo, se aparto un poco del camino, puso el papel detrás de un peñasco y, escondiéndose él en otra parte, comió todo lo que llevaba y, acabado, fue a tomar su carta, y con ella prosiguió el camino. Llegado a San Javier, el padre Ugarte, leída su carta, le reconvino para que entregara lo que en Loreto le habían dado. Respondió que a él no le habían dado nada. Replicó el padre que él sabía bien que le habían le habían entregado tal cosa, para que la trajera al padre. “Quién lo dice”}, pregunto el indio. “Este lo dice”, respondió el padre Ugarte mostrándole el papel. “Pues este miente”,

repuso el otro; “la otra vez es verdad que yo comí el pan delante de él, más ahora yo lo escondí y me puse donde él no me viera; pues si ahora dice que yo lo comí, miente; porque él no me ha visto comer ni sabe lo que yo hice”. Transcripción integra. P. 106, “La California Jesuita”. Alejandro Varela Cabral, Noviembre 2016. Archivo histórico Pablo L. Martínez.

El libro, que me lo obsequió recientemente la Mtra. Elizabeth Acosta Mendía, Directora del Archivo Histórico Pablo L. Martínez, se refiere como lo anotamos al principio, a las cartas de cuatro misioneros jesuitas que compendia y constata el joven Varela, tras un extraordinario esfuerzo editorial que le dan vida propia a cuatro misioneros claves durante el periodo jesuita en California.

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