ABCdario / Tiempos de vacas gordas

Por Víctor Octavio García

 

1993 fue uno de los últimos años que BCS registra buena salud económica; durante varios años se conserva un record de captura de 147 mil toneladas de escama (pescado) que se había alcanzado durante el gobierno de Alberto Alvarado; el garbanzo se exporta a España con excelentes dividendos, la ganadería vive un crecimiento similar al registrado durante la época jesuita de Manuel de Ocio y Benigno de la Toba, despunta la inversión turística y los servicios; las empresas mineras como exportadora de Sal de Guerrero Negro y de yeso en isla San Marcos hablan de proyectos de expansión, justo en los estertores del fin de la fayuca (zona libre) que marcan el fin e inicio de una nueva época.

En ese año con menos población que hoy –26 años de distancia– en el rastro de La Paz ubicado en el Mezquitito se sacrificaban 180 cabezas de ganado los lunes y los sábados y entre semana un promedio de 110 a 120 reses; existía una oficina de regulación económica dependiente de la Secretaria de Desarrollo Estatal que priorizaba políticas públicas orientadas a proteger a los productores locales estableciendo cuotas de introducción o exportación de productos cuando la producción local era deficitaria; la leche Caracol tenía escasos años de instalada en el valle del Vizcaíno, así que se garantizaba la venta de su producción de lechera y el faltante para cubrir la demanda local se autorizaban cuotas para introducirla del macizo continental o bien importarla de Estados Unidos; los sectores productivos, el sector laboral y el gobierno habían hecho buena empatía y el estado registraba desarrollo y crecimiento.

Hoy 26 años después solo el recuerdo queda; de las 120 cabezas de ganado local que se sacrificaban diariamente en el rastro no pasan de ocho o diez reses diarias; ya no se siembra garbanzo mucho menos se exporta, leche Caracol enfrenta una de las competencias más despiadadas en su corta existencia, la fayuca se acabó, exportadora de sal de Guerrero Negro vive su peor crisis, bajó drásticamente la producción de yeso en isla San Marcos y el turismo crece y crece secando nuestro acuífero sin que las autoridades les exijan medidas compensatorias; la pregunta ¿en qué momentos nos perdimos?.

Hoy la principal prioridad que demanda nuestro pujante y desigual desarrollo es el agua; construir obras hidráulicas a lo largo y ancho del estado; todo depende de la capacidad que se genere para retener las aguas broncas y que recargue el acuífero para poder trazar proyectos de desarrollo viables, sin agua no hay proyecto de vida ni de desarrollo posible; en 1932, luego de una sequía que duró 7 años –1925-1932– hubo un sudcaliforniano con visión y compromiso con su tierra, Gral. Juan Domínguez Cota, propiamente sin escuela, que echo andar un modesto plan hidráulico construyendo represas en Agua Caliente, Boca de la Sierra, gaviones en Caduaño y Santa Anita, canales de irrigación en San Isidro-La Purísima y en los Comondús; San Miguel y San José de Comondú que permitieron darle viabilidad al proyecto del entonces territorio a lo largo de varias décadas.

Hace poco conocí alunas modestas y tricentenarias obras de irrigación construidas por los jesuitas en San Javier, san Luis Gonzaga y en san Miguel y san José del Comondú que después de más de trescientos años siguen cumpliendo su función reteniendo y transportando agua hasta las zonas de riego; las obras que dejo Juan Domínguez Cota construida en los años 30’s dejaron de ser operativas porque jamás se les dio mantenimiento, riesgo que corre la obra hidráulica impulsada por Alberto Alvarado que por celos políticos únicamente se materializaron en cuatro monumentales obras de granito; la presa de La buena mujer, San Lázaro, Santa Inés y el Iguajil, mientras los sudcalifornianos clamamos por agua; ojalá que las autoridades reparen y sumen sus esfuerzos, incluidas las fuerzas vivas, partidos políticos e instituciones de educación superior, en armar un proyecto hidráulico de gran aliento que garantice el agua a las presentes y futuras generaciones, en el entendido que el pasado no existe y el futuro es de las siguientes generaciones. ¡Qué tal!.

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