ABCdario / Raúl Pedrín Trasviña

Por Víctor Octavio García

* Los números de uno en uno en un hasta el millón

Entrega publicada el 16 de agosto de 2018, en su honor, misma que reeditamos como un homenaje póstumo al maestro, al amigo y al sudcalifornianos que se nos adelantó: Descanse en Paz Raúl Pedrín Trasviña, el último gavilán.

 

Hace tiempo me platicaron una inédita anécdota del profesor Raúl Pedrín Trasviña, amigo de muchos años, muy apreciado por un servidor, que compartiré con ustedes con autorización del protagonista. Recién egresado de la Benemérita Escuela Normal Urbana, profesor “Domingo Carballo Félix”, corría el año de 1956 siendo asignado a Santa Rosalía donde fue puesto frente a grupo impartiendo 1er. año durante cinco años y tres años 6to grado, buen maestro según me dicen, muy recto, estricto, excelente pedagogo pero muy regañón; ya desde ese entonces le gustaba tirar piola en el muelle, afición que aprendió con su amigo de toda la vida, Raúl Olachea Lucero (QPD), quien también le enseñó hacer queso de ardilla en el paraje de este último en El Pedregoso.

Todos los días llegaba puntualmente a la escuela siendo el último en abandonar el aula; varias veces fue felicitado públicamente por la directora del plantel, profesora Josefina Flores Estrada, por su desempeño y resultados frente a grupo; en ese tiempo había muchas caguamas –no estaban vedadas como ahora– y entre las aptitudes nuevas que aprendió en sus salidas a pescar fue tejer redes “caguameras” y “tiburoneras”, de suerte que pescadores de Palo Verde, San Marcos y Punta Chivato, seguido le mandaban hacer redes, en ocasiones hasta pescadores de la entonces despoblada pacifico-norte; fue tal la demanda de redes “caguameras” y “tiburoneras” que Pedrín se vio en la necesidad de tejer redes en el salón para poder abastecer los numerosos pedidos; en cuanto iniciaba la clase les ponía de tarea a sus alumnos hacer los números de “uno en uno hasta el millón” mientras tejía redes.

Hace dos años le confeccionó un “chinchorro” a Enrique Beltrán Salcedo –Kiky Beltrán–, que fue su alumno en 6to año en Santa Rosalía, sin que el Kiky hasta la fecha sepa contar o multiplicar, eso sí la red “camaronera” que le hizo es igual o peor de depredadora que los arrastres con “chango”; pero el alumno se siente feliz y soñado con el “chinchorro” aunque de números sepa poca cosa y poca cosa agarre con el “chinchorro”, como dice su mamá, María Luisa Salcedo de Beltrán; hoy maestro y alumno son uña y mugre en la pesca y cacería, donde hacen más “guasanga” que agarrar buenas presas.

En una ocasión salimos de cacería los tres, Raúl Pedrin, Kiky Beltrán y un servidor a “Flor de malva”, donde nos habían dicho que andaban unos “hijuelachingadas” de varios picos; llegamos a “Flor de Malva” como a las cuatro de la mañana, razón por la que nos vimos obligados a echarnos un “coyotito” (dormir) arriba del carro hasta que aclarará para comenzar a caminar, con tan buena suerte que el maestro y el alumno a las 9 de la mañana ya habían “tumbado” un “hijuelachingada” de 12 picos; a decir de Pedrín, el venado se le puso de “corbatita” (pecho) en una loma pelona; precioso ejemplar — como los que “tumba” Emilio Cosio y su compadre Ángel Gajón–; de trofeo, el pedo fue “paletearlo” hasta el carro; a duras penas entre los tres logramos arrimarlo a un cardón para medio colgarlo y sacarle los “dentros” llevándonos todo un día acarreando en pedazos el “hijuelachingada” hasta el “paraje” porque no pudimos “paletearlo”.

De los niños –en aquel entonces– que les dio clases en Santa Rosalía cuando tejía redes “caguameras” y “tiburoneras”, muchos solo saben contar de uno en uno y se les dificulta hacer operaciones grandes o multiplicar con varios dígitos, eso sí son expertos en cubicar haciendo gala del uso del “Pi2” (pi al cuadrado), y los más de tanto verlo y ayudarlo a tejer y destender redes en clases, aprendieron el difícil arte de tejer como Penélope, la célebre reportera que destejía de noche lo que tejía de día.

A sus 80 años, el profesor Raúl Pedrín goza de un ánimo privilegiado no obstante sus serios problemas de próstata; todas las tardes se la pasa jugando mallila en club de caza tiro, y pesca Gavilanes, donde es socio y asesor permanente de los últimos presidentes del club; un gran maestro aunque haya enseñado a sus alumnos a contar de “uno en uno hasta el millón”; su pasó por las aulas dejo huellas imborrables e imperecederas. Vaya desde este modesto espacio un humilde reconocimiento al maestro y al amigo, Raúl Pedrín Trasviña, de los viejos misioneros de la educación que hicieron de la tarea de educar un apostolado, forjando numerosas generaciones particularmente en bien de sus familias y en bien del estado. ¡Felicidades! Profesor, que el Señor lo siga protegiendo con sus bendiciones; gracias, muchas gracias por su invaluable aportación a la tarea educativa en el estado. ¡Enhorabuena!.

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