ABCdario / ¡Qué tiempos aquellos! Perdido

Por Víctor Octavio García

En menoría de mi entrañable amigo Manuel “Meño” Meza González, descanse en paz.

Hace unos años, Manuel “Meño” Meza QEPD, me platicó de una “perdida” que se dio en el monte, dos días y una noche sin saber dónde diablos andaba; salió junto con su compadre José “Titi” Talamantes a buscar –“campear”– un toro mascarillo que tenía tratado; en cuanto se internaron en el monte se repartieron las zonas que “peinarían” en aras de abarcar más terreno; el toro tenía apenas un año en su rancho, lo había comprado en un rancho que queda al pie de “La bajada del venado” en la zona de La Purificación, varios cientos kilómetros de distancia, en plena sierra; un torete tresañero de buena alzada y mejor peso; llevaba “lonche” para un día; tortillas de harina, un termo de café, queso oreado, un pedazo de carne seca y agua, un mecate “liado” en los hombros como carrillera, un machete sobre la cintura y un sombrero de palma; Manuel agarró por unos lomeríos y ancones que nunca había andado aunque se le hacían medio conocidos, muchos años atrás, en su infancia había caminado esa zona con su papá acarrearon carbón que quemaban los Ortega en la zona de “Los Peludos”, sobre la cordillera de “Los Filos”.
Manuel era bueno para andar en el monte –varias veces camine con él–, de los que le rendían las caminadas, no porque anduviera “recio” sino porque sabía cortar “atajos” y no paraba desde que agarraba la caminada; ese día, no conociendo la zona se hizo al monte con el firme propósito de agarrar el torete, en ocasiones pasaba por ancones y faldas que se le hacían medio conocidas pero hasta allí, ah pero cuando cayó en una hondonada de escaso monte y enormes piedras –estilo San Bartolo– su “reloj del tiempo” retrocedió y lo hizo recordar, cuando en esa misma zona le platicaba su papá, le había caído un “lión” (puma) a una mula cargada con cacaixtles de panocha provenientes de La Purificación, allá por los años 40’s, dice Manuel que cuando se acordó se le enchinó la piel y siguió caminando buscando “sestiaderos” de ganado; ese día camino hasta que calculó que le alcanzará la luz del día para su regreso al rancho, sacó el galón de agua que llevaba para echarse unos sorbos de agua y de golpe sintió que se desvaneció, se recostó sobre un frondoso chilicote a esperar que le pasara la “taranta” para regresarse al rancho.
Cuando sintió que estaba medio estable ¡fierros! pal rancho todavía con un ligero dolor de cabeza, había caminado menos de una hora cuando vio que el sol estaba por meterse, busco un “limpio” y arrimó leña para hacer una “lumbrada” antes de que cayera la noche, mientras el dolor de cabeza no cesaba, se sentía “tembeleque”, se buscó cerillos en las bolsas de la camisa y el pantalón y nada, el no fumaba tampoco se acordó de llevar así que de nada le sirvió arrimar leña, todavía no se ubicaba del todo bien dónde diablos estaba aunque sus reacciones eran más o menos normales, agarró el machete y comenzó a cortar brazos de vinorama y formó un circulo con las ramas para protegerse de los animales –como en la tribu masai– y se metió en medio, dice que las primeras horas durmió –descansó– porque andaba “trajinado” pero a media noche lo despertaron los aullidos de cayotes y un par de lechuzas que parecía gente que estaban platicando, ya no pudo dormir por los ruidos y el frío que comenzaba a calar en la madrugada, era a principios de junio cuando el calor aun no arreciaba y el frío ya había bajado.
Al día siguiente en cuanto “aclaró” vio “juellas” de “lión” (puma) alrededor del cerco de brazos de vinorama y el par de lechuzas que no le dejaron dormir sentadas en un brazo de cardón, sintiéndose mucho mejor ya sin el dolor de cabeza le dio pal rancho, caminó todo ese día sin probar bocado y haciendo rendir la poca agua que le quedaba buscando “sestiaderos” hasta cerca de las cinco de la tarde cuando a lo lejos escuchó ladridos de perros hasta que se topó con su compadre José “Titi” Talamantes y Pancho Higuera que habían salido a buscarlo en bestias, fue hasta entonces que probó bocado; michas –tortillas de harina tipo gorditas amasadas con panocha– fríjol, queso oreado, café, mucho café y agua; el bastimento (comida) la llevaban en los cojinillos de las monturas; su compadre José se bajó de la bestia para que se viniera montado y él a pie, llegaron al rancho cerca de las ocho de la noche donde Manuel, a la vera de una “lumbrada” cafeceando les platicó lo que le había pasado; días después fue a ver al Dr., quien le ordeno hacerse análisis saliendo con diabetes (azúcar), triglicéridos, colesterol, ácido úrico y presión alta, que fue lo que le provocó las “tarantas” y desvanecimientos en el monte, después el mismo hacía chistes y decía que en los análisis había salido con todo menos con vergüenza. ¡Qué tal!.
Para cualquier comentario, duda o aclaración, diríjase a victoroctaviobcs@hotmail.com