ABCdario / López Mateos y la revolución

Por Víctor Octavio García

Cuando estalló el movimiento ferrocarrilero en 1958 –que marca los inicios de los movimientos reivindicatorios (cíclicos) de las izquierdas en el México post revolucionario– los reporteros le preguntaron al presidente Adolfo López Mateos, “señor presidente, usted como se define, como un presidente de derecha o como un presidente de izquierda” a lo que contestó; “como un presidente dentro de la revolución, centro progresista”.

La repuesta de López Mateos de hace más de sesenta años no sólo se perdió en la retórica de los clásicos (estudioso) de la política sino del zoon politicon, el “centro progresista” al que se refirió hace más de sesenta años, de manera muy eventual y esporádica sedujo algunos países europeos y naciones del sur del continente americano hasta radicalizarse los movimientos de derecha y de izquierda que hoy vemos reivindicados como nunca. ¿Qué fue lo que pasó?. Que al quedar ese vacío sin llenar, los extremos se compactaron radicalizándose la lucha política por el poder ubicándose ya sea en la derecha o en la izquierda. ¡Qué tal!.

La radicalización de la lucha política por el poder alcanzaría su máxima expresión con los golpes militares asestados a favor de la derecha, las dictaduras y el populismo implantado en beneficio de las izquierdas, movimiento o corriente del que no fue ajeno el tío Sam (Estados Unidos) con la llegada del ultraconservador y clasista Donald Trump a la presidencia; en nuestro país el espectro político partidista se atomizo en un sinnúmero de expresiones que cada vez tienen menos que ver con el centro progresista sino como expresiones religiosas, de género e incluso con el medio ambiente, una vez más los extremos se compactan.

Pareciera pues que el término mismo de centro progresista no existiera; la tercera vía de la que hablaba Carlos Salinas en los 90, que no es más que la renovación de la socialdemocracia que tanto furor despertó entre críticos e izquierdistas, tampoco es una corriente que converge en el centro progresista, es en el mejor de los casos la que más se aproxima a los propósitos de mantenerse alejados de los extremos.

El sábado pasado desayune con Gustavo López, Coordinador del PES en el estado y le compartir mi inquietud sobre el centro progresista, ellos como PES están por obtener su registro como partido político en julio de este año y su registro aparecerá con el mismo nombre, éste no varió para nada, muy lejos de ubicarse en el espectro político centro progresista, en ese sentido se ve que los nuevos partidos que están surgiendo al amparo de la 4T no dan ninguna respuesta o salida al sentido reclamo social que castigo al PRI, al PAN y a los partidos tradicionales, al no poder precisar el rumbo que tomábamos o bien, extraviarse de sus proclamas, estatutos e ideología que por décadas les dio un lugar privilegiado en la lucha plana por el poder; llegará en momento que no bastaran los votos para satisfacer al electorado, mucho menos a nuestro inacabado sistema de partidos ni al frágil sistema democrático que hoy vivimos.

Hoy, esa derecha que se define por caprichos de un resentido social, en conservadores y en el mundo de las confrontaciones de la derecha y de izquierdas en chairos y fifís, en buenos y malos; no es la lucha ideológica la que amenaza nuestro frágil sistema electoral y de partidos, sino el resentimiento direccionado por políticos banales que viven y han sacado partido al hartazgo y a la división de la sociedad hoy estigmatizada entre buenos y malos; qué lástima que los partidos políticos que en algún momento se ubicaron y trabajaron desde una posición centro progresista hayan abandonado sus propósitos, y más lástima que los nuevos partidos, lejos de ideologías y posicionamientos claros en favor de una mejor convivencia social y política le apuesten al encono, a la división y al hartazgo. ¡Échense ese trompo a la uña!.

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