ABCdario / La caída del “lión”


Por Víctor Octavio García

En memoria de mi recodado amigo Manuel “Meño” Meza, que Descanse en Paz.

Lo que hoy les compartiré me lo contó Manuel “Meño” Meza hace ya unos años, él murió en septiembre de 2005 relativamente joven, quizás unos cincuenta y cinco años de edad; viejo venadero y experto “juellero” con el que salí varias veces motivado a conocer cómo le hacía para saber cuándo una “juella” era de venado o venada, tamaño, si iba de travesía, la hora que había pasado, si iba broteando (comiendo) o quería echarse y lo más increíble, dónde lo encontraríamos, en realidad no aprendí nada excepto a identificar las “juellas” de las crías, las venadas grandes y los venados de buena alzada; “Juella” que seguía animal (venado) que agarraba.

Un poco mítico, no le gustaba salir cuando iban muchos, normalmente cazaba solo –no sé si para no compartir la presa–, yo hice buenas migas con él, me toleraba e incluso tenía paciencia para explicarme los misterios de las “juellas”; un día según me confió, “acampó” con un compadre y otro cazador en el cruce de las brechas petroleras del 61-68 porque les quedaban cerca los cerros de la “difuntita”, que es una zona donde se meten muy buenos “hijuelachingadas”, llegaron temprano para levantar el “paraje” y esa misma tarde pegar una “peinada” en la zona, llegando se les “ponchó” el carro y así lo dejaron para no perder tiempo, ni siquiera bajaron los “tendidos” y ¡Fierros! a reconocer la zona con tan buena suerte que a media, a no más de 200 metros del “paraje”, “tumbaron” dos “hijuelachingada” muy buenos, gordos y carnudos, esa misma tarde los “paletearon” entre los tres para tumbarle el cuero y destazarlos en el “paraje” a la luz del “atizadero”, dice Manuel que cuando salieron de la cañada escucharon varios “lloridos” y uno que otro silbido pensando que eran cazadores y no le dieron mayor importancia, ya en el “paraje” en la destazada de los animales volvieron a escuchar varias veces los mismos “lloridos” y silbidos y fue entonces sin saber que era cuando tomaron precauciones luego de destazar los animales y colgarlos en los brazos de una uña de gato, le echaron más leña al “atizadero”, prepararon unos burritos porque era lo más rápido, colaron café, le cambiaron la llanta al carro, cargaron las armas y cada uno se encajó un cuchillo en el cinto y focos de mano, tendieron para dormir cerca de las media noche después que terminaron de destazar los dos “hijuelachingada”…..y a los tendidos.

En la madrugada, antes de que despuntara el “lucero”, los despertó una “quebradera” de palos en el “paraje”, de inmediato salieron con los focos de mano y los rifles alcanzado a verle el espinazo a un “lión” que llevaba un cuarto trasero en el hocico, en lo oscuro le tiraron varios “pajuelazos” para luego después revisar donde tenían las piezas (carne) colgada dándose cuenta que dos “boferas” (dentros) y un cuatro trasero habían desaparecido, como ya habían visto el “lión” –en realidad eran dos– les entro miedo y a esa misma hora –4 de la mañana– levantaron el “paraje” y ¡Fierros! para La Paz, no obstante que los tres eran cazadores experimentados, ninguno había escuchado como hacen los “liones”; gruñen, silban, lloran, bufan y hacen de diferentes formas, en lo personal los he escuchado un par de veces, lo curioso es que el cruce de las brechas petroleras del 61-68 no solo está cerca de la playa sino que es una zona plana.

Hace unos días me platico Ricardo Barroso que sobre el camino San Evaristo-La Soledad, en la parte alta (cima) de la sierra, unos amigos de él filmaron durante un par de minutos un “lión” que iba sobre la brecha caminando señolarialmente sin ninguna preocupación, quedo de mandarle el video pero no me lo ha mandado, ojalá me lo mande para compartirlo con ustedes, en lo personal he tenido la fortuna de verlos en tres ocasiones; uno en la entrada al Rosario (Las Gallinas) hace muchos años cuando venía de un velorio de un pariente de Miraflores durante la madrugada, otro en “La pata de gallo” “liebrando” con Isidro Ruiz y la última vez en un cantil del arroyo de la “Aguja”, cerca de San Isidro, rancho de Ramón Fisher, los he escuchado en el “Aguajito”, rancho del “Prieto” Sosa, en el “Datilar” pasando el “Conejo” y en el arroyo del 50, rumbo al golfo; en más de treinta años de “parajeadas” mis vivencias han sido enriquecedoras que es uno de los pasatiempos (cacería) que más disfruto, hoy salgo poco y “parajeo” menos, y cuando lo hago no llevo arma sino el celular con carga suficiente para tomar fotos y se presta la oportunidad tomar videos de la vida salvaje, créanme que lo disfruto enormemente, de suerte que me queda suficiente emoción para compartirlo gustoso con ustedes cada vez que se puede y cuando se pueda. Que tengan felices noches, y sigan cuidándose.

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