ABCdario / El Batequito * Anejo litigio

Por Víctor Octavio García

 

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Con la frente marchita
Las nieves del tiempo
platearon mi sien

Sentir
Que es un soplo la vida
Que veinte años no es nada
Que febril la mirada
Errantes de las sombras
Te busca y te nombra

Este año se cumplen veinte años que entró en litigio el “Batequito”, predio de poco más de 84 hectáreas perteneciente a la familia Cota Olachea ubicado a orilla de la playa en la zona de Todos Santos –en el pacifico sudcaliforniano– de las cuales Adolfo Sánchez Pacheco tiene invadidas 42 hectáreas, primo hermano del ex Secretario de la Reforma Agraria y ex gobernador de Yucatán, Víctor Cervera Pacheco; veinte años de amparos y resoluciones a favor de la familia Cota Olachea y nada; la mafia agraria local en abierta complicidad con la mafia agraria nacional valiéndose de argucias legales, subterfugios y trampas jurídicas, han derivado que la justicia no llegue a la familia Cota Olachea.

Víctor Cervera Pacheco murió en agosto 2004 y su devastadora y terrible influencia sigue reinando en las corruptas y oscuras instituciones agrarias, donde las complicidades y componendas del ex Secretario de la Reforma Agraria sostienen firme la invasión perpetrada por su primo, Adolfo Sánchez Pacheco, sin que existe poder alguno que haga valer la ley; amparos van y vienen, resoluciones y fallos de los tribunales de alzada van y vienen y nada.

¿Por qué las autoridades agrarias en el estado se aferran a un imposible a sabiendas que más tarde que temprano tendrán que restituir la propiedad invadida? ¿De qué privilegios goza Adolfo Sánchez Pacheco para mantener a raya a las autoridades agrarias en el estado?. Tras la muerte del cacique yucateco ¿quién es el qué está detrás y ha frenado que se aplique la ley conforme a derecho en el caso del “Batequito”?, son algunas de las numerosas interrogantes que hemos hecho a lo largo de veinte años de la invasión; de dilaciones, manejos turbios y torcidos, interpretaciones caprichosas de la ley y complicidades de las autoridades agrarias en el estado.

Desde 2016 existe una sentencia en firme emitida por los tribunales federales a favor de la familia Cota Olachea para que el denunciado, Adolfo Sánchez Pacheco, entregue el inmueble (propiedad) que tiene invadido, con el cual las autoridades agrarias locales han jugado con la dilación una y otra vez como ha sucedido a lo largo de veinte años; una sentencia en firme luego de que la Junta Local de Conciliación y Arbitraje (JLCyA) metiera su cuchara sucia en aras de sacar pepena sin que ninguna autoridad agraria se haya dignado no solo en darle seguimiento al caso, sino en aplicar la ley. ¡Increíble!

Veinte años cansan y desilusionan al más taimado, ahora imagínese pagando abogados, tramitando amparos, contestando querellas, lidiando con funcionarios malhumurados, servidores públicos negligentes y corruptos, jueces vendidos, magistrados a la orden de los poderosos, con leyes más elásticas que una tortilla de harina sin manteca que han convertido este país, en un país de cínicos, en un país que vive en el interregno, donde no hay ley ni autoridad, en suma un país de injusticas, abusos y agandalles; el día que en este país se aplique la ley, ese día habrá concordia y paz, mientras sigan las mismas prácticas de siempre no habrá alternativa para la reconciliación nacional.

Ojalá que la familia Cota Olachea reciba en vida la justicia que tanto claman; que se aplique la ley sin distorsiones conforme a derecho, que se les restituya su propiedad tal como lo han dictaminado numerosos amparos y resoluciones de los tribunales federales, la injusticia cometida en su contra no debe ser ni tiene porque ser para siempre; hoy a veinte años de lidiar con el entuerto Oscar, Carlos y Álvaro, los hermanos Cota Olachea, están decididos y dispuestos a mandar hacer un pastel para partirlo en la Procuraduría Agraria o en el Tribunal Agrario, a fin de conmemorar veinte años de negligencias, corruptelas, distorsiones, subterfugios y complicidades tejida por una red de servidores públicos coalicionados criminalmente que han obrado en su perjuicio. ¡Qué tal!.

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