ABCdario / Desarrollo al ay se va

Por Víctor Octavio García

Al despuntar los 80, allá en mi tierra (Caduaño), se decía en broma y en serio que cada vez que nacía un chamaco a la hora que daban a luz la partera le abría las piernas para saber si era hombre o mujer; sí era mujer sería mesera y si era hombre sería policía; una especie de destino manifiesto que desde aquel entonces impuso el desarrollo (turístico) en el sur del estado; cuarenta años después de esa anecdótica expresión nada ha cambiado, lo que parecía fue.

En medio de esa trágica disyuntiva es como se inicia el “boom” turístico en la zona austral del estado con la llegada de la primera parvada de empresarios voraces, corruptos y depredadores como los Coppel, Sánchez-Navarro, Proto, González Corona, Cunticoba etc., que con su alto poder de corromper direccionaron el desarrollo comprando autoridades, cercenando esteros, desgajando cerros, taponeando cañadas, ganándole terreno al mar, apoderándose de playas, construyendo nuevos caminos, haciéndose de aeropuertos, privatizando y cerrando accesos a playas y desplazando a la incipiente clase empresarial (turística) local.

Eduardo Sánchez-Navarro pronto estableció su califato asentándose sobre el pantanal y las riberas del estero de San José del Cabo, en medio de una despiadada destrucción del medio ambiente que aún no termina, los González Corona formaron un periódico –después una estación de radio– para imponer sus criterios y extender sus propiedades a través de chantajes y extorsiones mediáticas y el resto del empresariado llegado de la contra costa –muchos de ellos prestanombres de grandes cadenas hoteleras– transformaron Los Cabos a su imagen y semejanza.

Los puestos ejecutivos y los principales mandos –gerentes y administradores– fueron otorgados a fuereños (arribistas) que trajeron de la contracosta y a los trabajadores locales (sudcalifornianos) los contratan de jardineros, meseros, vigilantes, choferes, cantineros etc., desde entonces han impuesto y dispuesto del plan de desarrollo municipal priorizando sus intereses; los grandes contrastes del destino con una franja privilegiada con todos los servicios municipales, carreteras e infraestructura urbana de primer mundo y un enorme segmento de colonias y barrios en el olvido, sin agua y sin luz.

¡Increíble y para Ripley! que el área donde se encuentra el estero de San José del Cabo siendo un área natural protegida haya sido fraccionada sin el menor pudor, y los más curioso es que nadie sabe quién lo hizo y en base a qué ley, el caso es que el estero, un icono natural de los josefinos que abasteció de agua dulce a la Nao de Manila en su paso al puerto de Acapulco, hoy esté convertido en un criadero (muladar) de camellos y gallos de pelea de Eduardo Sánchez-Navarro, de suerte que la contaminación e invasión del estero es por partida; la destrucción del estero mismo, el derrame de aguas negras y las piojos de los camellos y los gurupos de las gallinas de Sánchez-Navarro que impactan gravemente la fauna endémica (aves principalmente) en su paso migratorio por el sur del estado.

Aquellos que vendieron el estero, que se hicieron de la vista gorda frente a los despojos cometidos por los desarrolladores voraces, que engañaron con sus dobles discursos y falsas proclamas, que engatusaron gente inocente con un cambio que aún llega, hoy amenazan de que “vienen por más” construyendo candidaturas al amparo de la nefasta alternancia que desde hace veinte años se vive en el estado, a la vera de empresarios que extienden su dominios y poder de corromper hasta el municipio de La Paz, como Eduardo Sánchez-Navarro, hoy flamante dueño del emblemático hotel Los Arcos. ¡Qué tal!.

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