ABCdario / Corrupción

Por Víctor Octavio García

La palabra corrupción por si misma produce rechazo, repudio, hartazgo, ¡ah! pero cómo da votos y atonta a la gente; López Obrador lleva años lucrando política y electoralmente con la palabra corrupción pero bien a bien poco se sabe qué es lo que ha hecho para combatirla; se dice y presume que ha combatido los privilegios porque ha bajado sueldos a funcionarios, legisladores, ministros y magistrados etc., cierto, pero la corrupción como tal no se va y sigue presente con todo en la 4T; un cuadro comparativo publicado recientemente en medios nacionales tazan a México con Mali, Laos y el Togo, países sumamente corruptos.

Iconos de la corrupción abundan en el pasado….como existen en el presente tal es el caso de Manuel Bartlett, Elba Esther Gordillo, Manuel Velazco, Napoleón Gómez Urrutia y muchísimos más que dejan sin autoridad y sin calidad moral el discurso presidencial de combate a la corrupción; la corrupción siempre ha estado presente en nuestro país como en muchas naciones productos de una mala y pobre instrucción (educación) carente de valores y principios y de lastres de culturas que con el tiempo se cruzaron con culturas del viejo continente trasladando sus prácticas, hábitos, costumbres de despojos, agandalles e invasiones; hablar de corrupción es hablar del desarrollo mismo del hombre en su devenir histórico a través de los siglos.

Desde luego que no todo es corrupción; señalar a México como un país corrupto es un exageración; no todo el gobierno es corrupto, ni toda la sociedad, ni todos los ciudadanos, ni todos los políticos, ni todos los partidos políticos, ni todas las iglesias son corruptos; cierto es un arma poderosísima para destrozar honras y prestigios y acabar con reputaciones personales, como herramienta política su efectividad es innegable, con solo hecho de utilizar y manipular la palabra corrupción López Obrador sacó al PRI fuera de la escena política después de 80 años en el poder; estigmatizó políticos, medios de comunicación, instituciones, opositores, iglesias, sindicatos, empresarios, etc., poniendo a raya a más de 90 millones de mexicanos (en campaña denunció que en México se perdían 500 mil millones de pesos en la corrupción; lleva 13 meses en el poder y es hora que no agarra ningún corrupto mucho menos ha encontrado los 500 mil millones de pesos que dijo que se iban en la corrupción); hoy la corrupción que tanto denunció obra contra el mexicano promedio, esa inmensa mayoría que votó por él que hoy no tienen trabajo, sus hijos no tienen medicinas y mueren por falta de medicamentos, que no tienen guarderías para sus bebes, que desparecieron los refugios para mujeres maltratadas, numerosos jóvenes que han dejado de participar en justas deportivas regionales, nacionales e internacionales por la maldita corrupción que el gobierno ha utilizado para escamotear y negar apoyos, premiar aliados, castigar y desprestigiar opositores y catapultar sus propósitos centralistas y autoritarios en el ejercicio del poder.

Han utilizado la corrupción para negarles apoyos a ganaderos, agricultores y pescadores, cancelar financiamiento a pequeños y medianos impulsores, organismos defensores del medio ambiente e incluso posponer labores de inspección que realizaba el mismo gobierno en diferentes dependencias del ejecutivo para trasladar todos estos “ahorros” y recursos a los programas sociales del gobierno con fines político-electorales; merced a estas medidas de obligada y perversa “austeridad”, la economía cayó en recesión el año pasado y hoy la actividad económica esta contraída en franco decrecimiento en lugar de crecer.

Este año será de desdoblamientos y hablar de corrupción no tendrá el mismo efecto en una sociedad que espera y no ve resultados sino regresiones; la obra pública federal se remite a tres cuestionados proyectos sin pie ni cabeza; el tren maya, el aeropuerto de Santa Lucía y la refinería de Dos Bocas, fuera de estas tres monumentales obras o barriles sin fondo no existe obra pública federal sino asistencialismo clientelar; con todo y los buenos propósitos anunciados por el presidente López Obrador de crecimiento, desarrollo y bienestar para el país, todavía no se le ve cómo, cuándo y dónde se iniciaran tan esperados propósitos, justo cuando la mayoría de las variables o indicadores económicos muestran exactamente lo contrario.

Pronunciar la palabra corrupción se seguirá estrellando frontalmente en la cara del mexicano promedio cuando siga viendo que el ex presidente Enrique Peña Nieto no es tocado ni siquiera con un inofensivo gesto, cuando los corruptos hartamente denunciados en los medios de comunicación y las redes sociales sigan sin rendir cuentas ni ser aprehendidos, cuando escapen presos ligados a los principales capos y carteles de la droga en el país, cuando los señalamientos en los medios de comunicación y en las redes sociales contra servidores públicos, funcionarios e incluso empresarios corruptos no pasen de allí sin traducirse en denuncias formales ni en carpetas de investigación, cuando los peces gordos del gobierno anterior sigan huyendo, cuando funcionarios, aliados políticos y servidores públicos indiciados de este gobierno se mantengan impunes, cuando el gobierno y la instancia concentradora de los bienes mal habidos por funcionarios y servidores públicos siga dando gato por liebre presumiendo ventas de garajes de aviones, helicópteros, carros, embarcaciones e incluso joyas y vestimenta obsoletos, pasados de moda y sin precios en el mercado.

La corrupción como tal está focalizada, ubicada y personalizada con nombres y apellidos propios; ¿Por qué no se ha actuado ni se actúa?, no se ha actuado ni se actuará porque genera mejores dividendos políticos lucrar y manipular política y electoralmente que aplicar la ley; señalar a todos, culpar a todos como la ha hecho este gobierno y a gobiernos anteriores para arroparse de legitimidad, empoderamientos políticos resulta más práctico y operático que castigar corruptos, siempre ha sido así y el actual gobierno no es la excepción; es decir que estamos frente a un cambio que no es cambio sino más de lo mismo. ¡Qué tal!.

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