ABCdario / Chubasco

Por Víctor Octavio García

 

Hace nueve o diez años, Enrique “Kiky” Beltrán, el Vidorria y un servidor nos pusimos de acuerdo para salir a brechar –recorrer la brecha– a manera de tirar estrés, en ese tiempo tenía un Jeep 4 cilindros recién traído del norte por Jesús “Churchil” García, recuerdo que era a mediados de septiembre; subí la “pochita”, una carabina 30/30 de grano libre; cuchillo, un garrafón de agua, un ochito y un par de naranjas en la hielera, de última hora el Vidorria no pudo ir y como ya teníamos armada la salida ¡fierros! pal 35 (los filos); era un día caluroso y nublado; no sé porque me dio la “corazonada” que iba a tumbar un “hijuelachingada”, no le dije nada al “Kiky” y agarramos brecha hablando de la gente, en veces nos parábamos a juntar ciruelas –cirguelas– del monte y otear “juellas” de algún “hijuelachingada” que atravesaba la brecha; después de cruzar la “Pata de Gallo” y el “Orégano”, antes de apuntar la brújula pa’ Los Inocentes, entramos al paraje El Pedregoso de Raúl Olachea (QEPD); recuerdo que había muchas ciruelas y juntamos, para esto desde temprano estaban anunciando la entrada de un chubasco por La Ribera, pero el Jeep no tenía radio, ni en cuenta los SOS y avisos del estado del tiempo de Protección Civil; en la brecha del “Pedregoso”, en el último ciruelo que “rastrillamos” (juntando ciruelas) en medio de un chipi chipi que poco a poco arreciaba, vi un “hijuelachingada” que quiso cruzar la brecha y al verlos reculó; corrí pal carro y agarré la “pochita” 30/30 y caminando le monté cartucho, uno en la recámara y tres en el cargador, la cerrajee y puse seguro y a córtale “juella”, no tarde en agarrar la “juella” donde comenzó a trotar hasta que normalizó el paso metros más adelante, cuando vi que no trataba comencé a buscarlos sigilosamente como los policías chinos en cada cañada o parte montosa, sabía que lo miraría; varios metros más adelante lo divise en el plano de un pequeño ancón parado en fila india volteando por donde yo iba, la tendí la 30/30 y sin mucho apuntar le solté un “pajuelazo” que se oyó bofó, pegó un pequeño brincó y se paró lamiéndose un cuarto trasero, con la misma le deje ir otro “pajuelazo” que también se escuchó bofo, el animal corrió y agarró por la cañada pa’ arriba subiendo por un pequeño talud de tierra suelta y se me pierde vista; cargo la 30/30 y lo sigo con mucha cautela, en cuando encumbró el talud de tierra suelta de la cañada y lo veo, 20 o 25 metros más adelante, en un limpio lamiéndose un cuatro trasero, me ve y ni se inmuta, mampuesto la 30/30 sobre el brazo de un copal y justo cuando estaba centrando el grano en la cabeza se desploma, pegó un grito despavorido como el “Pilarillo” a la veeeeerrgaaa.

Me acerco y trato de arrimarlo a un ciruelo, y no puedo, un precioso ejemplar de 8 puntas sin incluir los rascadores, pesado, unos cien kilos peso muerto; para esto el “Kiky” habiendo escuchado los dos disparos se hace pendejo en los ciruelos, dejó la 30/30 recortada en el tronco de un cardón y voy por un mecate y un cuchillo al carro y pedirle auxilio al “Kiky” para que me ayude a colgarlo para sacarle los dentros, cuando me topó con él le reclamó, que no escuchaste los disparos, tumbe un “hijuelachingada”, solo encoje los hombros y se encamina pal carro como si nada, ayúdame no seas jijuelachingada, yo solo no puedo, le digo; encuentro en el carro un mecate de escasos dos o tres metros, medio tostado con el sol, suficiente para colgarlo y sacarle los dentros.

Llegamos donde estaba tendido, a duras penas entre los dos logramos acercamos al tronco de un ciruelo donde le sacamos los dentros, para esto el chipi chipi ya se había convertido en una pertinaz lluvia, sabes qué, le digo, qué tal si lo llevamos con el Marcelino a Los Inocentes para destazarlo y me contesta, me parece bien; sin los dentros pero con el cuero lo subimos al Jeep y le damos pa’ Los Inocentes, y la lluvia no cesa; llegamos a Los Inocentes con la novedad que encontramos el rancho solo, el Marcelino se había venido para La Paz por el escándalo del chubasco, con la misma nos regresamos, ya era tarde y el gruñido de tripas comenzaban hacer estragos por el hambre y la lluvia no cedía, el “Kiky” había comprado un pollo asado en super pollo que era el lonche que llevábamos, llegamos a un rancho abandonado “Los Laureles” donde hay unos pinos salados y allí no estacionamos para lonchar y destazar el “hijuelachingada”; después de lonchar a destazar el animal, sacarle las piezas –nueve en total, dos cuartos traseros, dos cuartos delanteros, dos costillales, dos lomos y el hueso del espinazo incluida la cabeza–; terminamos como a las nueve de la noche empapados y cansados; allí mismo hicimos la sagrada repartición y lo echamos en dos costales y ¡fierros! de regreso a La Paz, agarramos la brecha de Los Mártires-La Cora para salir en San Pedro, pasando Las Coras –racho de Ramiro Castro– caímos en una zona de barriales y cañadas sin que la lluvia cesara donde nos llevamos varias horas atascados y embancados en los barriales a punto de que nos arrastrara el agua, finalmente logramos salir de la parte mala y llegamos a esta ciudad pasadas las dos de la mañana con un hambre de la chingada, cansados y enlodados hasta el copete; ora si como me decía mi abuela, “te gusta la mala vida” jajajajajaja. ¡Qué tal!.

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