ABCdario / Abigeato (robo de ganado)

Por Víctor Octavio García

 

La tarde del miércoles (5 de junio) presencié los severos daños que está provocando el abigeato (robo de ganado) en la zona de la presa Santa Inés-Santa Gertrudis, delegación municipal de Todos Santos; ese día bajó al rancho un becerro “tresañero” cruzado con cebú con las orejas hechas tiras mordido por perros; días antes habían bajado una vaca sin la cría y un torete con una pata quebrada; tres animales en menos de una semana tan en un rancho de varios que existen en una zona asolado por el abigeato.

El año pasado denuncié en este mismo espacio el problema que se venía registrando en esa área; la Secretaria de Marina Armada de México ordenó una serie de rondines y aminoró el problema; problema que se entrelaza con el robo de cercos y leña –y los que se les atraviese– en una zona donde se han ensañado; llevó un par de semanas recorriendo la zona y según me han confiado varios rancheros, el problema es general y se ha recrudecido.

El modus operandi de los “roba vacas” que se circunscribe a la zona de la Presa-Santa Gertrudis es de gente que conoce los ranchos, el ganado, los “sestiaderos”, las señales y fierros con los que erran el ganado; un ejemplar de cuatro o cinco años con un peso muerto o en pie de 350 a 450 kilos los venden en 5 mil pesos; ganado de menos edad y de menor peso los meten a engorda un par de semanas y los venden en piezas o en canal a precios muy por debajo del que rige en el mercado; son los que “surten” los restaurantes y fondas que existen sobre la carretera ya sea carne fresca o seca para machaca; ninguna autoridad, léase estatal, municipal o federal con excepción de la Marina, le han atorado al problema, problema que se ha recrudecido a la par con el consumo de drogas, principalmente cristal y cerveza.

Ranchos que por años han quedado solos o abandonados, mal atendidos (sin rancheros) el ganado se remonta a las sierras de La Laguna y de Santa Gertrudis donde con el paso del tiempo se vuelve mesteño, arisco y bravo; es ganado que tienen dueño, y no por ser mesteños o matreros nadie los reclama, los dueños saben cuál es su ganado y saben también, aunque se desatiendan de él, donde pastorea, “sestea” y en qué áreas se mete; tal es el caso de Ricardo Barroso –a quien he acompañado a errar y señalar ganado– que se ha hecho cargo del antiguo rancho de Julio Arnaut y está al tanto de lo que pasa; tiene ranchero y “campeadores” (vaqueros) que se encargan de “campear” y “pillar” el ganado que se volvió mesteño, de señalar las crías nuevas y darle comida al ganado más flaco o atrasado.

Me invita porque sabe que me gusta andar en los ranchos, las denuncias de robo de ganado que hago y seguiré haciendo corren por mi cuenta, no me invita con ese fin sino para convivir, hablar de la gente, de vez en cuando dejar caí unos “pellejos” en la parrilla, preparar algún castradito en tatema y convivir con los “campeadores” (vaqueros) que conocen la sierra y la zona al derecho y al revés; salidas que disfruto y agradezco su desinteresada invitación; desde hace muchos años mantengo una sólida amistad con él, de mucha confianza e identidad de suerte que compartimos las salidas al rancho disfrutando una humeante taza de café, queso y tortillas de harina recién salidas del comal.

El rancho que perteneció a don Julio Arnaut está al pie de la sierra de Santa Gertrudis, una zona de monte intrincado y de arroyos con agua corriendo y detenida; un rancho que hace setenta años o menos seguramente fue un gran rancho, con fuertes corrales de postes macizos de palo zorrillo, poblado de mezquites, enormes guamúchiles y centenarios palo verdes; limpio, con un área desmontada de dos o tres hectáreas donde él (Ricardo Barroso) sembró sorgo para forraje del ganado; caballos, ganado charolay, cebú, criollo, borregos y chivas de buena alzada y mucha agua que abastece al rancho por medio de gravedad desde uno de los cañones de la sierra de Santa Gertrudis.En las últimas semanas los rancheros de la zona han estado “pillando” ganado que se volvió mesteño, le avisan a Ricardo y les paga por cada animal que agarran; lo atrincan y él sus vaqueros lo recogen y se lo llevan para el rancho; ganado bravo muy difícil de manejar que en las primeras de cambio embisten a los vaqueros o a quien se le ponga enfrente; animales grandes, toscos, fuertes y pesados; lleva varios animales que ha agarrado así que los mantiene en el racho por un tiempo para que medio se amansen dándoles comida y agua, lazándolos en los corrales para que se familiaricen de nuevo con los mecates y después soltarlos (me imagino que el gasto en pastura, veterinario etc., debe ser fuerte).

Estoy emplazado para el viaje siguiente invitar a mi cuñado Beto Ojeda el “Cola”, –que es bueno para darle sazón a la comida– para estrenar un pozo que acaban de hacer en el rancho para las tatemas, y preparar dos cabezas con cogote de un día para otro o en su caso un borrego, mientras me informó y reporteo el grave, delicado e impune robo de ganado (abigeato). ¡Qué tal!.

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