De tres y de todos

Por acuerdo de la perrada y por-queus-ted-lo-pi-dió, la asamblea semanal de Los 7 Pilares se ha trasladado a Todos Santos, pueblo cargado de magia y problemas, de fiebres veraniegas y brisas del Pacífico, de zancudos y flores, de oportunidades y frenos, como todos los pueblos de esta isla llamada California por sus hijos, y «Baha» por sus entenados.

El asunto en cuestión es un conflicto que enfrenta a pescadores cooperativistas californios y a desarrolladores turístico-inmobiliarios gringos: en la playa de Los Lobos, los pescadores quieren salir a faenar de lunes a sábado como lo han venido haciendo desde endenantes, botar sus pangas deslizándolas por la suave arena y, al término de su marea, regresar a su playa, vararlas y empujarlas de nuevo hasta el médano alto para resguardarlas. Las construcciones gringas  lo impiden.

Sentados alrededor de una fogata y besando con arte las forjadas que salen de la Hielera Madre en que las acarreó El Ultramarinero, se inicia esta asamblea nocturna, que por mérito indiscutido preside El Viejo Chamán yaqui, quien ha dado la palabra al Villalobos, pescador, para que haga una síntesis:

–El pedo, ahora, es que los gringos que se dicen dueños del terreno construyeron ese «rompeolas» que ni cosquillas les hace, pero a nososotros sí que ha venido a rompernos la madre, porque ya no podemos varar las pangas a gusto: las piedras que aventaron a lo pendejo nos chingan propelas, transmisiones, fondos… Además, construyeron arribita de la reventazón un murete de mampostería para que no podamos encaramar las pangas al médano. Orita las estamos resguardando en el esterito ése, pero los gringos de Tres Santos tienen la negra intención de chingarse el estero, dragar, y dicen que hasta una marina van a hacer allí. ¿Y nosotros? ¿Y nuestro trabajo? ¿Y nuestros derechos?

— ¿Y las autoridades? Pregunta El Bolas, joven inquisitivo de El Calandrio y Orgullo de su Universidá.

— Ya les pedimos que intervengan… a todas: Semarnat, Municipio, Gobernador, API y cuanto hay. Nomás no nos pelan. Por eso es que tuvimos que pararles los tacos a los gringos de Tres Santos; por eso es que tomamos sus instalaciones; por eso. Este miércoles 11 van a reunirse con nosotros los gringos –bueno, sus empleados mexicanos, porque ellos no dan la cara– para acordar una solución. No confiamos muchote, porque parecen tener amistades en –como dicen los políticos– los tres niveles de gobierno.

— ¿Quién le vendió la tiera a los gringos?, quiere saber El Parara.

— Santana, un particular todosanteño –mitotea El Mapache, otro pescador.

— ¿Y la zona federal? –pregunta La Doñita.

— Todo les autorizó la Semarnat, o sea la API, o sea el gobierno federal –dice el joven abogado que los asesora–. Y el Municipio, a través de SAPA, les dio tomas de agua potable para las residencias que van a vender, aunque ellos se habían comprometido a instalar una desaladora marina para no usar el agua del pueblo. No cumplieron. Es caro desalar. Es más barato corromper autoridades.

Un aire de desconsuelo empieza a arropar a los asambleístas, tanto, que el Viejo Chamán ha de intervenir para dar ánimo: «Cuando el poderoso caballero irrumpe en un conflicto, hacia él se inclina el frágil brazo de la balanza justiciera. Ánimo, camaradas, pues si logran que el pueblo los apoye, serían ustedes los primeros en vencer ese poder corruptor que los gringos representan. Si ustedes vencen, entonces sí que se habrán ganado el título de «Pueblo mágico».

Los pescadores y sus apoyadores todosanteños sólo sonríen ante la puntada. No han recibido gran ayuda de estos vagos que los visitan, pero han tenido oportunidad de soltar presión y, sobre todo, de pistear esta noche a sus costiñllas, en una playa que no sólo para salir de pesca sirve. Faltaba más.